jueves, 22 de abril de 2010
No estás deprimido
lunes, 12 de abril de 2010
Las relaciones son los puentes de Dios
Por: Edwin Francisco Herrera Paz
Los seres humanos se relacionan de diferentes maneras, sin embargo el amor y la cooperación son las relaciones que nos aglomeran para formar familias y tribus, y de allí en adelante corporaciones, barrios, ciudades, países y comunidades de países. Las relaciones son muchas veces más importantes que los individuos, ya que forman la estructura, el andamio en el que se desarrollan los sistemas. Los individuos son efímeros, pero las relaciones mantienen la identidad de los miembros aunque estos, con el tiempo, ya no sean los mismos. Por eso el principio enseñado por Jesús a sus discípulos: Ámense los unos a otros como yo los he amado (Juan 13:34). Jesús sabe de la importancia de las relaciones pues el universo de su padre está construido de ellas. sábado, 3 de abril de 2010
Puentes
Por: Edwin Francisco Herrera Paz
jueves, 25 de marzo de 2010
Creer en Dios y el conocimiento cientifico
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| Dr. Francis Collins. Científico y cristiano. |
¿Contradice el conocimiento científico a la religión o a la creencia en Dios? Bien, ciencia y religión son dos maneras diferentes de ver la vida. De hecho, el científico que también es creyente debe dividir su mente en dos compartimientos: uno, el compartimiento escéptico, que busca probar las verdades naturales a través del método científico, y el segundo, el compartimiento de relación con Dios, de su fe y su fervor. Dos formas de ver el mundo no necesariamente contradictorias.
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| Dr. Stephen Hawking |
Lea tambien:
Cosmovisiones
La Evolución de la Fe
¿Contradice el conocimiento científico la creencia en Dios? Habla Francisco J. Ayala, ganador del premio Templeton.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Ayer pedí
martes, 23 de marzo de 2010
El Plan de Vuelo Divino
Antes de volar del punto A al punto B, el piloto realiza un detallado plan de vuelo. Este incluye: los puertos de despegue y destino, la altitud estimada, el tiempo estimado en ruta, el rumbo, etc. Cuando el piloto toma el avión realiza un minucioso chequeo de la aeronave, las superficies de vuelo, el combustible, los aparatos de medición, etc. El piloto se sube a la aeronave, la enciende y hace un chequeo de los instrumentos, el nivel de aceite, la temperatura, las comunicaciones, las aeroayudas. Ante del despegue continúa el chequeo. Se prueba la potencia del motor, la respuesta de las superficies de vuelo, se regula el barómetro para que concuerde con la presión atmosférica real, etc. El piloto despega según procedimientos ya establecidos. Inclina la nariz y regula la potencia para establecer una tasa de acenso. Al alcanzar la altitud previamente establecida, se establecen un rumbo y velocidad de crucero. Al aproximarse al destino, el piloto reduce la velocidad para establecer una tasa de descenso. A cierta altitud de la pista, el piloto decide si aterrizará o realizará lo que se llama en inglés un go around. Si la altitud y velocidad de la aeronave son las adecuadas, lo que sucede usualmente, el piloto aterriza.
¿Quiere esto decir que un vuelo del punto A al punto B siempre será igual? De ninguna manera. No hay dos vuelos iguales. En algunas ocasiones, las condiciones meteorológicas serán de viento suave y soleado. En otras, habrá viento severo, lateral o de frente, lo que obligará al piloto a realizar las correcciones adecuadas, como cambio de rumbo indicado y potencia. El tiempo del vuelo variará de acuerdo a la presión atmosférica y el viento. Algunas veces, habrá una tormenta en el camino y el piloto tendrá que alterar el rumbo para esquivarla. Durante todo el vuelo, el piloto tendrá que realizar correcciones de tiempo en tiempo, chequeando que todo esté correcto. Deberá reportar su posición en puntos de chequeo previamente determinados. También la omnipresente segunda ley de la termodinámica actuará deteriorando las partes del avión, de tal forma que el piloto tendrá que cambiar alguna pieza dañada antes de aventurarse al horizonte. La aeronave puede ser muy maniobrable y responder a los mandos suavemente, o puede ser una nave extremadamente difícil de dominar. En el primer caso el piloto podrá sacarla de una tormenta fácilmente, en el segundo será más difícil. La cuestión es que hay un número infinito de vuelos posibles, pero todos llevarán a la nave del punto A al punto B.
Pues bien, he aquí la analogía. Usted es la aeronave y Dios es el piloto. Aunque hay un propósito preestablecido, Dios se encuentra realizando pequeñas correcciones permanentemente, imperceptiblemente. De vez en cuando realizará una corrección mayor, una irrupción del mundo espiritual de grandes proporciones que se nos revela en forma de los llamados milagros. La cosmología moderna nos deja entrever que el universo podría estar diseñado para la intervención divina por intermedio de la incertidumbre cuántica. Bastarían ciertas correcciones en la dirección de un electrón u otra particula de cuando en cuando, si se conoce que electrón o que fotón se tiene que alterar (y Dios por supuesto, lo conoce). La amplificación de la señal en el tiempo cambiará los eventos de tal manera que el resultado esté de acuerdo con el plan Divino. Desde luego, el control del universo es infinitamente más complejo que el control de un avión, pero el piloto universal es infinitamente más diestro que el piloto de carne y hueso.
Hace poco, después de encontrarme en silencio y en actitud de reflexión, subí la mirada y le dije a mi cuñada Tatiana: “Soy una veleta”. Mi cuñada, con voz y mirada alarmadas me preguntó: ¿Cómo así? -Si,- le dije en un momento de inspiración supremo. “una veleta llevada por el suave viento divino”. Mi cuñada, que es abogada (como toda mi familia por lo que me llaman “la oveja blanca”), comenzó a discutir sobre el significado de veleta. Me recordó aquella canción que dice “eres una veleta”. La canción se refiere a una veleta, en tono de ofensa, como aquella persona que no sabe lo que quiere, ni tiene idea de adonde va. Entonces que no anduviera diciendo eso por allí porque me iban a confundir con el de la canción. Yo, decidí no discutir. He tomado como actitud de vida nunca discutir con un abogado. 
domingo, 21 de marzo de 2010
Cuando la pérdida es ganancia
Las abejas sirven de modelo para el análisis de la inteligencia grupal. Si esta característica continuara evolucionando, ¿Se podría considerar la comunidad de abejas un hiperorganismo?
No. No estoy hablando de perder libras para ganar años de vida; o de perder a la suegra. Hablo más bien del núcleo central de la teoría de los sistemas complejos vivos, que más que una teoría biológica es una teoría económica. A los hombres de ciencia y en especial a los biólogos les ha intrigado el por qué la vida parece contradecir la omnipresente segunda ley de la termodinámica. La respuesta es que en realidad no la contradice, ya que la cantidad total de calor (entropía) en el universo producido por un sistema abierto siempre aumenta a pesar del aumento en organización del sistema.
El problema es que esta explicación origina más dudas que respuestas. ¿Qué factores originan estos sistemas alejados del desequilibrio termodinámico? ¿Cómo tienden siempre a una mayor organización? ¿Por qué evolucionan siempre hacia una mayor complejidad? Creo tener la respuesta a estas preguntas, y esa respuesta se basa en el hecho de que la segunda ley contribuye (en lugar de oponerse) a una mayor complejidad. La vida no es una lucha contra la segunda ley, sino que se vale de ella para evolucionar.
Esto se da en todos los niveles, desde el nivel básico de moléculas, hasta los niveles superiores, como sociedades de individuos o instituciones humanas, y la clave se encuentra precisamente en la existencia de diferentes niveles de complejidad. Entonces, la desorganización en un nivel da como resultado una mayor organización en el siguiente. ¿Cómo así?
Imaginémonos dos elementos que forman una población homogénea reproductiva. En un tiempo uno, todos los individuos son iguales. Pero en algún punto en la existencia de la población entra en juego la desorganizativa segunda ley: Uno de los elementos sufre una pérdida en alguna de sus capacidades. El individuo en cuestión sobrevivirá con su minusvalía, ya que su carencia puede ser suplida por los elementos cercanos y podrá transmitir su característica a su descendencia. Ahora bien, imaginemos que un segundo elemento sufre una perdida similar pero en una segunda característica. Esta será suplida por los demás y asimismo trasmitirá la característica a su descendencia.
Aquí viene lo interesante del asunto. Los descendientes del primer elemento (llamémosle subpoblación 1) conviven con los del segundo (subpoblacion 2), pero a diferencia de los normales su pérdida les permite la liberación de recursos energéticos. Entonces los elementos 1 y 2 podrán utilizar esos recursos sobrantes para ayudarse mutuamente, creando una relación donde no la había y por ende, una mayor complejidad en el nivel de población (recordemos que la complejidad se basa en las relaciones de los elementos). Es decir, los individuos se especializan con lo que se origina una división del trabajo y una mayor estructuración.
Para poner un ejemplo ilustrativo de un caso extremo, recordemos la historia de dos hombres: uno sin piernas y otro ciego. El ciego cargaba al otro, quien a su vez lo guiaba por el camino, estableciéndose entre ambos una relación de mutualismo. Desde luego, la naturaleza no actúa frecuentemente sobre caracteres tan extremos y raras veces observamos disrupciones bruscas que sobreviven. La selección natural se vale más que todo de esas variaciones sutiles que producen ligeras disminuciones en las funciones, pero las variaciones se deben a cambios aleatorios en donde la responsable es la segunda ley.
¿Hay evidencia de esto? Por todos lados. Es probable que los seres humanos hayamos sufrido un proceso de simplificación desde las primeras sociedades de cazadores recolectores. Esta simplificación se ve tanto a nivel biológico como cultural. Por ejemplo, el cazador prehistórico necesitaba hacer uso de todas sus capacidades físicas durante la cacería, y la falencia en alguna de ellas podría resultar mortal. En nuestra sociedad moderna, estas capacidades no son tan necesarias, y muchas de ellas se han debilitado. Para el caso, la miopía es una condición frecuente en nuestras sociedades, y nadie creerá que la simple condición de ser miope pone en riesgo la vida, habida cuenta de que existe una pequeña fracción de la población especializada en el cuidado de la vista (oftalmólogos y optómetras). Si usted es abogado y miope, usted tendrá la misma probabilidad de originar descendencia viva que si usted tiene una vista perfecta (si usted es abogado probablemente será más vivo de lo necesario), mas si usted es un cazador de hace 10,000 años lo más probable es que muera de hambre y no transmita la condición a su descendencia, por lo que es muy probable que la miopía fuera en esos tiempos una patología muy rara. ¿Pero de donde surge la miopía? De la variabilidad genética que a su vez tiene su origen en esas disrupciones originadas por la segunda ley llamadas mutaciones.
¿Lo ve? Simplificación en el nivel de individuo, y aumento en complejidad en el nivel de sociedad. Si usted me lo solicita le podría dar decenas de ejemplos que abarcan todos los niveles de complejidad. La evolución de las sociedades humanas ha ido acompañado de simplificación y especialización, lo que permite un aumento de las relaciones con el ulterior crecimiento en complejidad. Se ha encontrado evidencia de simplificación en otras especies. Por ejemplo, se ha encontrado que las especies de abejas que forman comunidades más complejas y organizadas están compuestas por individuos más simples desde el punto de vista funcional. Solo una aclaración: la simplificación es un elemento necesario pero no suficiente en la evolución de la complejidad, pero otros factores serán tema de otros artículos.
Los sistemas complejos vivos son objeto de intenso estudio en la actualidad, y mucho se ha escrito sobre la especialización y el cambio gradual de los individuos hasta formar comportamientos sociales altamente estructurados, y es aquí donde entran en juego conceptos como “gradualismo” o “preadaptacion”, sin embargo pienso que la idea de perdida como el origen de la complejidad es nueva y encaja a la perfección con el comportamiento de los sistemas termodinámicos, dominados por la segunda ley. Algo más: los biólogos y sociólogos se ha mostrado temerosos de extrapolar hallazgos de un nivel de complejidad a los demás niveles. Sin embargo, la teoría económica de los sistemas complejos vivos puede ser aplicada a cualquier estructura que evoluciona, como moléculas, células, órganos, individuos, comunidades e hiperorganismos por igual.


















