Sucesos, Vida de Fe y Cristianismo en Honduras

jueves, 22 de abril de 2010


No estás deprimido

Este vídeo me pareció tan bueno que decidí aprehenderlo, apropiarmelo y luego compartirlo con usted. Espero que lo disfrute.

lunes, 12 de abril de 2010


Las relaciones son los puentes de Dios
































Por: Edwin Francisco Herrera Paz
Pienso que la entrada anterior de este blog denominada "Puentes", una metáfora en la que muestro al Maestro Jesús nuestro Señor como constructor de puentes, merece una explicación mas a fondo, y aquí se las ofrezco.
En el mismo instante de la creación –el llamado big bang por la física moderna- toda la materia y la energía se encontraban en un estado de infinita densidad. Las cuatro fuerzas de la naturaleza (fuerza fuerte, fuerza débil, fuerza electromagnética y fuerza gravitacional) formaban una única superfuerza. A medida que el universo se enfriaba antes del primer segundo, la energía se condensó en un plasma de partículas (fermiones y bosones). Los fermiones se diferenciaron en electrones y quarks (y otros). Los quaks se relacionaron de a tres para formar protones y neutrones, los que a su vez se relacionaron con los electrones para formar átomos de hidrógeno.
Después del primer segundo de la creación el universo ya contaba con las leyes fundamentales que lo regirían. Las cuatro fuerzas se separaron para dominar diferentes escalas espaciales. Poco a poco, los átomos de hidrogeno se fusionaron para formar átomos de helio. Los átomos de helio e hidrogeno que formaban las nubes de polvo se relacionaron para formar conglomerados que se condensarían y formarían las estrellas de primera generación. Las estrellas se relacionaron entre sí para formar galaxias, y dentro de cada estrella la complejidad de las relaciones de las partículas subatomicas fue en aumento hasta formar elementos más pesados, incluidos el oxigeno, y el carbono.
En las estrellas y planetas, los átomos se relacionaron entre sí para formar compuestos químicos, como el metano y el dióxido de carbono. En la tierra, los compuestos químicos se relacionaron para formar motores moleculares, los que a su vez se relacionaron para formar pequeños aparatos con funciones especiales, los que se relacionaron para formar células. Las células se relacionaron para formar organismos pluricelulares simples. A medida que aumentaba la complejidad de las relaciones celulares, diferentes partes se diferenciaban para constituir órganos, los que se relacionaban para formar organismos complejos. Los organismos complejos llamados humanos se relacionan para formar instituciones, las que a su vez se relacionan para formar sociedades complejas.
Cada una de las cuatro fuerzas cumple su función en el universo, relacionando la materia de diversas formas: las fuerzas débil y fuerte a nivel atómico y subatómico, la fuerza electromagnética a nivel molecular, y la gravitación a nivel estelar y galáctico. La acción de todas las fuerzas está orquestada para formar complejidad, para organizar la materia en diferentes niveles.
Los seres humanos se relacionan de diferentes maneras, sin embargo el amor y la cooperación son las relaciones que nos aglomeran para formar familias y tribus, y de allí en adelante corporaciones, barrios, ciudades, países y comunidades de países. Las relaciones son muchas veces más importantes que los individuos, ya que forman la estructura, el andamio en el que se desarrollan los sistemas. Los individuos son efímeros, pero las relaciones mantienen la identidad de los miembros aunque estos, con el tiempo, ya no sean los mismos. Por eso el principio enseñado por Jesús a sus discípulos: Ámense los unos a otros como yo los he amado (Juan 13:34). Jesús sabe de la importancia de las relaciones pues el universo de su padre está construido de ellas.
¿Y que son las relaciones sino puentes? El hacedor del universo es un constructor de puentes. Puentes que forman la materia, las estrellas, los planetas y galaxias; puentes que forman vida y complejidad, y puentes de amor, aceptación, tolerancia y perdón. Jesús vino a esta tierra hecho hombre para que recuperásemos nuestra relación con el Padre. Es decir, construyó un puente entre el Padre todopoderoso y nosotros, humanos simples, mortales, imperfectos y caídos.
Por eso las relaciones son puentes: los puentes de Dios.

sábado, 3 de abril de 2010


Puentes

hombre, pasadizo, selva


Por: Edwin Francisco Herrera Paz

La habilidad para diseñar y construir puentes es una maravillosas características del ser humano. Wikipedia define el termino puente como una construcción, por lo general artificial, que permite salvar un accidente geográfico o cualquier otro obstáculo físico como un río, un cañón, un valle, un camino, una vía férrea, un cuerpo de agua, o cualquier obstrucción.

Los humanos hemos construidos puentes desde la prehistoria. Una forma sencilla de puente es un árbol caído colocado entre los bordes que se quieren comunicar. 
tronco

Pero los primeros puentes considerados como obras arquitectónicas capaces de soportar grandes pesos fueron construidos por los romanos gracias a la utilización del arco.

río, acueducto

Las civilizaciones indoamericanas precolombinas utilizaban puentes de  cuerdas suspendidos.

Hamaca

En la Europa medieval el uso de puentes cayó en desuso. Durante las guerras entre las comunidades feudales era conveniente mantenerse aislado, y el puente era más una debilidad que un fortaleza, y no fue sino hasta la época del renacimiento que se comienzan a construir grandes puentes.

Río

En la actualidad contamos con una gran variedad de puentes, algunos de los cuales sobresalen por su belleza, y otros por sus dimensiones.

abismo

¿El puente sobre el mar más largo? El que une los dos lados de la bahía de Hangzhou, situada al sur de Shanghai y que conecta las ciudades de Jiaxing y de Cixi, en China. Mide 36 Km de largo.

Lago Pontchartrain

¿El puente más largo sobre agua dulce? El puente del lago Pontchartrain es en la actualidad el más largo del mundo. Tiene 38.6 km y recorre el lago Pontchartrain de norte a sur conectando la ciudad de Nueva Orleans con Mandeville.

Puente

¿El puente más antiguo? El Clam bridge, construido en un poblado llamado Wicoller, en Lancashier, Inglaterra. Se supone que fue construido en el periodo neolítico, hace aproximadamente 10,000 años.

Puente, Río

¿El puente más alto? El Royal George, cerca de Canon City, Colorado. Catalogado como el que pose mas altura desde el suelo, con unos 321 metros de alto, y unos 270 metros que se le añaden desde él hacia al fondo del precipicio.

Puente más alto

¿Qué es el presente? Un puente entre el pasado y el futuro infinitos.

Infinito, Cielo

¿Qué somos nosotros? Puentes, entre dos generaciones.

Leones, Mamíferos, Cazadores, Animales

¿El más grande constructor de puentes? Jesús, carpintero, constructor de puentes, Rey de reyes y Señor de señores, capaz de construir un puente en el abismo más infranqueable.

Río

Allí donde otros levantan muros, 


Frontera USA Mexico
Jesús construye puentes.

Hombre, Caminando, Puente

jueves, 25 de marzo de 2010


Creer en Dios y el conocimiento cientifico

Dr. Francis Collins. Científico y cristiano.
Edwin Francisco Herrera Paz 
¿Contradice el conocimiento científico a la religión o a la creencia en Dios? Bien, ciencia y religión son dos maneras diferentes de ver la vida. De hecho, el científico que también es creyente debe dividir su mente en dos compartimientos: uno, el compartimiento escéptico, que busca probar las verdades naturales a través del método científico, y el segundo, el compartimiento de relación con Dios, de su fe y su fervor. Dos formas de ver el mundo no necesariamente contradictorias.

Sin embargo e inevitablemente, hay una pequeña franja en la que ciencia y religión se traslapan, y es cuando ambas intentan dar una explicación a la existencia, a la causa primera, es esa frontera tenue que es disputada por la filosofía científica y la filosofía teológica.
Dr. Stephen Hawking
Un área de conflicto es la fe. La fe es la firme convicción de que lo que no se ha hecho se hará, de que lo que ahora no es, mañana será. Para el cristiano la fe en Dios no es solo una creencia, sino un modo de vida. Para el científico no creyente, en cambio, la fe es una falacia, y lo único válido en la realidad es lo que se puede demostrar, y toman esta visión como forma de vida.
El escepticismo implica que el científico no crea en algo a menos que se demuestre su existencia, mientras la fe implica la certeza de que lo que no se ve, existe. Ambas visiones son contradictorias, y los efectos de la fe no se pueden manifestar en un ambiente escéptico. Es por eso que el escepticismo radical no puede coexistir con la fe, y los científicos creyentes nos vemos en la necesidad de compartimentalizar nuestra visión del mundo y aplicar la ciencia únicamente allí donde es necesario brindar una explicación de los fenómenos físicos.
Las religiones no deben tomar los libros sagrados como textos escolares. El génesis, por ejemplo, no es un libro de recetas de “como construir un universo en 7 días”, por lo que no hay motivo para basarse textualmente en las escrituras para negar lo que la ciencia nos tiene que decir sobre, para el caso, la edad del universo, de la tierra y de la vida, o sobre los mecanismos evolutivos. Sin duda Dios para crear el universo y al hombre debió haber utilizado los mecanismos naturales que son revelados por la ciencia moderna. Las explicaciones de fenómenos físicos que subyacen en el origen del las galaxias, las estrellas, la vida y el hombre (entre muchísimos otros temas) pertenecen al terreno de la ciencia.
Por otra parte, la ciencia no comprende el funcionamiento de la fe, y como no puede probarla la niega. Alguien dijo en uno de los blogs científicos (que a veces comento) que “la ausencia de pruebas no es prueba de ausencia”. Es decir, el hecho de que la ciencia no pueda probar la fe o la existencia de Dios, no son pruebas de su inexistencia. Los creyentes vivimos una vida de fe, y vemos la mano de Dios actuando maravillosamente en nuestras vidas. Vemos como nuestras oraciones de fe se nos responden en la mayoría de las ocasiones. Este amigos míos, es el terreno de la religión, y este terreno no debe ser transgredido por la ciencia.
No me cabe duda que en algún punto de la realidad (que solo es una) ciencia y religión confluyen en un todo infinito.
Lea tambien:
Cosmovisiones
La Evolución de la Fe
¿Contradice el conocimiento científico la creencia en Dios? Habla Francisco J. Ayala, ganador del premio Templeton.

miércoles, 24 de marzo de 2010


Ayer pedí

Ayer, antes de orar, hice un repaso de las cosas que quería pedirle a mi Señor. Una casa. Si, si. Una casa grande. ¿Cómo la quiero? Hace poco revisando el correo electrónico abrí un mensaje con una presentación adjunta en la que se mostraba la lujosa vivienda del golfista estadounidense Tiger Woods. Es exactamente ase tipo de casa el que deseo. Me gusta. Es muy amplia y lujosa, y está cerca del mar.
También necesito un carro. Tengo dos, pero quiero uno último modelo. Una camioneta europea, y adicionalmente un carro deportivo. Lo visualicé. Azul metálico, que brille con el resplandor del sol, una belleza puro músculo. También necesito un quirófano para mi clínica, no solo para tener mayores ganancias, sino también para ayudar a un mayor número de personas: los bienes materiales se disfrutan más cuando se bendice a otros.
Necesito salud y bienestar físico y mental para mí y para mi familia. Que mis hijos estén sanos y sin complicaciones. Necesito también sabiduría para escribir, investigar e impartir mis clases. No me caería mal de aquí a algún tiempo ganar el premio Nobel. ¿O tal vez el Pulitzer? Bueno, para ganar el Pulitzer hay que escribir en ingles, pero quizá un día de estos me anime. Y qué decir de unos, mmm ¿Qué tal diez millones de dólares? Antes pedía uno, pero ya que para Dios es lo mismo uno que diez, mejor pido diez. También pensé en pedir por los pobres del mundo, por los necesitados y por la manumisión de los esclavos, presos por cadenas propias o ajenas.
Y es que no está mal pedir. Los hijos le piden a su padre y el padre, bondadoso, les provee a sus hijos. Jesús en sus enseñanzas dijo: “Pedid, y se os Dará. Buscad y hallaréis. Llamad, y se os abrirá”, la oración de fe es una de de las fuerzas más poderosas del universo. Muchos dudan de la fe, pero el que duda nunca verá la fe en acción, pues fe y duda son términos opuestos: no puede existir la una en presencia de la otra. Jesús dijo: “Si tan solo vuestra fe fuera del tamaño de una semilla de mostaza…”. Bien, todas esas cosas le pediré al Señor, y el Señor me las dará si pido con fe.
Después de pensar sobre todos esos asuntos me puse a escuchar una alabanza: “con gran poder y gloria” y comencé a orar. Justo en ese momento sentí una presencia especial, una presencia de amor y protección. Pienso que es como la sensación que experimenta dentro del vientre de su madre un niño que no ha nacido aun. En ese instante olvidé todas esas cosas que quería pedir, porque todas las cosas quedaron pequeñas, porque todo queda pequeño cuando se está en su presencia, en la presencia del Dios creador. Y entonces, ya no pedí nada porque en ese instante lo tenía todo. Solo pude decir, “sea tu voluntad, Señor”.

martes, 23 de marzo de 2010


El Plan de Vuelo Divino



Antes de volar del punto A al punto B, el piloto realiza un detallado plan de vuelo. Este incluye: los puertos de despegue y destino, la altitud estimada, el tiempo estimado en ruta, el rumbo, etc. Cuando el piloto toma el avión realiza un minucioso chequeo de la aeronave, las superficies de vuelo, el combustible, los aparatos de medición, etc. El piloto se sube a la aeronave, la enciende y hace un chequeo de los instrumentos, el nivel de aceite, la temperatura, las comunicaciones, las aeroayudas. Ante del despegue continúa el chequeo. Se prueba la potencia del motor, la respuesta de las superficies de vuelo, se regula el barómetro para que concuerde con la presión atmosférica real, etc. El piloto despega según procedimientos ya establecidos. Inclina la nariz y regula la potencia para establecer una tasa de acenso. Al alcanzar la altitud previamente establecida, se establecen un rumbo y velocidad de crucero. Al aproximarse al destino, el piloto reduce la velocidad para establecer una tasa de descenso. A cierta altitud de la pista, el piloto decide si aterrizará o realizará lo que se llama en inglés un go around. Si la altitud y velocidad de la aeronave son las adecuadas, lo que sucede usualmente, el piloto aterriza.

¿Quiere esto decir que un vuelo del punto A al punto B siempre será igual? De ninguna manera. No hay dos vuelos iguales. En algunas ocasiones, las condiciones meteorológicas serán de viento suave y soleado. En otras, habrá viento severo, lateral o de frente, lo que obligará al piloto a realizar las correcciones adecuadas, como cambio de rumbo indicado y potencia. El tiempo del vuelo variará de acuerdo a la presión atmosférica y el viento. Algunas veces, habrá una tormenta en el camino y el piloto tendrá que alterar el rumbo para esquivarla. Durante todo el vuelo, el piloto tendrá que realizar correcciones de tiempo en tiempo, chequeando que todo esté correcto. Deberá reportar su posición en puntos de chequeo previamente determinados. También la omnipresente segunda ley de la termodinámica actuará deteriorando las partes del avión, de tal forma que el piloto tendrá que cambiar alguna pieza dañada antes de aventurarse al horizonte. La aeronave puede ser muy maniobrable y responder a los mandos suavemente, o puede ser una nave extremadamente difícil de dominar. En el primer caso el piloto podrá sacarla de una tormenta fácilmente, en el segundo será más difícil. La cuestión es que hay un número infinito de vuelos posibles, pero todos llevarán a la nave del punto A al punto B.

Pues bien, he aquí la analogía. Usted es la aeronave y Dios es el piloto. Aunque hay un propósito preestablecido, Dios se encuentra realizando pequeñas correcciones permanentemente, imperceptiblemente. De vez en cuando realizará una corrección mayor, una irrupción del mundo espiritual de grandes proporciones que se nos revela en forma de los llamados milagros. La cosmología moderna nos deja entrever que el universo podría estar diseñado para la intervención divina por intermedio de la incertidumbre cuántica. Bastarían ciertas correcciones en la dirección de un electrón u otra particula de cuando en cuando, si se conoce que electrón o que fotón se tiene que alterar (y Dios por supuesto, lo conoce). La amplificación de la señal en el tiempo cambiará los eventos de tal manera que el resultado esté de acuerdo con el plan Divino. Desde luego, el control del universo es infinitamente más complejo que el control de un avión, pero el piloto universal es infinitamente más diestro que el piloto de carne y hueso.

Hace poco, después de encontrarme en silencio y en actitud de reflexión, subí la mirada y le dije a mi cuñada Tatiana: “Soy una veleta”. Mi cuñada, con voz y mirada alarmadas me preguntó: ¿Cómo así? -Si,- le dije en un momento de inspiración supremo. “una veleta llevada por el suave viento divino”. Mi cuñada, que es abogada (como toda mi familia por lo que me llaman “la oveja blanca”), comenzó a discutir sobre el significado de veleta. Me recordó aquella canción que dice “eres una veleta”. La canción se refiere a una veleta, en tono de ofensa, como aquella persona que no sabe lo que quiere, ni tiene idea de adonde va. Entonces que no anduviera diciendo eso por allí porque me iban a confundir con el de la canción. Yo, decidí no discutir. He tomado como actitud de vida nunca discutir con un abogado.



domingo, 21 de marzo de 2010


Cuando la pérdida es ganancia

Las abejas sirven de modelo para el análisis de la inteligencia grupal. Si esta característica continuara evolucionando, ¿Se podría considerar la comunidad de abejas un hiperorganismo?


No. No estoy hablando de perder libras para ganar años de vida; o de perder a la suegra. Hablo más bien del núcleo central de la teoría de los sistemas complejos vivos, que más que una teoría biológica es una teoría económica. A los hombres de ciencia y en especial a los biólogos les ha intrigado el por qué la vida parece contradecir la omnipresente segunda ley de la termodinámica. La respuesta es que en realidad no la contradice, ya que la cantidad total de calor (entropía) en el universo producido por un sistema abierto siempre aumenta a pesar del aumento en organización del sistema.


El problema es que esta explicación origina más dudas que respuestas. ¿Qué factores originan estos sistemas alejados del desequilibrio termodinámico? ¿Cómo tienden siempre a una mayor organización? ¿Por qué evolucionan siempre hacia una mayor complejidad? Creo tener la respuesta a estas preguntas, y esa respuesta se basa en el hecho de que la segunda ley contribuye (en lugar de oponerse) a una mayor complejidad. La vida no es una lucha contra la segunda ley, sino que se vale de ella para evolucionar.


Esto se da en todos los niveles, desde el nivel básico de moléculas, hasta los niveles superiores, como sociedades de individuos o instituciones humanas, y la clave se encuentra precisamente en la existencia de diferentes niveles de complejidad. Entonces, la desorganización en un nivel da como resultado una mayor organización en el siguiente. ¿Cómo así?


Imaginémonos dos elementos que forman una población homogénea reproductiva. En un tiempo uno, todos los individuos son iguales. Pero en algún punto en la existencia de la población entra en juego la desorganizativa segunda ley: Uno de los elementos sufre una pérdida en alguna de sus capacidades. El individuo en cuestión sobrevivirá con su minusvalía, ya que su carencia puede ser suplida por los elementos cercanos y podrá transmitir su característica a su descendencia. Ahora bien, imaginemos que un segundo elemento sufre una perdida similar pero en una segunda característica. Esta será suplida por los demás y asimismo trasmitirá la característica a su descendencia.


Aquí viene lo interesante del asunto. Los descendientes del primer elemento (llamémosle subpoblación 1) conviven con los del segundo (subpoblacion 2), pero a diferencia de los normales su pérdida les permite la liberación de recursos energéticos. Entonces los elementos 1 y 2 podrán utilizar esos recursos sobrantes para ayudarse mutuamente, creando una relación donde no la había y por ende, una mayor complejidad en el nivel de población (recordemos que la complejidad se basa en las relaciones de los elementos). Es decir, los individuos se especializan con lo que se origina una división del trabajo y una mayor estructuración.


Para poner un ejemplo ilustrativo de un caso extremo, recordemos la historia de dos hombres: uno sin piernas y otro ciego. El ciego cargaba al otro, quien a su vez lo guiaba por el camino, estableciéndose entre ambos una relación de mutualismo. Desde luego, la naturaleza no actúa frecuentemente sobre caracteres tan extremos y raras veces observamos disrupciones bruscas que sobreviven. La selección natural se vale más que todo de esas variaciones sutiles que producen ligeras disminuciones en las funciones, pero las variaciones se deben a cambios aleatorios en donde la responsable es la segunda ley.


¿Hay evidencia de esto? Por todos lados. Es probable que los seres humanos hayamos sufrido un proceso de simplificación desde las primeras sociedades de cazadores recolectores. Esta simplificación se ve tanto a nivel biológico como cultural. Por ejemplo, el cazador prehistórico necesitaba hacer uso de todas sus capacidades físicas durante la cacería, y la falencia en alguna de ellas podría resultar mortal. En nuestra sociedad moderna, estas capacidades no son tan necesarias, y muchas de ellas se han debilitado. Para el caso, la miopía es una condición frecuente en nuestras sociedades, y nadie creerá que la simple condición de ser miope pone en riesgo la vida, habida cuenta de que existe una pequeña fracción de la población especializada en el cuidado de la vista (oftalmólogos y optómetras). Si usted es abogado y miope, usted tendrá la misma probabilidad de originar descendencia viva que si usted tiene una vista perfecta (si usted es abogado probablemente será más vivo de lo necesario), mas si usted es un cazador de hace 10,000 años lo más probable es que muera de hambre y no transmita la condición a su descendencia, por lo que es muy probable que la miopía fuera en esos tiempos una patología muy rara. ¿Pero de donde surge la miopía? De la variabilidad genética que a su vez tiene su origen en esas disrupciones originadas por la segunda ley llamadas mutaciones.


¿Lo ve? Simplificación en el nivel de individuo, y aumento en complejidad en el nivel de sociedad. Si usted me lo solicita le podría dar decenas de ejemplos que abarcan todos los niveles de complejidad. La evolución de las sociedades humanas ha ido acompañado de simplificación y especialización, lo que permite un aumento de las relaciones con el ulterior crecimiento en complejidad. Se ha encontrado evidencia de simplificación en otras especies. Por ejemplo, se ha encontrado que las especies de abejas que forman comunidades más complejas y organizadas están compuestas por individuos más simples desde el punto de vista funcional. Solo una aclaración: la simplificación es un elemento necesario pero no suficiente en la evolución de la complejidad, pero otros factores serán tema de otros artículos.

Los sistemas complejos vivos son objeto de intenso estudio en la actualidad, y mucho se ha escrito sobre la especialización y el cambio gradual de los individuos hasta formar comportamientos sociales altamente estructurados, y es aquí donde entran en juego conceptos como “gradualismo” o “preadaptacion”, sin embargo pienso que la idea de perdida como el origen de la complejidad es nueva y encaja a la perfección con el comportamiento de los sistemas termodinámicos, dominados por la segunda ley. Algo más: los biólogos y sociólogos se ha mostrado temerosos de extrapolar hallazgos de un nivel de complejidad a los demás niveles. Sin embargo, la teoría económica de los sistemas complejos vivos puede ser aplicada a cualquier estructura que evoluciona, como moléculas, células, órganos, individuos, comunidades e hiperorganismos por igual.

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