Antes de volar del punto A al punto B, el piloto realiza un detallado plan de vuelo. Este incluye: los puertos de despegue y destino, la altitud estimada, el tiempo estimado en ruta, el rumbo, etc. Cuando el piloto toma el avión realiza un minucioso chequeo de la aeronave, las superficies de vuelo, el combustible, los aparatos de medición, etc. El piloto se sube a la aeronave, la enciende y hace un chequeo de los instrumentos, el nivel de aceite, la temperatura, las comunicaciones, las aeroayudas. Ante del despegue continúa el chequeo. Se prueba la potencia del motor, la respuesta de las superficies de vuelo, se regula el barómetro para que concuerde con la presión atmosférica real, etc. El piloto despega según procedimientos ya establecidos. Inclina la nariz y regula la potencia para establecer una tasa de acenso. Al alcanzar la altitud previamente establecida, se establecen un rumbo y velocidad de crucero. Al aproximarse al destino, el piloto reduce la velocidad para establecer una tasa de descenso. A cierta altitud de la pista, el piloto decide si aterrizará o realizará lo que se llama en inglés un go around. Si la altitud y velocidad de la aeronave son las adecuadas, lo que sucede usualmente, el piloto aterriza.
¿Quiere esto decir que un vuelo del punto A al punto B siempre será igual? De ninguna manera. No hay dos vuelos iguales. En algunas ocasiones, las condiciones meteorológicas serán de viento suave y soleado. En otras, habrá viento severo, lateral o de frente, lo que obligará al piloto a realizar las correcciones adecuadas, como cambio de rumbo indicado y potencia. El tiempo del vuelo variará de acuerdo a la presión atmosférica y el viento. Algunas veces, habrá una tormenta en el camino y el piloto tendrá que alterar el rumbo para esquivarla. Durante todo el vuelo, el piloto tendrá que realizar correcciones de tiempo en tiempo, chequeando que todo esté correcto. Deberá reportar su posición en puntos de chequeo previamente determinados. También la omnipresente segunda ley de la termodinámica actuará deteriorando las partes del avión, de tal forma que el piloto tendrá que cambiar alguna pieza dañada antes de aventurarse al horizonte. La aeronave puede ser muy maniobrable y responder a los mandos suavemente, o puede ser una nave extremadamente difícil de dominar. En el primer caso el piloto podrá sacarla de una tormenta fácilmente, en el segundo será más difícil. La cuestión es que hay un número infinito de vuelos posibles, pero todos llevarán a la nave del punto A al punto B.
Pues bien, he aquí la analogía. Usted es la aeronave y Dios es el piloto. Aunque hay un propósito preestablecido, Dios se encuentra realizando pequeñas correcciones permanentemente, imperceptiblemente. De vez en cuando realizará una corrección mayor, una irrupción del mundo espiritual de grandes proporciones que se nos revela en forma de los llamados milagros. La cosmología moderna nos deja entrever que el universo podría estar diseñado para la intervención divina por intermedio de la incertidumbre cuántica. Bastarían ciertas correcciones en la dirección de un electrón u otra particula de cuando en cuando, si se conoce que electrón o que fotón se tiene que alterar (y Dios por supuesto, lo conoce). La amplificación de la señal en el tiempo cambiará los eventos de tal manera que el resultado esté de acuerdo con el plan Divino. Desde luego, el control del universo es infinitamente más complejo que el control de un avión, pero el piloto universal es infinitamente más diestro que el piloto de carne y hueso.
Hace poco, después de encontrarme en silencio y en actitud de reflexión, subí la mirada y le dije a mi cuñada Tatiana: “Soy una veleta”. Mi cuñada, con voz y mirada alarmadas me preguntó: ¿Cómo así? -Si,- le dije en un momento de inspiración supremo. “una veleta llevada por el suave viento divino”. Mi cuñada, que es abogada (como toda mi familia por lo que me llaman “la oveja blanca”), comenzó a discutir sobre el significado de veleta. Me recordó aquella canción que dice “eres una veleta”. La canción se refiere a una veleta, en tono de ofensa, como aquella persona que no sabe lo que quiere, ni tiene idea de adonde va. Entonces que no anduviera diciendo eso por allí porque me iban a confundir con el de la canción. Yo, decidí no discutir. He tomado como actitud de vida nunca discutir con un abogado. 
martes, 23 de marzo de 2010
El Plan de Vuelo Divino
domingo, 21 de marzo de 2010
Cuando la pérdida es ganancia
Las abejas sirven de modelo para el análisis de la inteligencia grupal. Si esta característica continuara evolucionando, ¿Se podría considerar la comunidad de abejas un hiperorganismo?
No. No estoy hablando de perder libras para ganar años de vida; o de perder a la suegra. Hablo más bien del núcleo central de la teoría de los sistemas complejos vivos, que más que una teoría biológica es una teoría económica. A los hombres de ciencia y en especial a los biólogos les ha intrigado el por qué la vida parece contradecir la omnipresente segunda ley de la termodinámica. La respuesta es que en realidad no la contradice, ya que la cantidad total de calor (entropía) en el universo producido por un sistema abierto siempre aumenta a pesar del aumento en organización del sistema.
El problema es que esta explicación origina más dudas que respuestas. ¿Qué factores originan estos sistemas alejados del desequilibrio termodinámico? ¿Cómo tienden siempre a una mayor organización? ¿Por qué evolucionan siempre hacia una mayor complejidad? Creo tener la respuesta a estas preguntas, y esa respuesta se basa en el hecho de que la segunda ley contribuye (en lugar de oponerse) a una mayor complejidad. La vida no es una lucha contra la segunda ley, sino que se vale de ella para evolucionar.
Esto se da en todos los niveles, desde el nivel básico de moléculas, hasta los niveles superiores, como sociedades de individuos o instituciones humanas, y la clave se encuentra precisamente en la existencia de diferentes niveles de complejidad. Entonces, la desorganización en un nivel da como resultado una mayor organización en el siguiente. ¿Cómo así?
Imaginémonos dos elementos que forman una población homogénea reproductiva. En un tiempo uno, todos los individuos son iguales. Pero en algún punto en la existencia de la población entra en juego la desorganizativa segunda ley: Uno de los elementos sufre una pérdida en alguna de sus capacidades. El individuo en cuestión sobrevivirá con su minusvalía, ya que su carencia puede ser suplida por los elementos cercanos y podrá transmitir su característica a su descendencia. Ahora bien, imaginemos que un segundo elemento sufre una perdida similar pero en una segunda característica. Esta será suplida por los demás y asimismo trasmitirá la característica a su descendencia.
Aquí viene lo interesante del asunto. Los descendientes del primer elemento (llamémosle subpoblación 1) conviven con los del segundo (subpoblacion 2), pero a diferencia de los normales su pérdida les permite la liberación de recursos energéticos. Entonces los elementos 1 y 2 podrán utilizar esos recursos sobrantes para ayudarse mutuamente, creando una relación donde no la había y por ende, una mayor complejidad en el nivel de población (recordemos que la complejidad se basa en las relaciones de los elementos). Es decir, los individuos se especializan con lo que se origina una división del trabajo y una mayor estructuración.
Para poner un ejemplo ilustrativo de un caso extremo, recordemos la historia de dos hombres: uno sin piernas y otro ciego. El ciego cargaba al otro, quien a su vez lo guiaba por el camino, estableciéndose entre ambos una relación de mutualismo. Desde luego, la naturaleza no actúa frecuentemente sobre caracteres tan extremos y raras veces observamos disrupciones bruscas que sobreviven. La selección natural se vale más que todo de esas variaciones sutiles que producen ligeras disminuciones en las funciones, pero las variaciones se deben a cambios aleatorios en donde la responsable es la segunda ley.
¿Hay evidencia de esto? Por todos lados. Es probable que los seres humanos hayamos sufrido un proceso de simplificación desde las primeras sociedades de cazadores recolectores. Esta simplificación se ve tanto a nivel biológico como cultural. Por ejemplo, el cazador prehistórico necesitaba hacer uso de todas sus capacidades físicas durante la cacería, y la falencia en alguna de ellas podría resultar mortal. En nuestra sociedad moderna, estas capacidades no son tan necesarias, y muchas de ellas se han debilitado. Para el caso, la miopía es una condición frecuente en nuestras sociedades, y nadie creerá que la simple condición de ser miope pone en riesgo la vida, habida cuenta de que existe una pequeña fracción de la población especializada en el cuidado de la vista (oftalmólogos y optómetras). Si usted es abogado y miope, usted tendrá la misma probabilidad de originar descendencia viva que si usted tiene una vista perfecta (si usted es abogado probablemente será más vivo de lo necesario), mas si usted es un cazador de hace 10,000 años lo más probable es que muera de hambre y no transmita la condición a su descendencia, por lo que es muy probable que la miopía fuera en esos tiempos una patología muy rara. ¿Pero de donde surge la miopía? De la variabilidad genética que a su vez tiene su origen en esas disrupciones originadas por la segunda ley llamadas mutaciones.
¿Lo ve? Simplificación en el nivel de individuo, y aumento en complejidad en el nivel de sociedad. Si usted me lo solicita le podría dar decenas de ejemplos que abarcan todos los niveles de complejidad. La evolución de las sociedades humanas ha ido acompañado de simplificación y especialización, lo que permite un aumento de las relaciones con el ulterior crecimiento en complejidad. Se ha encontrado evidencia de simplificación en otras especies. Por ejemplo, se ha encontrado que las especies de abejas que forman comunidades más complejas y organizadas están compuestas por individuos más simples desde el punto de vista funcional. Solo una aclaración: la simplificación es un elemento necesario pero no suficiente en la evolución de la complejidad, pero otros factores serán tema de otros artículos.
Los sistemas complejos vivos son objeto de intenso estudio en la actualidad, y mucho se ha escrito sobre la especialización y el cambio gradual de los individuos hasta formar comportamientos sociales altamente estructurados, y es aquí donde entran en juego conceptos como “gradualismo” o “preadaptacion”, sin embargo pienso que la idea de perdida como el origen de la complejidad es nueva y encaja a la perfección con el comportamiento de los sistemas termodinámicos, dominados por la segunda ley. Algo más: los biólogos y sociólogos se ha mostrado temerosos de extrapolar hallazgos de un nivel de complejidad a los demás niveles. Sin embargo, la teoría económica de los sistemas complejos vivos puede ser aplicada a cualquier estructura que evoluciona, como moléculas, células, órganos, individuos, comunidades e hiperorganismos por igual.
viernes, 19 de marzo de 2010
Otros mundos
Lagos de metano en Titán, la más grande de las lunas de Saturno.
Para que subsista la vida basada en moléculas orgánicas como la nuestra se deben cumplir ciertas condiciones. Temperaturas cálidas pero dentro de ciertos límites, una atmosfera estable y lo más importante, agua líquida. Recientemente el rango de condiciones que se consideran favorables para la vida basada en el carbono se ha ensanchado. Por ejemplo, el rango de temperatura que hace posible la vida puede ir desde decenas de grados centígrados bajo cero hasta cientos de grados por arriba de este. Para el caso, las bacterias llamadas termófilas que habitan los estanques de los geiseres, o las fumarolas negras de las profundidades oceánicas, son capaces de soportar temperaturas que van desde los 75º hasta más de 100º C. gracias a que poseen una estructura compuesta por proteínas termoresistentes.
Los microorganismos que viven en nuestro planeta en condiciones extremas (llamados organismos extremófilos) nos ofrecen luz sobre la flexibilidad de la vida para adaptarse a diversos ambientes. La ciencia que estudia estos organismos y la extrapolación de sus hábitats a otros planetas se denomina astrobiología. Incluso nuestro planeta permanece inexplorado en su mayor parte, como el manto por ejemplo, que podría albergar formas de vida basadas en el azufre para la producción de energía.
Izquierda: Microorganismos extremofilos tiñendo de color las aguas de un río acido.
¿Y qué decir de formas de vida basadas en moléculas diferentes al ADN, ARN y las proteínas? En Titán, la luna más grande de Saturno, existe un ciclo de metano muy parecido al ciclo del agua en la tierra. Se especula sobre la posibilidad de vida en este y otros mundos, pero con una base química muy diferente. Es posible imaginar formas de vida asentadas en otros elementos diferentes del carbono, como el sílice, que al igual que el primero tiene cuatro electrones en su capa más externa, lo que le da su cualidad de semiconductor.
viernes, 12 de marzo de 2010
De los dolores, los malos olores y otros tormentos
La percepción de los malos olores, al igual que el dolor, es un mecanismo de defensa que protede de ambientes potencialmente nocivos.
Platicando con un amigo, me decía que el tema de la fealdad, los malos olores y otras percepciones desagradables es interesante, puesto que constituyen un castigo. Me gustaría hacer un análisis (aunque no exhaustivo) de lo que significa recibir un castigo en forma de una percepción desagradable, como el dolor físico y psicológico, los olores nauseabundos y el horror que producen algunas imágenes, entre otras cosas.
He escuchado un argumento interesante en contra de la existencia de Dios. Dicho argumento dice que si Dios es un ser bueno y de misericordia, ¿Por qué permite el dolor y el sufrimiento? Resultaría entonces que si el sufrimiento es un castigo, ¿Por qué Dios inflinje dolor a los inocentes? O Dios no existe, o si existe pero es un Dios ajeno al dolor y los asuntos humanos.
Bueno, resulta que el dolor, el sufrimiento y otras sensaciones desagradables llamadas nociceptivas, no son un castigo sino al contrario. Es una maquinaria de defensa con la que venimos equipados todos los organismos biológicos.
Pongamos el caso del dolor físico con dos ejemplos. Los pacientes que padecen del mal conocido como lepra, y los diabéticos con enfermedad avanzada. En ambas patologías hay una pérdida de la sensación dolorosa, y el resultado es que los golpes no duelen, y al no doler, no se evitan, con el consiguiente trauma sucesivo que termina muchas veces en la cercenacion o la amputación de un miembro.
A todo lo largo del espectro evolutivo vemos estímulos atractores que causan placer, porque biológicamente se requiere una respuesta de búsqueda por parte del organismo, ya que el elemento que provoca el estimulo es necesario para su supervivencia. Las bacterias y los animales son atraídas por el alimento y las plantas por la luz; a nosotros nos atrae el olor del guiso que nos hace nuestra madre (a veces también el de la esposa), o el olor a carne asada cuando pasa por donde el Turco o donde Cacho, y a veces se queda comiendo. Nos atrae la belleza del sexo opuesto porque está relacionada con la reproducción y el proceso de reproducción mismo es sumamente placentero, ya que de lo contrario no esparciríamos nuestros genes, no nos reproduciríamos ni perpetuaríamos, ni evolucionaríamos, ni aumentaríamos en complejidad, ni nada.
La sensación de placer y la percepción de belleza auditiva o visual van acompañadas de poderosas respuestas de recompensa en nuestro cerebro reptil, o sistema límbico. Pero así como los atractores son necesarios, también lo son los estímulos repulsores. Huimos de olores desagradables porque estos se asocian a infecciones, descomposición y otros ambientes potencialmente nocivos de los que tenemos que escapar. Por eso si usted no se ha bañado en tres días, o está malito de estomago mejor quédese en su casa, o corre el riesgo de ser rechazado por sus congéneres (excepto su esposo(a), que se tiene que aguantar). Rechazamos el sabor amargo porque se relaciona con alcaloides o substancias naturales que en concentraciones altas podrían ser mortales. Rechazamos algunas formas poco atractivas visualmente porque estas se relacionan con peligros reales que ha afrontado la humanidad en su desarrollo evolutivo.
Alguien ponía un ejemplo del efecto de la evolución sobre la percepción de lo feo. A muchos las arañas les parecen feas porque el veneno de las arañas ha causado numerosas muertes durante el desarrollo biológico de la humanidad. Si somos cazadores recolectores (la humanidad ha pasado la mayor parte de su existencia como cazadores recolectores) y dormimos bajo la luz de la luna, es probable que sufra tarde o temprano el ataque de una araña venenosa. Lógicamente, usted tendrá más posibilidades de sobrevivir si ve feo al bichejo y lo evita.
Como nuestra existencia en el mundo tecnológico se encuentra en pañales, en la actualidad usted no ve feo un lujoso automóvil que corre a 200 Km. por hora; sin embargo, el vehículo es cientos de veces más peligroso para su salud que la arañita (ya que usted tiene una probabilidad relativamente alta de morir fuera o dentro de él), y es así como usted sale despavorido cuando tiene una tarantulita a la vista, pero si su amigo tiene un lujoso maquinon 12 cilindros en V, nadie lo ve feo (es más bien el guapo del barrio). Al parecer la evolución humana tendría mucho camino por recorrer de no ser por el desarrollo en los próximos años de lo que se llama “mejoramiento humano”, que permitirá el control de nuestra propia evolución por métodos de ingeniería genética, lo cual catapultará el aumento en complejidad de las sociedades humanas hacia una fase de crecimiento exponencial.
Retomando el tema del dolor, ¿es el dolor físico y psicológico un castigo divino? No. Este mecanismo de protección es más bien una bendición que compartimos con las demás especies. Quizá deberíamos reformular la pregunta: ¿Por qué Dios permite las situaciones en las que hay dolor? ¿Por qué en lugar de proveernos con un mecanismo de evitación de estas situaciones, no nos aleja de ellas definitivamente?
En primer lugar, para eso estamos en este mundo. Para luchar contra la destrucción, para progresar y crecer en complejidad, para dominar y vencer en un universo donde predominan las fuerzas que tienden al desorden; y sin embargo, esas fuerzas son necesarias para crecer en complejidad ya que no se puede construir algo nuevo donde no hay destrucción parcial de las estructuras anteriores. Desde el punto de vista espiritual podríamos decir que hasta las fuerzas del mal tienen su propósito, y le pondré ejemplos.
Para llegar a nuestro estado evolutivo y de complejidad actual, muchas especies debieron morir. La vida y su evolución son un continuo juego de prueba y error, borrar y volver a empezar, y construir sobre las cenizas. El ADN tiene sistemas de reparación muy eficientes, pero si no existiera la fuerza desorganizadora que origina las mutaciones (segunda ley) tampoco habría variabilidad y por ende, no existiría la adaptabilidad, y jamás se hubiese dado la evolución de los sistemas vivos. EL químico y premio Nobel belga Ilia Prigogine describió las características que comparten los sistemas complejos, y una de ellas es y la presencia de perturbaciones locales que permiten la autorganización a partir del desorden.
Lo vemos por todos lados. Para que las sociedades evolucionen se necesita (casi siempre) que una elite degenere bajo sus propios excesos, lo que origina las guerras, revoluciones, las rebeliones, las luchas por la emancipación, los golpes de estado (o sucesiones constitucionales, según usted lo vea) y a partir de allí nuevas formas de ver la política, nuevas y mejores maneras de gobernar que permiten un desarrollo ulterior de los sistemas sociales. No es un juego circular, sino hacia adelante, siempre hacia una mayor complejidad, y si el ser humano fracasara, hay otras especies inteligentes en lista de espera para ser los nuevos seres elegidos (buenos candidatos son los delfines, los elefantes, los pulpos y algunas especies de aves, aunque podría ser un organismo inteligente formado por individuos, como abejas u hormigas. Las posibilidades son infinitas). El fin último, la conquista del universo y el dominio sobre la segunda ley.
Visto desde este ángulo el mal no es solo natural, y una pequeña dosis es incluso necesaria para la evolución. El dolor físico y psicológico son elementos que moldean la mente y el carácter, y la maquinaria que nos provee resiliencia para soportarlo es compleja. Quizá lo más temido por el ser humano es el evento disruptivo de nuestra propia existencia física: la muerte. ¿Por qué Dios permite la muerte de niños pequeños y de gente inocente en general? ¿Es un castigo? ¿Es mala la muerte? Desde luego que la muerte es mala desde el punto de vista terrenal, pues corta con el propósito de Dios para nosotros, pero la perspectiva de la muerte física para Dios debe ser muy diferente a la nuestra.
Después de leer lo que he escrito usted pensará que estoy un poquitin chiflado y quizá tenga algo de razón (en persona soy mas cuerdo), pero la culpa es de ciertos genes italianos que heredé de mi padre, aunque ese asunto de la locura también es relativo (para referencia revisar “El Loco”, del escritor árabe Kalil Gibran). Para resumir, pienso que el dolor y el sufrimiento no son argumentos en contra de la existencia de Dios. Saludos.
jueves, 11 de marzo de 2010
Una oración para el feo
Hace poco, caminaba yo por cierto lugar de la ciudad cuando de pronto apareció una joven pareja. Ella, parecía una modelo de revista. Rubia, alta (creo que de aproximadamente metro ochenta), bien dotada, al estilo latino, pero también bien proporcionada, de facciones finas, brillantes ojos de mirada coqueta, de esos que hablan más que las palabras, vistiendo un vaporoso vestido rojo sobre la rodilla con un amplio e insinuante escote que dejaba entrever el zenit de la creación (o la evolución, según usted lo vea). ¡Claro que hablo desde el punto de vista de la alimentación infantil, no sea usted mal pensado!
El, en cambio, parecía sacado de una película de terror. No era más feo porque no es posible. No lo describo porque solo de recordarlo se me revuelve el estomago. No es broma. Era tan feo que llamarlo solo feo, a secas, seria adularlo. Lo llamativo a todas luces era el grotesco contraste de la pareja que parecía un par de acaramelados tortolitos volando hacia su nido de amor. domingo, 28 de febrero de 2010
A la defensa de Avatar
Dr. Edwin Francisco Herrera Paz
Hace algunos días que quiero escribir algo sobre la última gran maravilla y éxito de taquilla de Hollywood: Avatar. El vocablo Avatar proviene de la religión hindú. Vishnú, el dios principal de la trinidad hindú, se presentaba a la tierra en forma de encarnaciones llamadas Avatar. El vocablo fue tomado por los creadores de mundos virtuales, en los cuales el Avatar es una representación del jugador en la computadora fabricado al gusto del jugador. En la película, Avatar es una representación de un humano en forma de gigante azul, habitante de Pandora. Aunque físicamente el Avatar tiene una identidad propia, su mente y conciencia es la del humano que lo controla.
Las críticas negativas que ha recibido la película no son pocas. Solo mencionare algunas, y actuaré como abogado defensor intentando refutarlas (que los abogados me disculpen si cometo algún error de procedimiento). También expondré algunas características interesantes de la película y un tema para una segunda parte.
Crítica: La película es “un guiño hacia las pseudo-doctrinas que han hecho de la ecología la religión del milenio”. Esta aseveración proviene de Radio Vaticano, y desde luego, tiene un trasfondo político, social y religioso. El vaticano relaciona toda defensa al ecosistema con grupos socialistas antireligiosos, quienes a la vez defienden el aborto como método de control de la natalidad. En mi opinión no todos los grupos ecologistas son pro aborto, socialistas o antirreligiosos, y además pienso que cada uno de los habitantes del mundo debe desarrollar conciencia del peligro que representan asuntos como las excesivas emisiones de CO2, el cambio climático y la sobrepoblación del mundo. Más aun, las Sagradas Escrituras (en Mateo 25: 14-30) nos mandan a ser buenos administradores de los recursos que nuestro Señor nos ha dado.
Por otro lado, la película de James Cameron no hace culto a la ecología. La película simplemente describe un mundo con un sistema ecológico particular con relaciones muy estrechas entre las especies, unificado por medio de un sistema nervioso y una especie de “cerebro” de naturaleza vegetal. El hecho interesante es el cuidado que prodigan los gigantes azules a su entorno, lo que conduce a un equilibrio estable del sistema.
Crítica: Es una superficial parábola anti imperialista y antimilitarista que no tiene verdaderas emociones, emociones humanas. Esta crítica también procede del Vaticano, y en este punto concuerdo, ya que la película es una réplica del proceso de colonización de Norteamérica en el que las poblaciones indoamericanas autóctonas fueron erradicadas casi por completo. Si vemos la otra cara de la moneda el tema del imperialismo, del abuso del más fuerte sobre el más débil, siempre es un tema actual. A pesar del desarrollo moderno de la humanidad la conducta imperialista se continúa registrando, y para muestra un botón: solo revise el tema de las Malvinas y la expectativa de explotación de los pozos petroleros por parte del Reino Unido. Si la guerra de las Malvinas, la colonización de Norteamérica, la conquista y colonización de la Américas con su proceso de “humanización” indígena, el imperialismo expansionista de la Francia de Napoleón, de Gran Bretaña, de Adolfo Hitler, y de la antigua Unión Soviética (entre otros) no tiene verdaderas emociones humanas, me pregunto qué las tiene.
Crítica: El concepto de que un mundo es como un hiper organismo ya fue planteado hace muchos años. Eso es cierto. Por ejemplo, la hipótesis de Gaia argumenta que la biosfera terrestre se comporta como un hiperoganismo autorregulado. Sin embargo, la película presenta un elemento nuevo: el surgimiento de un cerebro unificador. Sorprendentemente, la biosfera de nuestro planeta como un todo ya presenta lo que parece ser un cerebro rudimentario: la raza humana y su tecnología de las comunicaciones. Le ofrezco una breve explicación sobre este punto, pero si el tema de los sistemas biológicos le aburre o no le interesa a usted, puede saltarse los dos siguientes párrafos.
El desarrollo filogenético (evolutivo) de los cerebros en los organismos multicelulares ha seguido un orden. Los organismos más simples, como las bacterias que forman parte de colonias llamadas biofilms y los organismos multicelulares sencillos, se comunican a base de señales químicas. A medida que avanzamos en complejidad en el mundo animal, vemos como algunas células se especializan en la transmisión de impulsos eléctricos, las que forman redes o sincitios que representan sistemas nerviosos rudimentarios. Los sistemas nerviosos determinan la aparición de un tipo de comunicación más rápido y eficiente entre las diferentes partes del organismo, y entre el organismo y su entorno, lo que permite un crecimiento evolutivo subsecuente del organismo. Ascendiendo en la escala de complejidad, vemos como los sistemas nerviosos van formando redes cada vez mas especializadas, con una unidad de proceso centralizada llamada cerebro.
Pues bien, en las poblaciones humanas ha pasado exactamente lo mismo, lo que no es de extrañar si analizamos las comunicaciones dentro del marco de la teoría de los sistemas complejos vivos (de mi invención), que promueve el hecho de que todos los fenómenos son comunes en los diferentes niveles u órdenes de complejidad, particularmente el desarrollo de los fenómenos de cooperación, especialización e interdependencia que podrían ser explicados a partir de principios económicos. Dentro de este contexto los primeros humanos se comunicaban por medio de señales corporales y sonidos. En ese entonces, las comunidades consistían en unas cuantas decenas o cientos de individuos. Las comunicaciones más elaboradas, como los mensajes de humo y la escritura, han permitido un crecimiento de las poblaciones. Sin embargo, el verdadero salto hacia el hiperorganismo cerebrado comienza con las tecnologías de la información basadas en impulsos eléctricos, como el telégrafo, el teléfono y el internet, cuyo desarrollo es responsable en parte por el fenómeno de urbanización global registrado durante el siglo pasado y que aun sigue. Aunque debo decir que el “sistema nervioso” planetario terrestre es aun rudimentario, en forma de red o sincitio, y la formación de un verdadero cerebro se encuentra en algún punto del futuro no muy distante. Pero dicha formación será progresiva y casi imperceptible.
Después de esta breve explicación, entendemos el punto del cerebro planetario constituido por el bosque en la película. El cerebro le permite flexibilidad, desarrollo y un hilo conductor. Aunque a decir verdad, pienso que la película se queda corta al limitar las capacidades de este cerebro. Un verdadero cerebro planetario controlaría un amplio rango de parámetros que van desde el control climático hasta estrategias defensivas contra elementos invasores del planeta.
Ahora, déjeme especular un poco sobre algunos puntos de la película. A la persona observadora le parecerá intrigante el hecho de que los gigantes azules se parezcan tanto a los humanos, ya que la probabilidad de encontrar una forma de vida similar a la de la tierra, con una cultura inteligente y tecnológica muy parecida a la humana y que además hace el amor de manera idéntica a nosotros, es nula. Por lo tanto, y siguiendo la lógica de la película, el ser humano debió desarrollar la tecnología para poblar otros mundos enviando a ellos humanos, otro tipo de mamíferos o tal vez quimeras (mezclas genéticas entre humanos y otras especies). A este respecto los gigantes azules parecen ser “gatumanos” o “tigrumanos”, adaptados a la atmosfera de Pandora. Para esto, las especies llevadas a Pandora por los humanos debieron pasar por un proceso de adaptación rápida por métodos artificiales, como la manipulación genética y la aceleración de los ciclos vitales.
Desde luego que estas son conjeturas, pero la película de manera intencionada deja una gran cantidad de preguntas sin contestar, lo que la hace una candidata ideal para una saga. ¿Por qué y cuando decidieron los humanos poblar de vida a Pandora? Y luego, ¿Por qué fue abandonada por tanto tiempo para después ser reconquistada? De allí es inmediato el tema para la segunda parte: el surgimiento de la raza azul y el poblamiento de Pandora. Es genial. Por algo ganan tantos millones con sus películas. Saludos.
sábado, 27 de febrero de 2010
La realidad de los mundos virtuales
¿Podría ser la realidad un programa recursivo de mundos virtuales?
Dr. Edwin Francisco Herrera Paz.
La relativamente nueva ciencia de la informática ha venido a acuñar algunos términos en nuestro vocabulario, o le ha asignado nuevas acepciones a términos existentes, siendo uno de ellos el de “virtual”. Este término denota un objeto construido con lenguaje de programación, es decir, con ceros y unos, y se utiliza generalmente para contrastar los mundos originados por sistemas informáticos de aquellos pertenecientes a la realidad. Pero entonces vale la pena reflexionar: ¿Qué tan reales son los mundos virtuales? o recíprocamente, ¿Qué tan virtual es el mundo real?
Para comenzar, analicemos la realidad de “nuestra realidad”. Los seres humanos percibimos el mundo desde nuestra perspectiva y según nuestra naturaleza de ente animal. Nuestros instrumentos y capacidad de abstracción nos han permitido percibir características de la realidad más allá de nuestro pequeño ámbito espacio temporal, que desde luego, establece un radio de acción muy corto. Es así como nos hemos enterado que en un nivel muy pequeño la materia está hecha de pequeñas cosas llamadas partículas subatómicas, como quarks, fotones, neutrinos, etc.
Pues bien, la filosofía tradicional asentada en nuestro limitado mundo ha impuesto axiomas de pensamiento basados en el sentido común, como por ejemplo, “un cuerpo no puede estar en dos sitios a la vez”, o “un mismo espacio no puede ser ocupado por dos cuerpos”, o “una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo”. Sin embargo la física moderna ha demostrado todo lo contrario. En el universo a gran escala -en donde domina la física relativística- y a pequeña escala –donde predominan los efectos cuánticos- las cosas y sucesos pierden sentido y lógica desde nuestra perspectiva habitual.
¿Le daría usted a la luz una categoría de realidad? Pues claro que sí. Nadie en su sano juicio diría que la luz es irreal. La luz está compuesta de partículas llamadas fotones. Lo curioso es que estas partículas tienen masa cero, es decir, no tienen masa en absoluto. ¿Cómo concebimos un objeto sin masa? Si no hay masa, no hay objeto, punto. Pero los fotones son reales; es decir, son y no son a la vez.
Bueno, dejemos los fotones y digamos que son seres extraños de los que no queremos saber nada. Hablemos mejor de partículas que sí existen, como los electrones. Se sabe que todas las partículas subatómicas tienen una existencia dual. Es decir, son partículas y también son ondas, lo cual es inconcebible en nuestra escala espaciotemporal. Pero lo más llamativo es que un electrón ¡se encuentra en muchas partes al mismo tiempo! Esto ha sido demostrado y se ha denominado “incertidumbre cuántica”. Es como si usted, en el mundo cotidiano, simultáneamente se encontrara de picnic en la playa con su familia, en su oficina trabajando, y también dejando a su hijo en la escuela, todo al mismo tiempo. No he de negar que les tengo un poco de envidia a los electrones. ¿Le daría usted a una partícula así la categoría de real?
¿Y qué decir de las singularidades? Una singularidad es un punto del espacio tiempo en donde el universo pierde sus leyes como las conocemos, y el mejor ejemplo es un agujero negro. Un hoyo negro se forma cuando una estrella muy grande pierde energía para poder contrarrestar su propia gravedad. El resultado es que la estrella comienza a colapsar hasta desaparecer en un punto infinitamente pequeño, y solo queda la gravedad. Entonces, todas las partículas de la estrella (que son muchas) se encuentran simultáneamente en el mismo punto. ¿Le daría usted a un agujero negro la categoría de real? Desde luego que los agujeros negros son reales, y hay pruebas de ello, pues al menos queda el intenso campo gravitacional que se puede medir.
Lo que yo pienso al respecto de las rarezas que he mencionado es que es posible que lo que llamamos mundo real, construido de electrones y otras partículas, no sea más que una representación o proyección virtual de una realidad global mucho más compleja a la que nuestra naturaleza física le es imposible acceder de manera inmediata.
Avancemos en las escalas de tamaño y aproximémonos a nuestro mundo cotidiano. Los organismos biológicos –de los que nosotros formamos parte- comparten una serie de características que los definen. Particularmente, diferentes parámetros de comportamiento de los individuos pertenecientes a una población biológica se pueden medir objetivamente. Lo que se observa es que un comportamiento o característica determinada sigue una distribución poblacional que se acerca a la curva de distribución normal, con una media que corresponde a la conducta más apropiada para un medioambiente determinado. Esta curva estará condicionada por la genética del individuo moldeada a través de cientos, miles y millones de años de evolución y adaptación. Ahora bien, ¿sabe un animal determinado que su conducta obedece a su posición dentro de una curva de distribución normal? De ninguna manera. El animal responde a su naturaleza y es completamente ignorante de las fuerzas que lo impelen a actuar, lo que hace de los organismos biológicos verdaderos autómatas.
Desde el punto de vista expuesto, los organismos biológicos son entidades que filtran la realidad atreves de sus sentidos y sistemas nerviosos de integración para que esta pueda ser utilizada operativamente. Es decir, el animal percibe una fracción virtual (realidad procesada y transformada por el sistema nervioso) de la verdadera realidad.
Por eso quiero en esta ocasión reivindicar a los mundos virtuales, que pueden ser tan reales como los mundos reales. Tienen estructura y complejidad, y son prolongaciones de las construcciones llamadas “cerebros humanos” que han sido sujetos a la evolución; y si usted considera que los ceros y los unos no son entidades reales, piense en los agujeros negros, los electrones y la luz. Además, los ceros y los unos tienen su correspondencia en nuestro mundo físico común y corriente, ya sea en forma de impulsos eléctricos o en forma de polarización magnética de partículas férricas, lo que podría constituir un medio que sirviera de soporte para un tipo de “vida informática” al igual que la química del carbono es el soporte físico para los organismos biológicos.
El concepto que planteo va un poco más allá de la inteligencia artificial. Si una entidad virtual tuviera una estructura con la suficiente complejidad, especialización de sus elementos, finos sistemas de autorregulación que le proporcionaran un medio interno estable (una especie de homeostasis), y una manera de perpetuarse y evolucionar adaptándose al entorno cambiante, bien merecería que la incluyéramos dentro de la categoría de ser vivo por derecho propio, tal vez tan vivo como usted o como yo; o tal vez al menos tan vivo como su suegra.
Un mundo virtual hipotético
Imaginemos un mundo virtual de los que se encuentran en la red, como Second Life, por ejemplo. En estos mundos, usted escoge un personaje con las características que usted desee para que tome su lugar. A este personaje se le denomina un ‘’Avatar’’, evocando a las reencarnaciones terrestres de una de las tres figuras deístas más importantes del Hinduismo: Vishnú.
Bien, ahora quitemos del mundo virtual todo vestigio de imágenes preconcebidas como los Avatars, y programémoslo para que en él se verifiquen las constantes y las leyes físicas básicas, como la carga del electrón, la constante gravitacional, la constante de Plank, las leyes del movimiento, etc. Introduzcamos los elementos de la tabla periódica. Programemos el mundo para que su comportamiento obedezca a todas estas leyes y pongamos algunas moléculas básicas que se comporten de manera similar a los compuestos derivados del carbono, como pequeños ARN (cadenas de ribonucleotidos dispuestos en diferentes secuencias de cuatro letras) y aminoácidos. Construyamos un algoritmo evolutivo en el que las moléculas respondan a las leyes físicas del mundo virtual para formar nuevas moléculas, y aceleremos la velocidad de las reacciones, digamos, un millón de veces las reacciones del mundo real.
Luego, distribuyamos el Mundo Virtual recién confeccionado en la red (o World Wide Web, para más caché). El mundo ha sido programado para que cualquier usuario obtenga una instancia en su pantalla de computadora a la que puede acceder cuando quiera, pero con la que no puede interactuar excepto de manera muy limitada. El usuario puede variar mínima e imperceptiblemente la posición o trayectoria de algunas partículas con el objeto de dirigir la evolución del mundo virtual hacia configuraciones que le parezcan más convenientes, o únicamente para introducir una mayor aleatoriedad en el proceso. Dicha “invasión” al devenir normal del mundo virtual se verá reflejada en un resultado concreto algún tiempo después de efectuada. Ahora, todos a jugar. El propósito del juego es crear vida inteligente, capaz de preguntarse y responder incógnitas sobre su propia naturaleza.
Para comenzar, los usuarios verán durante algunos meses como los ARN se replican con dificultad, originando moléculas complementarias a ellas, y como consecuencia un tipo de reproducción primitiva extremadamente lenta. Los errores son muchos, originándose una gran variedad de moléculas de diferentes tamaños y secuencias. Los aminoácidos, por su cuenta, se unen formando pequeñas cadenas de polipéptidos, también en muchas secuencias inestables que se destruyen rápidamente. La interacción entre las moléculas es intensa y aleatoria y de pronto, después de un año de juego, entre la aleatoriedad natural y la introducida por los jugadores surge algo: una secuencia de ARN específica forma una configuración que se complementa con una secuencia de aminoácidos específica. Ambas se atraen. EL ARN estabiliza la cadena de aminoácidos y a su vez, la cadena de aminoácidos facilita la replicación del ARN haciendo copias de si mismo más fiel y rápidamente que el resto de la población de moléculas. Esta configuración se replicará más rápido que las demás y permanecerá más tiempo. Ha surgido el primer factor determinante de la vida; el verdadero germen de los sistemas vivos: la cooperación entre los elementos.
La estabilidad del sistema dual ARN/cadena polipeptídica aunada a los errores aleatorios facilitara la evolución primitiva y el desarrollo del segundo factor determinante de la vida: la especialización de los elementos en tareas específicas. Las moléculas con errores en la copia que mejoren la estabilidad de la molécula o el proceso de copiado, sobrevivirán. A partir de este primer paso de cooperación los eventos se aceleran un poco. Pronto surge una gran cantidad de moléculas hibridas capaces de autoreplicarse y difundirse por la población. Algunas podrán incluso ejecutar algunas funciones como movilización y reclutamiento de otras moléculas. Nos encontramos en el mundo de la vida molecular. Cada molécula compleja es un individuo, con identidad propia, perteneciente a una comunidad molecular.
Un día, después de algunos meses, dos individuos moleculares se encuentran y descubren que se complementan, que uno de los individuos es muy bueno movilizándose y el otro muy bueno replicándose y reclutando otras moléculas. Particularmente, recluta un tipo de acido nucleíco menos versátil pero más estable que los ARN. Surge algo similar al ADN, y con esto el segundo nivel de complejidad de la vida: el de los motores moleculares complejos, diferentes unidades moleculares formando motores multifacéticos. De aquí en adelante, el desarrollo de complejidad será acelerado.
Durante los siguientes meses, el desarrollo de complejidad aumenta en varios órdenes. El mundo dominado por motores moleculares dio paso al mundo dominado por estructuras construidas por muchos motores especializados, algo similar a las células. A estas alturas los jugadores han entendido que los cambios de dirección de moléculas introducidos en el mundo por ellos mismos, facilitaran el desarrollo de complejidad solo si estos cambios mejoran la interacción de los elementos. La complementariedad favorece la especialización, la cual favorece el crecimiento hacia complejidad.
Los usuarios del mundo virtual están alegres. Después de varios años de juego, por fin han surgido seres virtuales con una inteligencia similar a la de los humanos. No se parecen en nada a los seres humanos de carne y hueso, pero la complejidad y evolución de los seres virtuales por fin ha determinado la emergencia de una estructura, en algunos individuos, que se asemeja en su forma de operar a los neocortex humanos. Los seres virtuales inteligentes no conocen nada de la existencia de sus creadores y de los jugadores, y el concepto de sí mismos y de su mundo es diferente al concepto que los usuarios humanos tienen de ellos. Su mundo es coherente, sujeto a ciertas leyes y para ellos es tan real como podría serlo. Han podido dilucidar un mecanismo evolutivo. Han entendido su naturaleza básica, compuesta de estructuras moleculares tridimensionales. Perciben la existencia de su mundo en tres dimensiones. Algunos incluso intuyen que hay algo o alguien más detrás de todo eso. Que no es posible su existencia solo “porque si”.
Aunque los usuarios humanos pueden intervenir desviando ligeramente las trayectorias o posiciones de algunas partículas, los seres virtuales no lo pueden saber ya que el código con el que se escribieron los programas originales no permite el acceso de los seres a este conocimiento, algo similar a la “incertidumbre cuántica” de nuestro universo real. Los usuarios humanos han seguido la pista del desarrollo de las comunicaciones entre los seres virtuales y conocen el muy bien elaborado lenguaje simbólico que estos utilizan. Desde el punto de vista de los usuarios humanos, los seres virtuales realmente existen en el mundo virtual. Tienen voluntad, pensamiento y hasta una especie de libre albedrio, pero su realidad solo se ve reflejada en instancias bidimencionales que corresponden a la pantalla de cada computador.
A pesar de esto su existencia no se limita a la pantalla. Los seres viven en la red, en muchas computadoras al mismo tiempo, en muchas instancias, en todos lados y a la vez en ninguno. Su verdadera naturaleza no es molecular sino asentada en impulsos eléctricos en los innumerables circuitos de la red, y desde un punto de vista básico están construidos con un código sencillo de ceros y unos, procesados por un conjunto sencillo de conmutadores, cuyo funcionamiento está condicionado a un conjunto sencillo de operaciones lógicas. Pero todos esos detalles están ocultos para el ser virtual, o en otras palabras y según su punto de vista, el asunto sobre su propia existencia es, bueno, epistemológico.








