Hace unos días conversaba con mi hija de 11 años a quien le dejaron una tarea en su escuela que consistía en elaborar su propio árbol genealógico hasta 3 generaciones de ancestros. La niña me preguntaba por la procedencia y el nombre de mis padres y mis abuelos. De pronto le pregunte a mi hija: “¿sabes cuantos tatarabuelos tuviste?” Después de pensarlo un momento me respondió, “16 tatarabuelos”. ¿Y tataratatarabuelos?-le pregunté-. Treinta y dos –me dijo-.

Ahora haga el ejercicio (sin ver la respuesta más adelante) de calcular el número de ancestros suyos, aaah, veamos, 20 generaciones atrás. No es tan difícil. Lo único que tiene que hacer es calcular 2 elevado a la 20. ¡Vamos! no me diga que no puede hacer un cálculo tan sencillo. Si usted está leyendo esto en su computadora, sepa que no le pusieron Excel de adorno. Desempólvelo y utilícelo. Solo tiene que buscar la función cuadrado, alimentarla con los parámetros indicados y ¡listo! Pero si usted no puede utilizar la computadora como un experimentado y veterano usuario de 10 años de edad, puede usar una calculadora. ¿Ya lo sacó? Buen trabajo. La respuesta es un millón cuarenta y ocho mil quinientos setenta y seis ancestros.
La tierra tiene en la actualidad menos de siete mil millones de habitantes. Y aun más increíble es lo siguiente: Si consideramos que una generación tiene 25 años como promedio (como muchos investigadores piensan), 35 generaciones atrás equivalen a 875 años. O sea que estos ancestros suyos vivieron cuando aun doña Europa no conocía a doña América. Si usted va siguiendo la lógica de lo que aquí escribo llegará a la conclusión de que hace 875 años más o menos, la tierra tenía casi 5 veces el número de habitantes que en la actualidad, y ¡todos eran ancestros suyos! Y si no es así de algún lado tuvieron que salir sus ancestros, por lo que se puede deducir que usted es producto de una mezcla de terrícolas y extraterrestres provenientes de cuatro mundos tan poblados como la tierra actual. ¡Clase de híbrido!
Afortunadamente usted y yo sabemos que hay un error en este razonamiento. El error está aquí. Cuando usted comienza a retroceder generaciones tarde o temprano se topará con un ancestro suyo que lo sea por dos o más rutas diferentes. Por ejemplo, un tataratatarabuelo suyo lo podría ser por vía materna pero también por vía paterna. Entonces usted no tendría 32 tataratatarabuelos, sino 31. Si usted es de un pequeño pueblito en donde ha existido una alta endogamia este tipo de ancestros se comienzan a ver tan solo unas cuantas generaciones atrás. Por eso los habitantes de Trinidad, Santa Barbará, en el occidente de Honduras, que son rubios y ojos claros se parecen mucho entre sí. Si usted vive en una gran urbe resultado del proceso de urbanización registrado en el siglo XX usted tendrá que retroceder muchas generaciones para encontrar estos ancestros. Pero cuanto más retrocedemos en el tiempo este tipo de familiares, que lo son por varias vías, se van haciendo más frecuentes debido al menor número de habitantes de aquel entonces.
Si continuamos lo suficiente nuestro proceso de retroceso usted descubrirá, al igual que cualquier otro habitante del planeta tierra o de sus estaciones espaciales en órbita, que sus únicos ancestros fueron un grupo de cazadores-recolectores nómadas que recorrían las sabanas africanas hace algunos cientos de miles de años. En ese sentido todos somos parientes. En la actualidad las herramientas de la biología molecular nos permiten retroceder en el tiempo, pues los procesos poblacionales dejan sus huellas en el ADN. Por medio del ADN mitocondrial descubrimos la procedencia de nuestras madres primigenias. El ADN del cromosoma Y nos permite saber la filiación grupal de nuestros padres primigenios, y el ADN llamado “autosómico” nos permite calcular composiciones genéticas en los grupos humanos que se han formado debido a la fusión de dos o más poblaciones.
Al estudiar las poblaciones a escala de tiempo evolutivo nos hacemos consientes de la limitación espacio-temporal del ser humano que usualmente no ve más allá de sus narices cuando analiza los asuntos de su cotidianeidad y de su momento histórico. Ahora, cuando usted retroceda en el tiempo y piense en su tatarabuela, acuérdese que todos somos parientes en el gran río de la vida. Que tenga buen día.
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