Sucesos, Vida de Fe y Cristianismo en Honduras

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jueves, 25 de marzo de 2010


Creer en Dios y el conocimiento cientifico

Dr. Francis Collins. Científico y cristiano.
Edwin Francisco Herrera Paz 
¿Contradice el conocimiento científico a la religión o a la creencia en Dios? Bien, ciencia y religión son dos maneras diferentes de ver la vida. De hecho, el científico que también es creyente debe dividir su mente en dos compartimientos: uno, el compartimiento escéptico, que busca probar las verdades naturales a través del método científico, y el segundo, el compartimiento de relación con Dios, de su fe y su fervor. Dos formas de ver el mundo no necesariamente contradictorias.

Sin embargo e inevitablemente, hay una pequeña franja en la que ciencia y religión se traslapan, y es cuando ambas intentan dar una explicación a la existencia, a la causa primera, es esa frontera tenue que es disputada por la filosofía científica y la filosofía teológica.
Dr. Stephen Hawking
Un área de conflicto es la fe. La fe es la firme convicción de que lo que no se ha hecho se hará, de que lo que ahora no es, mañana será. Para el cristiano la fe en Dios no es solo una creencia, sino un modo de vida. Para el científico no creyente, en cambio, la fe es una falacia, y lo único válido en la realidad es lo que se puede demostrar, y toman esta visión como forma de vida.
El escepticismo implica que el científico no crea en algo a menos que se demuestre su existencia, mientras la fe implica la certeza de que lo que no se ve, existe. Ambas visiones son contradictorias, y los efectos de la fe no se pueden manifestar en un ambiente escéptico. Es por eso que el escepticismo radical no puede coexistir con la fe, y los científicos creyentes nos vemos en la necesidad de compartimentalizar nuestra visión del mundo y aplicar la ciencia únicamente allí donde es necesario brindar una explicación de los fenómenos físicos.
Las religiones no deben tomar los libros sagrados como textos escolares. El génesis, por ejemplo, no es un libro de recetas de “como construir un universo en 7 días”, por lo que no hay motivo para basarse textualmente en las escrituras para negar lo que la ciencia nos tiene que decir sobre, para el caso, la edad del universo, de la tierra y de la vida, o sobre los mecanismos evolutivos. Sin duda Dios para crear el universo y al hombre debió haber utilizado los mecanismos naturales que son revelados por la ciencia moderna. Las explicaciones de fenómenos físicos que subyacen en el origen del las galaxias, las estrellas, la vida y el hombre (entre muchísimos otros temas) pertenecen al terreno de la ciencia.
Por otra parte, la ciencia no comprende el funcionamiento de la fe, y como no puede probarla la niega. Alguien dijo en uno de los blogs científicos (que a veces comento) que “la ausencia de pruebas no es prueba de ausencia”. Es decir, el hecho de que la ciencia no pueda probar la fe o la existencia de Dios, no son pruebas de su inexistencia. Los creyentes vivimos una vida de fe, y vemos la mano de Dios actuando maravillosamente en nuestras vidas. Vemos como nuestras oraciones de fe se nos responden en la mayoría de las ocasiones. Este amigos míos, es el terreno de la religión, y este terreno no debe ser transgredido por la ciencia.
No me cabe duda que en algún punto de la realidad (que solo es una) ciencia y religión confluyen en un todo infinito.
Lea tambien:
Cosmovisiones
La Evolución de la Fe
¿Contradice el conocimiento científico la creencia en Dios? Habla Francisco J. Ayala, ganador del premio Templeton.

miércoles, 24 de marzo de 2010


Ayer pedí

Ayer, antes de orar, hice un repaso de las cosas que quería pedirle a mi Señor. Una casa. Si, si. Una casa grande. ¿Cómo la quiero? Hace poco revisando el correo electrónico abrí un mensaje con una presentación adjunta en la que se mostraba la lujosa vivienda del golfista estadounidense Tiger Woods. Es exactamente ase tipo de casa el que deseo. Me gusta. Es muy amplia y lujosa, y está cerca del mar.
También necesito un carro. Tengo dos, pero quiero uno último modelo. Una camioneta europea, y adicionalmente un carro deportivo. Lo visualicé. Azul metálico, que brille con el resplandor del sol, una belleza puro músculo. También necesito un quirófano para mi clínica, no solo para tener mayores ganancias, sino también para ayudar a un mayor número de personas: los bienes materiales se disfrutan más cuando se bendice a otros.
Necesito salud y bienestar físico y mental para mí y para mi familia. Que mis hijos estén sanos y sin complicaciones. Necesito también sabiduría para escribir, investigar e impartir mis clases. No me caería mal de aquí a algún tiempo ganar el premio Nobel. ¿O tal vez el Pulitzer? Bueno, para ganar el Pulitzer hay que escribir en ingles, pero quizá un día de estos me anime. Y qué decir de unos, mmm ¿Qué tal diez millones de dólares? Antes pedía uno, pero ya que para Dios es lo mismo uno que diez, mejor pido diez. También pensé en pedir por los pobres del mundo, por los necesitados y por la manumisión de los esclavos, presos por cadenas propias o ajenas.
Y es que no está mal pedir. Los hijos le piden a su padre y el padre, bondadoso, les provee a sus hijos. Jesús en sus enseñanzas dijo: “Pedid, y se os Dará. Buscad y hallaréis. Llamad, y se os abrirá”, la oración de fe es una de de las fuerzas más poderosas del universo. Muchos dudan de la fe, pero el que duda nunca verá la fe en acción, pues fe y duda son términos opuestos: no puede existir la una en presencia de la otra. Jesús dijo: “Si tan solo vuestra fe fuera del tamaño de una semilla de mostaza…”. Bien, todas esas cosas le pediré al Señor, y el Señor me las dará si pido con fe.
Después de pensar sobre todos esos asuntos me puse a escuchar una alabanza: “con gran poder y gloria” y comencé a orar. Justo en ese momento sentí una presencia especial, una presencia de amor y protección. Pienso que es como la sensación que experimenta dentro del vientre de su madre un niño que no ha nacido aun. En ese instante olvidé todas esas cosas que quería pedir, porque todas las cosas quedaron pequeñas, porque todo queda pequeño cuando se está en su presencia, en la presencia del Dios creador. Y entonces, ya no pedí nada porque en ese instante lo tenía todo. Solo pude decir, “sea tu voluntad, Señor”.

martes, 19 de mayo de 2009


Sobre la epistemología de la teleología, o ¿Que rayos hago yo aquí?



Edwin Francisco Herrera Paz
Los seres humanos (y algunos ratones) estamos diseñados para esperar siempre algo por lo que hacemos, es decir, estamos orientados a objetivos (mi objetivo, por ejemplo, es conquistar el mundo), lo cual es el resultado de muchos años de selección natural. Si somos cazadores, tomamos la lanza, nos vamos con nuestro equipo con el objetivo de cazar al mamut. La lanza, y el hecho de unirse a un equipo tienen un propósito: alimentarnos a nosotros y nuestras familias. La versión moderna sería tomar la pelota y unirnos al equipo de futbol. El propósito: pasar un tiempo divertido, desahogar un poco nuestras hormonas (testosterona y DHT) de macho indómito (catarsis, diría Sigmund Freud), satisfaciendo nuestro instinto de caza, y el galardón: los goles. Si el partido de futbol es entre damas, el propósito es diferente: la convivencia y la tertulia mientras juegan. No falta alguna que patee la pelota al mismo tiempo que se maquilla. En serio, ¿han visto un partido de futbol femenino? Todas (las 22) corren juntas detrás de la pelota. Y es que esto es el producto de miles de años como recolectores, en donde la convivencia en grupo para criar a los niños y realizar la labor de recolección era esencial (como ven estoy dispuesto a ser martirizado por el feminismo en pos de la ciencia).
Si trabajamos, el propósito es sobrevivir, o ganar algo extra para satisfacer nuestros extravagantes gustos de divo(a). Si hacemos el amor, matamos 2 pájaros de un tiro: hacemos bebés a la vez que satisfacemos nuestros impulsos lúdicos. Hablando de esto último, como médico me he podido dar cuenta de que es mucho más probable que se forme el bebé si se hace por el juego en sí, que si se hace para traer el bebé al mundo. Si no mire usted la cantidad de embarazos no deseados, y cuando se desea mucho el embarazo, no hay embarazo. Parece contradictorio, ¿no es así? Parece ser que cuando el embarazo se busca desesperadamente, la diversión se olvida y, al parecer, la fertilidad mejora con la diversión. En esto se basan los especialistas en fertilización in vitro para pagar la cuota de su nueva casa en esa colonia lujosa (los médicos estamos llenos de trucos para pagar las cuotas atrasadas, por lo que algunos nos consideran seres superiores, superados en ese aspecto solo por los abogados). Le enseñan a la pareja, diz que para aumentar la probabilidad de salir embarazada, que a tomarse la temperatura a diario, que quedarse acostada después del juego, que inclinar la cama quedando con la cabeza para abajo al estilo murciélago, etc. etc. Cuando todo esto falla (amárrese el bolsillo), la única solución es la fertilización in vitro y el transporte de óvulos fecundados. ¿El resultado? Miles de embriones congelados solo en Estados Unidos, los que serán probablemente descartados, aunque este hecho podría tener como propósito ayudar a la investigación de células madre, pero ese es otro tema. ¿Ya ve? Disfrute la experiencia lo más que pueda, olvídese del asunto, saldrá embarazada y protegerá sus finanzas.
Volviendo al tema que nos compete, si escribimos, lo hacemos para que nuestros amigos nos quieran (según Gabriel García Márquez). En fin, no es difícil darse cuenta de que el ser humano funciona cumpliendo pequeños objetivos, marcados por nuestras pulsiones o, en palabras de Freud, la sublimación de estas pulsiones hacia propósitos superiores.
Una cosa muy diferente es analizar nuestra existencia tomando en cuenta que tenemos un propósito eterno, que estamos en los planes de nuestro creador, que venimos a la tierra para formar parte de un gran rompecabezas que nuestro Dios está armando, con un propósito más allá de nuestra comprensión. Muchos teólogos y filósofos de la ciencia se refieren a este fin último como que es esencialmente “epistemológico”, que significa que hay un límite en el conocimiento humano, que hay cosas que no se pueden saber o conocer porque están más allá de cualquier razonamiento o fuera del alcance de cualquier tecnología que pudiéramos inventar. En otras palabras, epistemológico es una palabra rimbombante, elegante, altisonante y resonante que se utiliza para referirse a la más absoluta y eterna ignorancia. Y a propósito de palabras altisonantes, leí hace poco un artículo del año pasado en la que probablemente sea la revista científica más prestigiosa del mundo (Nature), en donde claramente se instruye a los lectores (creo que con el afán de que los científicos continúen inalcanzables en su inexpugnable fortaleza de la ciencia) a cambiar su vocabulario: para referirse a “un montón de libros” (o a todos los libros del mundo) y siguiendo la moda de la genómica, se deberá usar el término bibliómica; en lugar de decir clonación (eso es para el vulgo) se deberá decir “transporte nuclear de células somáticas”, etc., etc. Así, realizando estos cambios nuestra labor podrá continuar siendo “epistemológica” para el “aciencio” o “inciencio” (ambos términos acuñados por mi para referirme a aquel individuo que desconoce la existencia de la ciencia, y a aquel que la conoce pero no la practica, respectivamente) mortal común.
Retomando el tema, si hay un propósito eterno y nosotros, mortales simples, imperfectos (con la excepción de algunas bonitas actrices de cine), infinitamente limitados en tiempo y espacio, y además con libre albedrío, entonces Dios tiene que estar actuando constantemente para corregir nuestros desaciertos, aumentar la complejidad de los sistemas, y encima de esto satisfacer nuestras demandas, aquello que pedimos mediante la oración de fe. Naturalmente, la labor de ingeniería necesaria para armar el rompecabezas (ya que los propósitos eternos no son siempre compatibles con nuestros deseos) es monumental y formidable, y de hecho inimaginable e inentendible (epistemológica) y solo puede ser realizada por un ser omnisciente, omnipresente y omnipotente (el uso del término totipotente lo limitaremos a las células madre). Pero entonces, nuestro Dios es un Dios teísta, que tiene que interferir con los asuntos de este mundo constantemente. Tradicionalmente, esta cosmovisión no ha sido tomada muy en serio por la ciencia, y me extenderé un poco más en esto.
Históricamente, la ciencia surgió en Europa como un movimiento revolucionario. Este movimiento, al combatir algunos dogmas errados de la iglesia demostraba ser mucho más convincente en la descripción del mundo que esta, por lo que la actitud revolucionaria se extrapoló a todas las doctrinas eclesiásticas del momento. Así, mientras el individuo medieval consideraba que venía a este mundo con un propósito definido, la ciencia en la época del iluminismo acabó con este “mito”, y con otros, como por ejemplo la intervención divina en los asuntos del hombre y el libre albedrío. El enfrentamiento con la iglesia provocó, en el medio científico, que se aceptaran aquellas teorías que se opusieran a la doctrina eclesiástica y se descartaran aquellas que podían estar, en determinada manera, de acuerdo con la fe cristiana (o de otra denominación), todo esto, desde luego, de manera sutil.
Los eminentes físicos, David Bohm y David Peat, explican en su libro, Ciencia, Orden y Creatividad, como en el siglo XIX la mecánica Newtoniana, la cual es absolutamente determinista y describe el movimiento en pasos sucesivos de tiempo infinitesimal, desplazó a la teoría de Hamilton-Jacobi, en la que el movimiento puede estudiarse como una onda (a partir de una integral llamada Lagrangian), y en la cual puede apreciarse un atisbo de finalidad o propósito. Ambas explicaciones del movimiento son adecuadas para la resolución de problemas prácticos (una condición necesaria y suficiente para ser aceptada por la ciencia positivista), pero la mecánica de Newton logró establecerse como el cuerpo teórico por excelencia para la explicación del movimiento. La postura antieclesiástica, reduccionista y determinista orientó a la ciencia de la época precedente al siglo XX a un mecanicismo casi absoluto, siendo a menudo citado como el pináculo de esta visión un comentario realizado por el entonces eminente científico y filósofo de la ciencia Marqués de Laplace. Lo que Laplace refirió fue más o menos esto: “Si un ser omnisciente pudiera conocer la velocidad, posición y dirección de todas las partículas del universo en un tiempo A, entonces podría conocer la velocidad, posición y dirección de todas las partículas del universo en un tiempo B futuro, ya que todo estado futuro depende del estado presente.” En un universo así, obviamente, no puede haber libre albedrío, ni ingerencia de parte de Dios en los asuntos humanos, ni propósito. Si el futuro está todo determinado por el estado presente ¿Qué diferencia voy a hacer yo? Todo lo que yo haga ya habrá sido predeterminado, no seré responsable de mis acciones puesto que estas dependen de una serie de reacciones químicas cerebrales que están determinadas por estados anteriores, y no puedo hacer nada para cambiar un futuro ya determinado. Aunque esta manera de pensar no elimina la posibilidad de la existencia de Dios (todavía es posible la existencia de un Dios creador) este no tiene ingerencia en los asuntos del hombre. Lamentablemente esta filosofía surgida de dogmas científicos permeó los círculos intelectuales de su tiempo.
Por suerte para los creyentes, el siglo XX trajo consigo un cambio radical de apreciar el mundo. Este cambio llegó bajo 2 denominaciones: La relatividad (especial y general), y la física cuántica, la primera personificada por Albert Einstein, y la segunda por un grupo de físicos teóricos entre los que se destacan Heisenberg, Shrodinger y Bhor. Particularmente la física cuántica presenta desafíos extremos para la mente de los físicos, ya que el mundo del tamaño de partículas subatómicas se comporta de manera que nos parece loca y que no encaja en las experiencias de nuestra vida cotidiana. ¿Puede usted explicarse como un objeto puede ser onda y partícula a la vez? Ni chicha ni limonada, diría mi abuelita. ¿Cómo puede explicarse que un electrón no tenga una posición definida, sino muchas posiciones siguiendo una distribución probabilística y no determinística? Eso equivaldría a decir en el macromundo cotidiano, que usted está tanto en su trabajo como en su casa, al mismo tiempo, y además en otros muchos sitios intermedios distribuidos probabilísticamente (debido al tiempo limitado y la demanda de la vida moderna, a veces me gustaría ser cuántico). Nosotros, seres binarios por naturaleza (ver ensayo anterior en este blog: De células, no células y células madre) no podemos comprender estos hechos intuitivamente, pero no son del dominio de la epistemología ya que pueden ser descritos con ecuaciones. De un plumazo, la física, la madre de las ciencias, se volvió probabilística en esencia, dejando campo para aquellos asuntos que la física precedente había desdeñado.
Ya me he referido a como la llamada Ley de incertidumbre de Heisenberg asegura que el universo es determinista en un 50%, por lo que queda un 50% de margen para la actuación de Dios (ver: La fe y la nueva física). No hay necesidad de que Dios actué en todo ese 50%, aunque esto asegura un rango considerable de actuación. Basta, como expliqué, pequeñas perturbaciones que pasarían inadvertidas para los aparatos de medición (Dios no altera frecuentemente el orden creado por El), pero que harían una gran diferencia para el creyente, amplificándose estas señales en el tiempo para que resulten en el estado correcto, deseado por Dios para bendecirnos y a la vez, cumplir sus propósitos eternos. Si usted es un creyente comprometido, ha orado con fe y ve cumplidas sus oraciones, probablemente estará de acuerdo conmigo en el hecho de que sus peticiones son contestadas en una mayor cantidad de veces que lo esperado por azar. No he realizado los cálculos probabilísticos que serían de rigor científico, pero puedo asegurar que las ocasiones en las que mis oraciones son contestadas, y aquellas en las que lo que sucede a mi alrededor es de bendición, son abrumadoramente abundantes. Si usted no es creyente, no sabrá de lo que estoy hablando, y si usted además es físico, lo siento, sus instrumentos nunca lo podrán confirmar. Todavía queda la posibilidad de estudiar los milagros, digamos, las curaciones sin explicación médica, y determinar si son más frecuentes en personas de fe, pero la imposibilidad de controlar la variable independiente (¿Cómo mide la fe?) hará que la labor sea, con mucha probabilidad, infructuosa.
He aquí una humilde interpretación de lo que es (solo una parte de) el propósito de Dios para nosotros en esta tierra: Dios quiere que señoreemos, que conquistemos, que salgamos de la tierra a dominar otros mundos, que desarrollemos la ciencia y a la vez la fe, que dominemos las fuerzas de la naturaleza, incluyendo la segunda ley de la termodinámica que predice la muerte del universo, y que lo hagamos con responsabilidad, siempre para beneficiar a la colectividad antes que a nosotros mismos, respetando nuestro medioambiente y otras formas de vida. Para eso diseñó la manera de hacer que la materia inanimada se tornara en sistemas complejos, alejados del equilibrio termodinámico, autoorganizados, flexibles, autorreproducibles y de complejidad inigualable, y finalmente capaces de pensar, abstraer y alterar el entorno. Siempre que Dios se encuentra con el dilema (si Dios tuviera dilemas) de favorecer nuestras peticiones o favorecer el crecimiento de los sistemas para este propósito, su balanza se inclinará en nuestra contra. Por eso las escrituras, por eso las enseñanzas, por eso lo de amarnos los unos a los otros, para que nuestros propósitos siempre estén acordes con los de El, y así en esa obediencia, en ese caminar con Dios, podamos ser bendecidos.
¿Sabía usted que el propósito (ya sea eterno o terrenal) también tiene un nombre rimbombante? Se le llama “teleología”. Por el momento, mi propósito es conquistar el mundo. Que tenga buen día.

lunes, 11 de mayo de 2009


La fe y la nueva física

Es difícil, para alguien que quiere conquistar al mundo compaginar la ciencia con la fe, pero mi colega el Dr. Francis Collins, conductor del proyecto Genoma Humano de los Institutos nacionales de salud, piensa que es posible. La dificultad radica en que la ciencia se basa en la duda. Se pone en duda toda afirmación hasta que no sea confirmada, la fe en cambio es la certeza de lo que no se ve. En una cuestión que necesita ser examinada a la luz de la ciencia, es difícil involucrar la fe, ya que desde el momento en que se introduce el factor de duda, el resultado no dependerá más de la fe. Así, es una labor imposible para un no creyente descubrir la fe mediante métodos científicos, y los científicos creyentes deben mantener la fe y la ciencia coexistiendo, pero en ámbitos diferentes. Por ejemplo, puedo tener fe en que un experimento arrojará luces sobre algún asunto importante, o que descubriremos algo importante, pero no podemos ejercer fe para obtener un resultado concreto, ya que la veracidad científica se vería viciada.
Pero, ¿será posible explicar los milagros y los resultados basados en la fe bajo una perspectiva física? Eso sería el equivalente a decir que se puede conocer el mundo espiritual bajo los mismos principios físicos o matemáticos que el mundo físico. O, es posible que el mundo espiritual sea parte de un mundo físico al que no tenemos acceso fácilmente, excepto por medio de la fe. Al respecto, pienso que algunos aspectos de la vida espiritual del creyente pueden tener alguna explicación física, susceptible de examen científico en el futuro.
Creo que el dilema del científico creyente es similar al del físico teórico, que tiene una explicación plausible del mundo físico, pero no tanto de las llamadas “condiciones de frontera”, aquellas en las que se pierden las leyes conocidas, y de las que no es posible extraer información (como en un agujero negro, o el universo inflacionario, como ejemplos). Trataré de describir mi humilde interpretación, mi “hermenéutica científica”, le llamaré, de algunas formas en las que actúa Dios.
Para comenzar, al igual que el Dr. Collins opino que Dios no actúa frecuentemente mediante grandes milagros, que ocasionen una disrupción severa de las leyes creadas por Él mismo. Sin embargo, pienso que la frecuencia de pequeños milagros exacerbados por la capacidad de ejercer fe son extremadamente frecuentes, y no necesitan perturbar las leyes de la física.
He notado, como creyente, que la oración de fe actúa independientemente del tiempo. Muchas veces una oración de fe origina una respuesta instantánea de lo que se pide. Por ejemplo, la persona a la que se le arruinó el carro en una carretera solitaria, oró con fe por una solución, y momentos después pasó un mecánico por el lugar, a pie y con las herramientas que se necesitaban para reparar el carro (un evento extremadamente improbable). He escuchado varias historias similares. La probabilidad de cada una de estas historias es pequeña, pero la probabilidad de que varias historias de este tipo se den en un grupo de creyentes sigue las reglas de la multiplicación y el resultado es casi 0. ¿Viola esto las leyes de la física? No lo creo. Voy a ampliar mi argumento en varias partes.
1-La física cuantica predice una incertidumbre. No es posible medir con exactitud la posición y el momento de una partícula a la vez. Es posible efectuar la medida de una (ya sea la posición o el momento), pero entonces tendremos una incertidumbre de la segunda medida. Esta es una incertidumbre real, que no obedece a la inexactitud de los instrumentos de medición, por lo tanto el universo es determinístico solo en un 50%. El otro 50% nunca se podrá determinar, y hace que el futuro pueda, en teoría, tomar diversos rumbos. Esto le da un margen gigantesco de actuación a Dios, aunque se podría alegar que, en conjunto, el movimiento de una cantidad de partículas sigue una distribución predecible, y que si Dios actuara sobre esta incertidumbre se notaría en el análisis colectivo.
2-Bien, Dios no necesita alterar cada partícula para alterar el curso de los acontecimientos. La teoría del caos predice que una pequeña, aun mínima perturbación, afectará los resultados y el curso de los acontecimientos. En ello está implicada la amplificación de una pequeña señal. Así, el efecto amplificado en el tiempo de una mínima alteración en el movimiento de un electrón en el tiempo A, puede resultar en dos eventos completamente diferentes en un tiempo B. De hecho, Dios sabe exactamente que electrones alterar para cambiar los resultados, como dije anteriormente, guiados por nuestra fe, sin alterar las leyes de la física. Pero, ¿Cómo puede actuar Dios en el tiempo? ¿Como puede nuestra oración de fe, en el tiempo B, alterar el movimiento del electrón adecuado en el tiempo A? Mi respuesta es:
3-Debe existir una manera física de comunicarse con el pasado. No hablo de la profecía, aunque este sería un buen tema de discusión. ¿Qué hace que una oración de fe actúe atrás en el tiempo para que surta efecto en el momento preciso? Los físicos argumentan que si la comunicación hacia atrás en el tiempo fuera una realidad, estaríamos plagados de mensajes venidos del futuro. Si es posible la comunicación física desde el futuro, esto implicaría una de dos cosas: o bien la comunicación es posible, pero la tecnología para controlarla no es posible, o (la opción pesimista) no sobreviviremos como especie para desarrollar dicha tecnología. Asumiendo que los creyentes tenemos evidencia de esta actuación hacia el pasado, propongo la existencia de una partícula, aun más esquiva que el campo Higgs: La partícula de masa negativa. Me explico:
La relatividad especial predice que ninguna partícula podrá alcanzar la velocidad de la luz, ya que al hacerlo, su masa se volverá infinita, y no hay una fuerza infinita que acelere esta partícula hasta la velocidad de la luz. Es por eso que los fotones (partículas de masa 0) son los únicos que alcanzan la velocidad de la luz. Los electrones, con muy poca masa, son velocísimos, pero no alcanzan la velocidad de la luz. Para una partícula que viaje a la velocidad de la luz el tiempo se contrae, y al alcanzarse esta, el tiempo se detiene. Una partícula de masa negativa tendría entonces la propiedad de retroceder en el tiempo, y de esa forma afectar al electrón adecuado. Otra propiedad extraña de esta partícula sería la de repeler a la masa ordinaria con la misma ley del cuadrado de la distancia utilizada para el calculo de la fuerza gravitacional.
Aunque no soy físico y no se si se ha introducido en las ecuaciones un valor de masa negativa para observar el efecto en los eventos espaciotemporales, valdría la pena que los físicos teóricos, si no lo han hecho, lo tomen en cuenta. También lo deberán tomar en cuenta aquellos que traten de conquistar el mundo!!!!

domingo, 10 de mayo de 2009


De como la fe mueve los pesos

Nuestra capacidad para efectuar cualquier acción reside únicamente en la mente. Si usted quiere conquistar el mundo, pero ve el mundo muy grande para ser conquistado, ni lo intente. Hace dos días estaba hablando de esto con un joven en el gimnasio. Lo que usted levante de peso -le dije- depende de lo que usted piense de lo que es muy pesado. Por ejemplo, mire usted a la gente que es hipnotizada para levantar un peso que nunca hubiera imaginado. O, por ejemplo, la madre que el otro día levantó un carro para rescatar a su pequeño hijo de un accidente. Es que la fuerza muscular tiene un límite teórico impuesto por diversos factores, de los cuales el perímetro del miembro es el más importante. Pero la descarga de adrenalina y de impulsos neurales llevan la fuerza a ese límite.
Yo acababa de hacer 8 repeticiones con piernas inclinadas con 600 libras. El joven le quitó la mitad del peso, y comenzó a repetir (intentando sugestionarse): “Esto no pesa”, “pesa más una pluma” etc. etc etc., se agacho, desenganchó las manijas que aseguran el peso, y con toda la aceleración de la gravedad el peso le recogió las piernas hasta toparle las rodillas al pecho. El pobre muchacho se puso primero pálido, luego violeta de la tremenda presión ejercida sobre su abdomen y transmitida hacia la cabeza impidiendo el retorno venoso. Entre tres logramos liberar al pobre muchacho, después de lo cual la conciencia no me dejó tranquilo. Afortunadamente no hubo daño físico. Le pedí disculpas por la enseñanza mal administrada, y me di cuenta de que la declaración es el primer paso de la fe, pero no es suficiente. La fe es la convicción de que lo que no puede ocurrir, efectivamente ocurre. La fe se desarrolla adiestrándola, ejercitándola, visualizando lo invisible obstinadamente, sostenidamente, como si ya hubiera pasado, y creyendo a pesar de las apuestas en contra. Esto es válido en todos los campos del quehacer humano, tanto en los deportes, como si usted quiere, mañana por la noche, conquistar al mundo.

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