Sucesos, Vida de Fe y Cristianismo en Honduras

sábado, 4 de diciembre de 2010


La mentira y el engaño

La mentira es mala. En diversos pasajes de la biblia se nos indica que el diablo es mentiroso, y que la mentira es una muestra de un corazón impuro. Sin embargo en castellano, mentira no es exactamente un sinónimo de un acto mucho más execrable: el engaño. Porque hay mentiras que no dañan, ideadas únicamente para esparcir una semilla de humor entre nuestros congéneres.

-Mr. President, do you know
Monica Lewinsky? -Can´t recall
Así, si durante una conversación –como me pasó hace unos días- yo digo que mi tío suele comerse un plátano maduro acompañado de una botellita de aguardiente, los contertulios me quedarán viendo asombrados para luego reír al enterarse de que se trata de un simple chiste. Y si no captaron el chiste y me reí yo solo debido a mi incomprensible sentido del humor para luego avergonzarme, lo mismo da. Solo lo hice para verme gracioso ante mis amigos y que así me tuvieran un poco más de aprecio, ya que casi todo el mundo aprecia las payasadas. A nadie le importa si es verdad o mentira que mi tío sea un borrachín que le gusta el guaro. Es más, dudo que a los que me escuchan en ese instante les importe un soberano pepino si tengo tío o no.
Que quede claro. Yo no fui, fue Teté
Cosa muy diferente es el engaño. El agravante del engaño sobre la simple mentira es que, un ser humano puede decir siempre la verdad siguiendo los preceptos bíblicos al pie de la letra, y aun así engañar. O sea que el engaño puede quedar impune. El engaño es crear una ilusión de realidad en el otro mediante diferentes técnicas que no necesariamente recurren al proceso de mentir.
A modo de ejemplo, si llego tarde a mi trabajo y le indico a mi jefe que se me desinfló la llanta del carro, no estaré mintiendo, pero estaré engañando a mi jefe haciéndole creer que mi llegada tarde se debió a la llanta baja cuando el verdadero motivo es que me vi envuelto en un severo ataque de perezitis aguda. Es decir, la cama no me dejaba levantarme.
¡Gané, gané!!!!
Claro, como soy muy listo y además no soy mentiroso, me cuido de no especificar que llegué tarde por la llanta baja. Solo entro con cara de buey llegando al matadero, con paso rápido que denote mi urgencia en llegar a mi puesto de trabajo, espeto un “¡Ay Dios mío, que tarde es ya!,” procedo a decir luego: “la llanta de mi carro estaba baja” –lo cual es cierto, aunque no tan baja-, y a continuación me pierdo aceleradamente de la vista del jefe.
Si usted reflexiona detenidamente, es posible aplicar el engaño en casi cualquier situación sin necesidad de recurrir a la mentira, y este hecho es ampliamente conocido entre los vendedores de carros, los actores profesionales, los diplomáticos y la mayor parte de los políticos, aunque a decir verdad, estos últimos no necesitan del engaño: mienten descaradamente a sabiendas de que el pueblo lo sabe, y eso no es engaño. Ya los políticos no engañan a nadie, y aunque lo saben, siguen mintiendo tan solo para no perder la costumbre (Ay, que enredo).
Ya no engañen
Una persona, aunque no mienta, puede ocultar la verdad detrás de los gestos o de elementos clave en la información omitidos intencionalmente en la conversación. Aunque desde luego, el vehículo apropiado para que surta efecto el engaño es una mentira muy bien manejada.
Para concluir, no se aproveche de los enredos lingüísticos. No mienta, y si miente, no engañe. Por fortuna ahora tenemos a Wikileaks, que se encargará de sacarle los "trapitos al sol" a todos esos engañadores profesionales. Saludos. 


Mirar, nosotwas sewr buenas amigos.
Yo conocewr Pepe en Olancha... Yo dar Bagels
y el darme rosquillas y vino cojol







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