Sucesos, Vida de Fe y Cristianismo en Honduras

lunes, 2 de abril de 2012


El Bipolar

Edwin Francisco Herrera Paz




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La Depresión existencial
Monstruosas discrepancias

domingo, 26 de febrero de 2012


http://lahondurasvaliente.blogspot.com/2012/02/libro-pensando-fuera-de-la-caja_25.html

jueves, 23 de febrero de 2012


Pastor Roberto Marroquín: a un año de su partida

A un año de la muerte del Pastor Roberto Marroquín http://lahondurasvaliente.blogspot.com/2012/02/un-ano-de-la-muerte-del-pastor-roberto.html

domingo, 8 de enero de 2012


Los koalas también vienen de un huevo

Tomado de: http://koalastothemax.com/
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miércoles, 23 de noviembre de 2011


Pelando la cebolla: de cómo los humanos estamos construidos en capas

Por: Edwin Francisco Herrera Paz

Cebolla partida por la mitad
Los humanos y los demás seres biológicos estamos construidos por capas. Sí, como una cebolla. Por eso es que a nuestras máquinas inteligentes también las construimos por capas.
Piense en una computadora. A veces veo mi máquina y me parece que solo le falta hablar. La quiero tanto como a mi mascota porque me comprende, me ayuda en mi trabajo, me entretiene y no me regaña (a diferencia de mi esposa). Ah, y se me olvidaba, también su mantenimiento es barato ya que no come (a diferencia de mis hijos). Incluso hay ocasiones en las que pienso que mi compu está viva. Pero la interacción entre mi máquina y yo está basada en esta construcción por capas que ambos compartimos.

Procesadores de Intel
El cerebro de la computadora es la unidad de procesamiento, una pequeña estructura compuesta por chips del tamaño de una uña. Estos son el soporte físico, o hardware, que a su vez están compuestos por una gran cantidad de compuertas lógicas que transforman las pequeñas corrientes eléctricas que le entran para crear una salida predeterminada. Existen tres tipos de compuertas básicas: las “Y”, las “O” y las “NO”, las cuales se colocan en diferentes combinaciones en serie y en paralelo. La base de la computación entonces, es el enrutamiento de las corrientes entrantes por una serie de compuertas o conmutadores lógicos.

Pero a los seres humanos nos resulta un tanto difícil comunicarnos con una computadora por medio de corrientes eléctricas. Para resolver un problema matemático usted tendría que abrir y cerrar manualmente cientos de compuertas, por lo que para facilitar las cosas los científicos de la computación inventaron los lenguajes de programación.

La primera capa de este software es un lenguaje de ceros y unos que también resulta complicado para nosotros. Imagínese usted que para decirle a su computadora que quiere ver la siguiente página de un archivo de texto tuviera que escribir un par de páginas de ceros y unos. Complicado, ¿no?

Androides de la Guerra de las Galaxias
La siguiente capa es un poco más amigable. Son los lenguajes de alto nivel, que funcionan con instrucciones en ingles. Aunque son mucho más amigables que los ceros y unos, aun es preciso memorizar una gran cantidad de instrucciones y la sintaxis de los lenguajes. Recuerdo mis primeras experiencias con las computadoras. Iniciaban los años noventas y aun no existía Windows ni nada que se le pareciera. Para que la máquina me obedeciera tuve que aprender las instrucciones del sistema operativo DOS y la programación BASIC, y si uno se equivocaba en una pequeña instrucción debía invertir horas en encontrar el error.

La siguiente es la capa que realmente hace de la computadora un ser con el que podemos interactuar fácilmente: la interfaz gráfica. Windows (y antes que este la interfaz de Macintosh) se comunican con nosotros de una forma más natural, de tal manera que cuando estamos frente a nuestra compu no nos hace falta saber absolutamente nada sobre las otras capas.

Pues bien, de esa misma manera los seres humanos estamos hechos, desde una capa compuesta por proteínas y ADN de la cual no nos enteramos en nuestra vida diaria, hasta la última capa –la interfaz con nuestro mundo – compuesta por un intricado código de comportamiento. Como yo soy muy especulador, a veces me gusta especular sobre qué sucedería si de repente perdiéramos de nuestro lenguaje la capacidad de hacer referencia a la última capa (la interfaz) y tuviéramos que comunicarnos racionalmente nombrando los fenómenos que se llevan a cabo en las otras capas. Sin duda desaparecerían palabras como “amor”, “deseo”, “hambre”, “amigo”, etc. que surgen de la última capa.
Ciclo de retroalimentación negativa hormonal
Cuando un hombre sintiera atracción por una mujer no le dedicaría una canción de moda, ni le regalaría rosas, ni le diría al oído cositas bonitas. No. Más bien le diría algo así: “Mis niveles de oxitocina se han elevado con la impresión de tu imagen en mi retina, ya que al comparar dicha imagen con la impronta almacenada en mi sistema límbico se activaron mis centros cerebrales de recompensa. Además, mi hipotálamo está haciendo que mi hipófisis secrete gonadotofinas que han elevado mis niveles de testosterona que al unirse a sus receptores citoplasmáticos han desencadenado respuestas celulares que impelen a mi área motora cerebral a ordenarle a mis músculos a dirigirse hacia ti, con el objeto de activar mis mecanismos reproductores que permitirán la creación de una nueva interfaz en la que puedan perpetuarse mis variantes genéticas.”

Cachetada
A lo que la muchacha respondería: “La estimulación sonora causada por las vibraciones de tus cuerdas vocales fueron codificadas en impulsos eléctricos y luego comparadas con las improntas de mis antecesoras y mi propia experiencia en mi sistema límbico, lo cual estimuló mis centros de castigo que a su vez estimularon una respuesta en mi área motora ayudada por improntas cinéticas en mi área premotora y mi cerebelo que dentro de un instante obligará a mis músculos agonistas, antagonistas y sinérgicos del brazo a actuar con el objeto de que mi mano derecha se dirija a toda velocidad hacia tu pómulo izquierdo”.

¿Lo puede ver? El hombre guiado por sus hormonas le hace una especie de propuesta a la dama, quien ni corta ni perezosa le propina una soberana cachetada al susodicho individuo. Pero los fenómenos que condujeron a esta interacción fueron moldeados por millones de años de evolución e incluso por las experiencias propias, y sin embargo no los vemos. En realidad, no somos conscientes de ello y la mayor parte de nuestra conducta se encuentra condicionada, escondida capa tras capa en lugares recónditos, accesibles solo mediante las herramientas de la ciencia moderna que nos permiten en la actualidad, pelar la cebolla. 

lunes, 5 de septiembre de 2011


Job y la Injusticia Divina

Por: Edwin Francisco Herrera Paz
Mi amigo Ivan me confesó que después de un minucioso estudio seguido de sesudas cavilaciones, había algo que le estrujaba su corazón. Había leído recientemente el libro más antiguo de las Sagradas Escrituras: Job.

“¿No es suficiente con el hecho de que la naturaleza y la vida sean injustas?” –Me preguntó–. “Porque fijate cómo a diario mueren miles de niños de hambre y de diversas enfermedades, los hombres buenos son asesinados y el crimen triunfa muchas veces sobre el bien, las guerras cobran muchísimas vidas inocentes y algunas epidemias han diezmado la población mundial.

Este mundo físico es de sufrimiento y al parecer a Dios no le importa, o tal vez disfruta de ello. He entrado en esta especie de ‘duda existencial’ después  de leer el libro de Job. El inocente Job era un hombre recto y temeroso de Dios, sin embargo, Dios le prestó oídos a Satanás para probarlo, y con ello, no solamente lo puso a prueba sino que arrasó con vidas inocentes.

Por ejemplo, ¿Qué culpa tenían las pobres ovejitas para morir rostizadas? ¿Y los sirvientes y los hijos de Job? Es decir, si la prueba era para él ¿qué necesidad había de darles chicharrón? De verdad no lo entiendo Edwin. Sí entiendo que el mundo sea injusto, que en la realidad la bruja malvada se quede muchas veces con el reino y la pobre Blanca Nieves se conforme, a lo sumo, con casarse con algún enano. ¿Pero esto? Es la injusticia divina en todo su esplendor.

Porque ¿Sabés? Es fácil decir que en la guerra los civiles muertos y mutilados son nada más que “bajas colaterales,” pero no podemos decir lo mismo cuando hablamos del ser Omnisciente y Omnipotente que es Dios. Por más que me devano el seso no le encuentro explicación.

Pero lo que más me desconcierta es el hecho de que la mujer de Job se haya salido con la suya. Cuando vio al pobre hombre todo leproso y picado por chinches y zancudos, ella muy campante se fue con el primer muchacho que se le apareció dejando solo a Job con su desgracia. La más malvada nunca fue castigada. ¡¡¡¡Es que no lo entiendoooooo!!!!”

“Bueno” –le repliqué–. “Me acabás de poner en jaque. Pero por lo que se, es muy difícil distinguir el bien del mal. Creo que Jesús lo dijo bien en la parábola de la cizaña y el trigo. Ambos crecen juntos y es imposible separarlos hasta el tiempo de la siega.”
“Pero ¿Qué tiene que ver eso con la injusticia divina?” –Preguntó Ivan.

Yo le contesté: “Es que hablaste sobre las guerras y las bajas colaterales, y hay una diferencia entre infligir el mal y recibirlo. Para comenzar, según el libro de Job no fue Dios el que causó toda esa destrucción, sino Satanás. Satanás inflige el mal, su naturaleza es ser malvado, pero el hecho de ser víctima del mal, en realidad no es tan malo.”
“Ya me tenés enchibolado,” espetó Ivan.

“Pues mirá, no te enchibolés. Lo que consideramos malo en nuestro mundo terrenal en realidad no lo es tanto en el mundo espiritual. La muerte no es más que el regresar del hombre a Dios, y los sufrimientos y dificultades crean en el ser humano la resiliencia necesaria para desarrollarse. Es más, sin dificultades y sufrimiento no habría lucha, ni progreso, ni desarrollo en ningún sentido. Los entes malvados portadores de destrucción utilizan al ser humano para causar resiliencia, se valen de todo para destruir, sin saber que en el fondo son factores de impulso. Así que en la historia de Job, este pasó la prueba y en adelante fue más fuerte, y las víctimas inocentes retornaron a Dios.

Claro, que eso no nos dice absolutamente nada sobre la vieja traicionera, pero lo que no cuenta la historia es que después de unos años, el joven con el que la doña se fue la terminó abandonando por una con la mitad de la edad de ella. Eso la hizo sufrir mucho por lo que pronto su pelo se encaneció y su curtida piel se arrugó como el mondongo, sin duda un golpe duro para una mujer tan vanidosa.

Un día, pasados los años, vio pasar de lejos al prosperado Job del brazo de su nueva mujer, y fue entonces que el remordimiento y el arrepentimiento la invadieron como un cáncer metastásico hasta los tuétanos. Le tocó una larga vejez con este sentimiento que terminó purificándola del pecado cometido. Finalmente, todos volvieron a Dios.”

No creo que Ivan quedara muy convencido con la explicación, aunque le expuse que no está en nosotros juzgar los hechos divinos puesto que nuestros pensamientos son infinitamente pequeños en comparación con los pensamientos de Dios. 

jueves, 18 de agosto de 2011


Mensaje de Bertran Russel para las Generaciones Futuras

Por: Edwin Francisco Herrera Paz. En 1959 Bertran Russel –filósofo, matemático, crítico social, ensayista  y escritor británico– fue invitado al show de John Freeman “Cara a Cara.” La última pregunta que Fremman le realizó a Russel fue: “Suponga usted que este programa fuera visto por nuestros descendientes dentro de mil años. ¿Qué cree usted que valdría la pena decirle a esa generación sobre la vida que ha vivido y las lecciones que ha aprendido de ella?” Su respuesta fue la siguiente:
“Me gustaría decir dos cosas, una intelectual y la otra moral. 
La cosa intelectual que me gustaría decirles es esta: cuando se estudia cualquier materia o cuando se considera cualquier filosofía, pregúntate a ti mismo únicamente cuales son los hechos, y cuáles son las verdades que se encierran en estos hechos. Nunca te dejes distraer por lo que deseas creer, o por lo que es socialmente correcto creer. Mira solo y únicamente cuales son los hechos. Esta es la cosa intelectual que me gustaría decirles.
La cosa moral que me gustaría decirles, es muy simple. Les diría: el amor es sabio, y el odio es tonto. En este mundo, que se está volviendo más y más interconectado, debemos aprender a tolerarnos los unos a los otros; tenemos que lidiar con el hecho de que algunas personas dirán cosas que no nos gustarán. Solo de esa manera podremos vivir juntos.
Si queremos vivir juntos y no morir juntos, debemos practicar cierta clase de caridad y cierta clase de tolerancia que es absolutamente vital para la continuación de la vida humana en este planeta”.
Russel era un agnóstico, única cosmovisión aceptable desde el punto de vista puramente racional. Los cristianos, por otro lado, insistimos en que nuestras creencias nacen de nuestras experiencias personales que a su vez emanan de una vida de fe, y puesto que la fe es la convicción de lo que no se ve, no hay evidencia que pueda demostrarla.
El gran pensador era completamente opuesto a los dogmas irracionales de la religión, incluyendo el cristianismo. Entonces, es en extremo curioso que su recomendación moral para las futuras generaciones resida en el mismísimo centro alrededor del cual gravitan las enseñanzas de Jesús: la tolerancia y el amor incondicional al prójimo. En ese punto, escencial para la supervivencia del ser humano como especie, confluimos.


Sabias palabras las de Bertran Russel.

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Pensando fuera de la caja
No critique lo que no conoce
Creer en Dios y el conocimiento científico
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