Sucesos, Vida de Fe y Cristianismo en Honduras

martes, 9 de junio de 2009


De las técnicas de venta de servicios o, “que me duele la nuca”

Edwin Francisco Herrera Paz
Los nombres de los personajes en esta entrada se cambiaron para proteger a los involucrados. Se utilizó el apellido “Perdomo” porque es uno de los más frecuentes entre los Médicos sampedranos (todos los médicos de apellido Perdomo provienen de una pequeña comunidad en Santa Bárbara y están emparentados entre sí), de tal manera que nadie sabrá de quien se trata. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia. Es decir, todo lo que les voy a contar es mentira, por si acaso alguien por allí me quiera demandar.

Hace unos días llegué a mi clínica y encontré a José (superintendente, recepcionista, mayordomo y contador) platicando con el Dr. Perdomo en una reunión, al parecer, de emergencia. Cuando les pregunté de qué se trataba, el Dr. Perdomo, con cara de preocupación me planteó que la situación andaba muy mal, que debido a la recesión agravada por el desempleo ocasionado por el aumento del mínimo, los pacientes ya no se quieren hospitalizar. Y esto sin mencionar el terremoto, la cuarta urna, el reciente aumento a los precios de los carburantes, la manera como se intenta convencer a las masas de que si votan por la cuarta se repartirán Honduras, con la previsible revuelta popular, etc., etc., etc., Me dijo que él, con la ayuda de José y en un momento de inspiración ya había encontrado la solución.

Verá, -me dijo- “mientras yo espero al paciente en el consultorio con una sonrisa (aunque me cueste), Tere, doña Abe o la enfermera que esté de turno, esperará detrás de la puerta con un garrote o leño diseñado para el fin que compete, aunque un bate estaría bien. Al entrar el paciente, Tere le asestaría un certero y fuerte golpe en la nuca que lo dejaría inconciente, y de ese modo se tendría que ingresar por lipotimia (desmayo). La idea es simplemente brillante, ¿No es cierto?”

Ante tal planteamiento me preocupó un poco la tergiversación de conceptos y el error en la transmisión de información que pueden llevar al desastre. Le expliqué al Dr. Perdomo, con sumo tacto, que no me parecía del todo la idea de “darle en la nuca” al paciente, y procedí a explicar los motivos. En primer lugar, siempre es posible que el garrote se desvíe, por error humano, unos cuantos milímetros y en lugar de impactar en la nuca impacte en la cabeza, ocasionando un traumatismo encefalocraneano de consecuencias desastrosas. En segundo lugar, es muy difícil mantener la mentira sin ser descubierta por mucho tiempo. ¿Cómo se puede explicar tantos ingresos por desmayo? A menos que nos inventáramos alguna epidemia de desmayos, y digamos entonces que dicha epidemia pone en peligro inminente la vida, sería muy difícil ofrecer una explicación creíble. Además, siempre es posible que alguien vea a Tere propinándole el golpe al paciente, y en ese caso podría terminar en la prisión para mujeres de Támara.

A pesar de mis explicaciones no sentí que el Dr. Perdomo estuviera muy convencido. Me dijo que todo el mundo sabe que es una práctica frecuente de muchos médicos, y de profesionales de otros gremios, como los mecánicos y los abogados, “darle en la nuca” al cliente. Yo, siempre con mucho tacto para evitar herir susceptibilidades, le dije que el término es simplemente alegórico y no literal. Que en lenguaje coloquial catracho (hondureño) significa sacarle el máximo provecho a un paciente o cliente, como por ejemplo sugiriéndole una cirugía de extirpación renal al cliente que llega buscando consulta por una simple infección urinaria. El cliente, que teme por su vida, se opera y todos quedan contentos: el paciente salvó su vida; el cirujano pagó la cuota del préstamo para su casa en alguna lujosa colonia; la clínica podrá pagar los onerosos recibos de energía eléctrica; y el Gobierno, con el dinero del pago del recibo de energía superinflado podrá continuar con sus descarados despilfarros (y a todo esto: ¿Dónde está el riñón extirpado, que aparte de estar separado de su amado cuerpo, es totalmente funcional?). Otro ejemplo es el del técnico en enfriamiento automotriz, que le dice al cliente que debe cambiar el evaporador, el compresor, el condensador y otros “ores”, que al final no le cambia nada al carro y vende las piezas nuevas.

De las formas que tienen los abogados de “dar en la nuca” no tengo nada que decir, ya que son tantas, y tan crípticas y enredadas en términos jurídicos que nadie las entiende. La técnica que utiliza el constructor de la casa en la lujosa colonia es interesante. Hace un presupuesto, pero debido a gastos inesperados le quedó corto recién iniciadas las labores de construcción. Al final de la construcción el cliente paga hasta 3 y 4 veces lo estipulado inicialmente, lo que hace que el cliente, a su vez, busque darle en la nuca a sus clientes, y así ad infinitum.

En fin, la filosofía de dar en la nuca se basa en que, “bueno, ya que llegó un cliente, hay que sacarle el jugo. Tal vez no nos llegue otro”. Además, hay que pagar los costos, como gastos de operaciones, gastos fijos etc. Esto, aunque parezca mentira, mantiene rodando la rueda de la economía de consumo sobre el camino, que más que camino es falacia: el valor futuro del dinero, o los intereses mejor dicho, que garantizan una vida de lujo para el prestamista y para muchas generaciones de sus descendientes. Bueno, inestabilidades de los sistemas complejos. Debemos encontrar mejores soluciones a ese conjunto de ecuaciones diferenciales.

Finalmente, le expliqué al doctor que si no fuera porque darle en la nuca al paciente es anti ético, aunque la Ley no lo prohíba tácita sino implícitamente, la solución sería la ideal, pero que más nos vale que vayamos buscando otras maneras de mercadear nuestros servicios.

jueves, 4 de junio de 2009


Los del cielo y los del suelo o, nómbreme usted un terremoto


¿No que todos nos merecemos un nombre?

Recientemente, mi amigo y hermano en Cristo, Márvin, me hizo una pregunta que sacudió los cimientos en los que está construida mi percepción de las cosas en su más profundo significado. La pregunta de mi hermano Márvin fue la siguiente: ¿Por qué los huracanes tienen nombre y los terremotos no?
Pocas veces me he quedado callado ante una pregunta de tal naturaleza, pero debo confesar que esta vez no solo quedé mudo, sino perplejo, boquiabierto, anonadado, embobado, atontado y estupefacto. No frecuentemente manifiesta un ser humano a lo largo de su vida terrenal, un destello de genialidad de tal magnitud en su esencia más pura, que a mi parecer merece ser llamado “momento de inspiración sublime”, como el de Márvin ese día. Desde entonces he invertido horas reflexionando en esa pregunta, y pienso que ya tengo la respuesta, que expondré a continuación.
La personalidad de los climatólogos es usualmente extrovertida y alegre, dados a las fiestas, a la actividad farandulera y al espectáculo. Quizá por eso estudiaron meteorología: desde niños “pasaban en las nubes”. Esto ha hecho que se hayan inventado toda una nomenclatura para las actividades o fenómenos atmosféricos (o meteoros) llamados huracanes, de manera que estos no pasen desapercibidos en los libros de historia. Los geólogos, en cambio, son introvertidos y pasan gran parte de su vida en los más diversos y variados tipos de huecos, agujeros y hoyos, como cavernas, cuevas, volcanes etc., con poco contacto social.
Por otro lado, los climatólogos están convencidos de que su actividad los coloca más cerca de Dios, por pertenecer sus estudios a las alturas. Mientras, los geólogos trabajan cerca del inframundo, que se ha relacionado con todo tipo de criaturas malévolas, mezquinas, castigadoras y de aspecto grotesco, con pesuñas, dientes afilados, y cuernos ( estos últimos también los lucen algunos humanos varones).
Si usted no me cree, piénselo: ¿Qué noticiero serio que se jacte de serlo no tiene un climatólogo entre sus filas pronosticando el clima (aunque no peguen mucho)? Además, el climatólogo del noticiero es generalmente el de mejor look del programa, especialmente si el ejemplar es del sexo femenino, lo que hace que la sección sea interesante aunque no peguen una. Ahora, a ver, ¿Cuántos geólogos salen en los noticieros, anunciando, por ejemplo, el nivel freático para hoy? Adivinó: ninguno. Los climatólogos se hacen notar, por eso le ponen nombre a sus huracanes.
Yo digo: ¡Geólogos del mundo, uníos, haceros notar y ponedle nombre a vuestros terremotos! (siempre quise usar acento ibérico). Para comenzar, sugiero que al reciente terremoto de Honduras se le ponga el nombre de “Terremoto Márvin”, en honor a mi amigo por su genial idea.

miércoles, 3 de junio de 2009


Mi estilo DivDis

La Doctora Valladares dice que mi estilo es similar al de Gabriel García Márquez, pero no es así. ¿Se han fijado como el muy querido Gabo narra dos o más historias en una? Esto se basa en intercalar un párrafo de una historia, con un párrafo de la otra, una de la una, otra de la otra, una de la una y así hasta el fin, en el que ambas historias convergen. Mi estilo más bien es el llamado “divagacionista disvariacionista (o estilo DivDis), que se basa en divagaciones disvariantes continuas en el curso de la narración, o hablando más técnicamente, escribo la primera tontería que se me viene a la mente. Es como un árbol: la narración es el tronco, las divagaciones son las ramas y los desvaríos, las hojas. Yo más bien pienso que mi escritura es como una mezcla equilibrada entre Ernesto Samper Pizano, Karl Sagan, Isaac Asimov y Max Lucado, todo en uno.

Les cuento que aquí en Honduras el Gobierno no me quiere apoyar con mis investigaciones, a pesar de que estas están destinadas a mejorar las condiciones de salud de la población Garífuna. Les apuesto que si fuera futbolista sí me apoyarían. Por eso estoy jugando los domingos. “Nunca se sabe”, como dice un famoso ex entrenador de la selección hondureña de futbol, cuya combinación de apellidos sería perfecta si no fuera porque se los pusieron al revés (me refiero por supuesto a don José de la Paz Herrera).

Por fin preguntaron por mí en el gimnasio (como si mi ausencia no se notara). Mi esposa le dijo a doña Vilma que me habían operado de apendicitis. Doña Vilma le dijo que “!como no le iba a dar apéndice, si con ese peso que levanta… parece animal. Es un bruto. Eso es lo que es!!!” Mi esposa, que es médico (o ¿médica?) le explicó que no era hernia, que su semental no podía tener eso porque su fascia abdominal es más fuerte que el acero, pero más elástica, como la de Batman o la de Superman pero en la realidad, y que eso se debe a una genética privilegiada (algo así le tuvo que haber dicho, yo la conozco). Ante tal explicación doña Vilma no se sintió satisfecha e insistió en que ella sabía que algún día yo resultaría con apéndice. No se diga más.

Hoy no me siento muy bien, ya saben, anímicamente, ya que no les he podido contribuir con algo constructivo, pero es que:
De tanto descansar
Ya no quiero ni pensar,
Y de tanto divague y desvarío
Yo me río
De tanto que me río solo, en mi casa me creen loco, o tocado, mejor dicho,
O que me ha picado algún bicho
Que la anestesia,
Me cambió algo en la cabecia (cabeza no rima)
Y con esta me despido
Y termino mi corrido.
P.D. Ni se les ocurra comentar esta entrada.

martes, 2 de junio de 2009


El Apelativo Prohibido

¿En que se parecen un comunista, un narcotraficante, un terrorista islámico y la cuarta urna?

Los distinguidos miembros de mi fans club (alguno debe haber. ¡AJa!, lo agarré) se preguntarán donde he estado. Bueno, a veces durmiendo, a veces en la calle. Trabajo light, pero he quedado algo atolondrado después de la cirugía por lo que no me he inspirado, se me han ido las musas, usted entiende. Mi herida quirúrgica, bien: solo me duele al toser, estornudar o reír, razón por la cual me he transformado en una persona seria en extremo. Luego les explico mi teoría sobre las Leyes Generales que rigen a los sistemas complejos. Me estoy acostumbrando a la buena vida. Ya ni siquiera quiero pensar. Solo quiero preguntarles una cosa que me ha estado intrigando últimamente. Si alguien sabe la respuesta, por favor me la hace saber.

¿Se han fijado que los Estados Unidos siempre están peleando por alguna causa? Fíjense (o fíjesen, en Colombia) bien: cuando yo era pequeñito (no hace mucho. Bueno, en tiempo cósmico) el tema era la guerra fría. La noticias internacionales no dejaban de incluir algún chisme sobre las rencillas entre el Presidente de turno de los Estados Unidos y el Primer Ministro de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (¿O era Soviéticas Socialistas? No recuerdo. Quien recuerde ese dato merece ser considerado un digno ejemplar del siglo pasado), o URSS.

Al terminar la guerra fría, la lucha se desplazó contra el narcotráfico. Así como antes decir “comunista” se consideraba la más grande ofensa del mundo, algo que había que esconder porque al cliente lo podía interceptar un agente de la CIA, después de la guerra fría decir “narcotraficante” era decir proscrito, condenado por la sociedad. Se inició la persecución contra todo lo que oliera, se sintiera, pareciera, se oyera, o supiera a narcotraficante, especialmente colombiano. Ya decir “comunista” era como decir “el muchacho de la esquina”, alguien sin ninguna importancia aparte de la de existir (incluido Fidel). Pero decir Narco…. Esas sí eran palabras mayores. La publicidad negativa y el hecho de relacionarse a Colombia con el narcotráfico hizo que más de un colombiano decente pasara humillaciones en algún aeropuerto del mundo, en donde se le exploraban las vergüenzas más recónditas en búsqueda de vestigios del polvo blanco.

Eso cambió después del 911 (léase nain uan uan, para más caché). A partir de entonces el apelativo prohibido se transformó en: “El Terrorista Islámico”. Después de eso los Narcos pudieron estar relajados. Es mas, ahora esta profesión se ha vuelto tan popular que las canciones de moda en muchos sitios son los “Narcocorridos”. La atención se a puesto tanto en el terrorismo internacional, y se ha ligado tanto el terrorismo con el Islam, que muchos árabes hondureños venidos hace tiempo de las lejanas tierras de oriente medio (y quienes en su mayoría son cristianos) han refinado su acento castellano. Por ejemplo, algunos antes del 911 decían “club Arrabe, Jabibi”, con un claro acento mesopotámico. Ahora, dicen club árabe con acento perfecto, y omiten el jabibi (por si acaso alguna interceptación telefónica). Creo que este fenómeno se extiende al mundo entero, por lo que las lenguas arábigas, poéticas por excelencia, están sufriendo un duro revés (vean como antes la gente quería aprender árabe. Ahora, chino mandarín). Hoy en día, los que son explorados en sus más intrincados recovecos anatómicos en busca de algun arma biológica o química, son los sospechosos de ser terroristas islámicos.

Como yo se de la complejidad de los sistemas complejos, y la sociedad cae dentro de esta categoría, me intriga de verdad la causa para esta eterna persecución a algún tipo de organización, agrupación o gremio por parte de los Estados Unidos. Lo extraño es que siempre es una sola organización. Todos los recursos se destinan a eso. Es probable que de lo complejo que es el sistema norteamericano, yo solo aprecie solo una pequeña parte de la realidad. Si alguien tiene la respuesta a este dilema, ¿me la podría decir, por favor? Estaré pendiente de las respuestas. Mientras tanto, estoy ansioso por saber cual será el nuevo (redoble de tambores): “Apelativo Prohibido”. ¿Será “Chavista”? O quizá, ¿”Melista”? Espero que no, porque entonces los revisados en los aeropuertos en búsqueda de “la cuarta de Mel” en los lugares anatómicos más escondidos, seremos los hondureños. Tenga buen día.

viernes, 29 de mayo de 2009


De Cómo el terremoto me quitó el miedo


"Dios es nuestro refugio y fortaleza,
socorro siempre a mano en momentos de angustia.
Por eso, si hay temblor no temeremos,
o si al fondo del mar caen los montes;
aunque sus aguas rujan y se encrespen
y los montes a su ímpetu retiemblen".
Salmos 46:1-3. Biblia Latinoamericana

¿Donde estaba? Ah, si: Hace dos días. Por la madrugada. Entré al quirófano; obedeciendo instrucciones de la enfermera instrumentista (¿o era la circulante?) me paso a la cama de operaciones. No siento miedo. Pienso en la teleología divina. Ya no oro tanto como antes; ahora solo siento Su presencia, acompañándome. Yo, como siempre en los últimos años, me dejo llevar, no me resisto, soy una veleta impulsada por el suave viento divino. La teleología me conforta. He estado muchas veces en sala de operaciones, pero por primera vez acostado, no deja de extrañarme la falta de miedo, pero no lo siento. Pienso: En el peor caso, me muero, y pronto estaré en Su presencia eterna. Si sobrevivo, continuaré sirviendo a Dios y a mis semejantes, y cumpliré mi propósito aquí. Recuerdo a un compañero del Internado de Medicina, que murió durante una cirugía de apendicitis. No me importa. De cualquier manera es ganancia: quisiera explorar y entender algunas cosas del más allá. ¿Y si tuviera una experiencia cercana a la muerte? Sería sumamente interesante ir, venir, contar e intentar interpretar. Creer en Dios es una buena apuesta.
La enfermera, cadenciosamente, me extiende los brazos y me los amarra, y obedezco sumiso. Entra un médico. Me saluda: ¿Como estás, Edwin? Yo lo conozco, es mi amigo pero en ese momento lo confundo con un antiguo maestro. ¿Cómo reconocerlo con el disfraz completo de sala de operaciones? El no repara en eso. Hola Doctor, le digo. Me contesta diciéndome que estoy en buenas manos, señalando a la Gran Jefa cirujana. Entra el Dr. Banegas (anestesiólogo) quien también es mi amigo. Intercambiamos unas palabras. Segundos después, se apaga la luz…
Se enciende la luz. Siento un intenso dolor en mi fosa ilíaca derecha, en el sitio donde otrora residiera mi ex apéndice. Me agito un poco del dolor. Grito: ¡Me duele, pónganme demerol, o morfina!!! No me paran bola. ¡Si no me ponen algo me escapo, me están maltratando!!! Grito. Cosa extraña: por alguna razón, en ese momento ya se quien es mi amigo médico: Allan Gutiérrez, aunque no lo veo por allí. Hasta hoy, en este momento, reparo en el asunto, pero de alguna manera mientras me encontraba bajo el efecto de la anestesia, lo reconocí. Tengo una hipótesis: como investigador siempre hay en mí una curiosidad activada, subconsciente, interesada en conocer mis propias reacciones ante una situación que aunque traumática, novedosa, lo que me hace percibir la realidad casi intuitivamente, aun bajo el efecto del halotane (enfluorane, etrane, metoxifluorane, o como se llame).
¡Gutiérrez!!! Grito. ¡Necesito demerol, que me muero del dolor! No gritaba de agitación sino de dolor de verdad. Llegó una enfermera con una jeringa, me ladee a la izquierda y me aplicó la inyección en el glúteo derecho. Segundos después, se apaga la luz...
¿Se ha fijado en las películas? Termina una escena. Luego, comienza otra escena, tal vez mucho tiempo después. Pero entre las dos escenas no ha transcurrido el tiempo. Así se siente. Las personas que han sido intervenidas quirúrgicamente o que han estado en coma saben de lo que estoy hablando.
Se enciende la luz. Estoy en la habitación. Está mi papá, que recientemente veo muy poco, y gran parte de mi familia. Mi papá hace algunas bromas sobre mi condición (creo, no recuerdo muy bien). Segundos después se apaga la luz. Al salir el sol, me despierto casi normalmente, siento algo de dolor, pero no es excesivo. Por momentos me siento, pero debo ser ayudado siempre. Me ponen de pie como quien para una tabla. Tengo muchísimo miedo de dañarme la herida. Paso el resto del día como en el limbo de lo perdido. Estoy aburrido, aunque pienso que nada, comparado con los largos días en los que me mantuvieron secuestrado, hace más de 10 años. Tengo un apetito atroz, pero no puedo comer por orden médica. Me robo unas cuantas uvas y cacahuates. Llega la noche. Me acuesto. Tengo un sueño superficial.
A la altura de la madrugada comienza a temblar la cama, luego toda la habitación. De inmediato me doy cuenta de que se trata de un terremoto. Sin pensarlo y de forma automática me incorporo, corro, tomo el teléfono, llamo y me contesta mi hermano. Me indica que el, mis hijos y el resto de la familia están afuera de la casa. Bien, le digo, y cuelgo. En ese momento recordé que estaba recién operado. Se me fue el miedo. En adelante me incorporaría de la cama con naturalidad, casi normalmente. Se me ocurre que el miedo paraliza, anula grandes proyectos y hace que grandes mentes fracasen. No voy a tener miedo, me digo. Por la mañana, mi doctora cirujana me indica que deberé tener un mes de incapacidad, lo que me parece excesivo. Yo se que estaré ejercitándome en la mitad de ese tiempo. Comenzaré a dar mis clases la próxima semana. Iré a la clínica pasado mañana, mañana me entrevistarán de “hablemos claro” y canal 10.
A pesar del terremoto de 7.1 en la escala de Rischter no siento miedo por las replicas. El único pequeño temor que me embarga por momentos es por el estado del embalse “El Cajón”, pero pronto me informo que no sufrió ningún daño. Veo una entrevista al Dr. Arturo Bendaña, quien asegura con gran convicción que el estadio Olímpico se encuentra intacto. Las cámaras muestran otra cosa. Estoy ciego –pienso- o las cámaras están dañadas. Lo mismo dicen del edificio de los Juzgados. Daños arquitectónicos, pero no estructurales, dicen. Las imágenes muestran daños severos en algunas columnas. Entonces pienso: las columnas no son parte de la estructura, son de adorno. Verán, en un tiempo mi ignorancia en asuntos de arquitectura me hizo suponer que las columnas soportaban gran parte del peso del segundo piso. Ya salí de mi error, y el edificio estará reparado en dos días.
Milagro: muchos se han olvidado de la cuarta urna. Yo no. Comento el blog de Miguel de Arriba. De hecho lo comento dos veces. Les aconsejo a los lectores inteligentes que se olviden de la cuarta urna, y me doy cuenta de que ya caí en el juego circular sin salida. Hoy jueves ya es de madrugada, pero como mi ritmo circadiano se encuentra trastocado, no me puedo dormir. Les iba a comenzar a ilustrar mi novedosa propuesta de una teoría de la evolución de los sistemas vivientes hacia la complejidad. Darwin estaría orgulloso de mí. Entonces no se hubiera llamado la teoría de Darwin y Wallace, sino de Darwin y Herrera-Paz. Creo que ya estoy soñando despierto (alucinaciones hipnogógicas, diría mi profesor de medicina psicosomática). No tengo ganas ni de conquistar la cama, no digamos al mundo. Otro día les hablaré de mi teoría. Ya la luz se va a apagar.

jueves, 28 de mayo de 2009


De los sistemas complejos o: !Que duele la apendicitis!

Y el Gobierno dijo: "Sea la cuarta urna". Y un poderoso dijo: "No sea la cuarta urna". Y el sabio dijo, "ni sea, ni no sea, ni todo lo contrario. Esas ecuaciones tienen una familia de posibles soluciones. Busquemoslas."

Durante los miles de años como cazadores, los machos humanos desarrollaron técnicas de curación de traumatismos. En tiempos de cacería, no era raro que un macho resultara herido ante la actitud de defensa de las gigantescas presas, quienes con sus poderosos ataques inflingían tremendas heridas en diferentes partes de la anatomía del cazador. En esos tiempos las guerras entre machos de grupos rivales por el dominio de territorios de caza no eran infrecuentes, y las bajas podrían representar una importante merma en la capacidad del grupo, por lo que los enfrentamientos propiciaron el hecho de que aquellos individuos con conocimientos de curación fueran muy apreciados como compañeros. Fue así como los machos desarrollaron toda suerte de artilugios quirúrgicos para intentar paliar las grandes heridas, fracturas, etc. Esta conducta evolucionó hasta especializarse en lo que es la actual rama de las ciencias biomédicas llamada cirugía.

Hace dos días, mientras fraguaba un plan para conquistar al mundo un pequeño dolor abdominal comenzó a molestarme. Al llegar la madrugada el dolor se hizo intenso, y a pesar de mi negativa de visitar una clínica (no confío mucho en los médicos), ante la insistencia de mi familia tuve que ceder. Una vez dentro de la sala de emergencias, indefenso a merced de los médicos, se me ocurrió llamar a mi amigo José Edgardo Molina, quien es radiólogo y maneja muy bien toda suerte de maquinitas tipo Nintendo. José Edgardo me examinó con una maquinita intergaláctica ecográfica con lucecitas LED de última generación (ultrasonido). Me indicó que mi salud abdominal era envidiable: ni trazas de hígado graso, vesícula saludable, sin litos, páncreas normal y saludable, riñones y vías urinarias normales, prostata pequeña (con una larga vida útil todavía), etc. Yo le dije que no me extrañaba, ya que mi buena alimentación y actividad física de alto desempeño aunadas al privilegiado genoma hacían que no pudiera ser de otra forma. Entonces me dice mi amigo: “el único problema es que el apéndice está agrandado a 10 mm de diámetro, se observa una obstrucción y hay sombra posterior, lo que indica sin lugar a dudas que se trata de una apendicitis”. Al instante reaccioné, diciéndole que no podía ser, que lo primero que desaparece en un cuadro de apendicitis es el apetito, y mi voraz apetito había hecho que devorara dos hermosos mangos marca Jade solo un par de horas antes.

En el término de milésimas de segundo y sin dejarme mediar palabra adicional, una enfermera me vistió con una linda bata multicolor que hirió mi orgullo de macho alfa hasta lo más profundo. Instantes después me conducían en una camilla al quirófano. A los cirujanos de guardia ese día, los conozco a todos: imponentes machos cazadores-curanderos, en los que los compañeros de caza o batalla pueden confiar. Pero sorpresa, de pronto entra, no un macho cazador, sino una hembra recolectora, lo que aumentó mis sensaciones de incorporeidad, despersonalización y extrañeza que muy a menudo lo invaden a uno en momentos como ese.

Debo confesar que fue más mi sorpresa cuando me di cuenta de lo buena cirujana que es la doctora. Claro, la Doctora Carolina además de ser recolectora, es una buena cazadora y practicante de ejercicios de alto desempeño; con una ventaja adicional, debo resaltar: al ser recolectora es también detallista, por lo que mi herida quirúrgica está bien disimulada con una linda, pequeña y casi imperceptible sutura subcuticular. Y es que en el devenir de los tiempos y generaciones las recolectoras no han dejado de sorprender a los cazadores una y otra vez con su versatilidad y multifacetismo (¿existe esta última palabra? Bueno, si existe “multifacética” la otra también tiene que existir; como me dijo un amigo recientemente, el castellano es hermoso).

A propósito de recolectoras, quiero aprovechar para comenzar mi exposición sobre los sistemas complejos vivos y su evolución hacia la complejidad. La sociedad humana mundial es un organismo vivo complejo (cuando dé mi definición de organismo vivo complejo sabrán por qué) el cual evoluciona hacia un estado más organizado y elaborado en virtud del aumento de velocidad del transporte de información (comunicación) entre sus elementos, y a procesos alternos de centralización-decetralización. Esto no es exclusivo del organismo llamado sociedad-global. En los organismos de nivel inferior a este, llamados individuos, se registra el mismo fenómeno. La mejora en las comunicaciones entre diferentes órganos en virtud del desarrollo de estructuras de conducción y procesamiento eléctrico (nervios y estructuras neurales) ha permitido el desarrollo de los individuos hacia estados de creciente complejidad.

Si usted lee este blog por diversión, llegue hasta aquí. Si usted es un miembro de las múltiples especies de elites intelectuales, siga leyendo. Aunque la introducción de esta entrada sugiere el tema de la cuarta urna, en realidad no es así: se refiere a que un conjunto de problemas en los sistemas complejos (llamados ecuaciones diferenciales) presentan, no una sola solución, sino una familia de múltiples soluciones que hacen que el resultado final sea impredecible, incierto y siga las reglas de la teoría del caos. Por ejemplo, en una sociedad cada problema tiene un conjunto de soluciones, algunas mejores que otras. Las interaciones entre las diferentes soluciones escogidas es complejo, y producen un resultado incierto (por lo que perdemos el tiempo hablando todo el tiempo de cual de las dos posibles soluciones a la opción binaria de la cuarta urna es el correcto, cuando el número de problemas de nuestra sociedad hondureña es muy grande, de tal manera que no se buscan los conjuntos de "mejores soluciones". El efecto hiptotizador de los llamados "distractores" es en este caso el culpable, por lo que al menos la elite intelectual debería traer otros temas a discusión).


He dejado entrever una parte de mi teoría que involucra las comunicaciones entre los diferentes elementos de un sistema. Comenzaré aquí exponiendo la definición ostensiva de "nivel de complejidad" en el contexto de los sistemas complejos vivos. Las proteínas son los bloques básicos con los que está construido un organismo vivo. Las proteínas serán entonces el primer nivel. Las proteínas se diferencian entre si para realizar diferentes funciones. Con frecuencia, estas se asocian con otras proteínas en una relación de interdependencia para formar el siguiente nivel: las máquinas moleculares llamadas organelas. Las organelas se especializan en tareas específicas, y se asocian con otras organelas para formar células. En la actualidad hay individuos unicelulares, con existencia propia, pero el siguiente nivel involucra la especialización de células que realizan labores específicas, asociadas para formar órganos. Una población de células independientes, en los que encontramos especializaciones rudimentarias que asemejan un órgano rudimentario la podemos ver en los biofilms. Bien, los órganos se especializan y relacionan para formar individuos multicelulares (el siguiente nivel), los individuos se relacionan para formar comunidades, las comunidades se relacionan para formar ciudades, las ciudades forman estados, los estados forman comunidades de estados, las comunidades de estados forman la sociedad mundial, las sociedades de diferentes planetas (cuando los conquistemos y poblemos) formarán sociedades interplanetarias, etc. etc. Aunque aquí el concepto se utiliza basándonos en las comunidades humanas, se puede extrapolar para cualquier sistema vivo. De hecho, los ecosistemas son también sistemas complejos vivos.

Cada uno de esos niveles involucra un organismo por derecho propio, que seguirá las mismas leyes del crecimiento, merced de que el crecimiento hacia la complejidad obedece a causas económicas que dominan todos los niveles de complejidad. Diferentes sistemas vivos se traslapan, y un elemento puede formar parte de mas de un sistema vivo. Por ejemplo, el conjunto de nosotros, nuestra flora bacteriana y nuestra fauna microscópica, cada uno un sistema vivo complejo, se traslapa con el sistema completo (ecosistema) y se vuelve indiferenciable. Los organismos que llamaré “países-estado” se traslapan con los organismos “corporaciones internacionales”. De hecho, en la actualidad estamos viendo una tendencias de los segundos a aventajar a los primeros debido a la mejora en las comunicaciones entre individuos (elementos) distantes, lo que permite un crecimiento más acelerado. Bien, ahora que están claros los conceptos de “nivel” y “organismo”, definiré “sistema complejo”, y posteriormente “sistema complejo vivo”. Ponga atención particularmente a que mi concepto de “organismo” es muy diferente al de “individuo”.

Sistema complejo es aquel “compuesto por varias partes interconectadas o entrelazadas cuyos vínculos contienen información adicional y oculta al observador. Como resultado de las interacciones entre elementos, surgen propiedades nuevas que no pueden explicarse a partir de las propiedades de los elementos aislados. Dichas propiedades se denominan propiedades emergentes”. Esta definición no es mía, es la que ofrece Wikipedia y me pareció bastante concisa y aceptable, y refiero al lector a esta enciclopedia en línea para una detallada descripción de las características de estos sistemas. La clave es la palabra “vínculos”, a los que en adelante me referiré como “relaciones”, que me parece más apropiada.

Definiré un “sistema complejo vivo” como aquel que cumple en todas sus partes la definición de sistema, pero que además sus elementos, o los elementos de alguno de sus niveles inferiores caen dentro de la definición convencional de organismo vivo (el “o” en negritas es a propósito). Además, un sistema complejo vivo es sinónimo de organismo, según mis definiciones. Este abordaje de los sistemas vivos no es novedoso, pero si lo es el considerar cada nivel como organismo, y en especial, las leyes generales del crecimiento, que expondré en una próxima entrada. Espero que mi amiga la Doctora Valladares, a quien le gusta que yo sea un “sistema vivo complejo payaso” no se haya aburrido tanto. Yo me voy a ¡tratar de conquistar al munnndo!!!

martes, 26 de mayo de 2009


De Sistemas Complejos, Entidades Malignas y la Segunda Ley

En un futuro no muy lejano, cada red de computadoras planetaria estará conectada a otras redes similares. Los seres humanos estarán conectados en tiempo real a la base de datos de esta enorme red de redes: la red recibirá entradas sobre el estado de cada persona, los medioambientes, el trafico en cada lugar, al igual que el interplanetario e intergaláctico, y realizará las decisiones necesarias para mantener un estado de homeostasis en la galaxia (y probablemente en gran parte del universo). El resultado será niveles de inteligencia y conciencia (hiper inteligencia e hiperconciencia) paulatinamente superiores (como si de un hipertallo cerebral se tratara) generando una voluntad superior que trascenderá los limites de nuestra imaginación actual.

Hace algún tiempo, una de mis alumnas (Diana), en la glamorosa, entretenida, carismática y excelentemente bien impartida pero nunca bien ponderada clase de Genética de la facultad de Medicina me preguntó: “Doctor, ¿que hay de cierto de que usted tiene 49 años?” Yo, que solo tengo 42, hice un puchero y pensé en la mejor manera de alterar negativamente su calificación. Luego caí en la cuenta de lo que pasaba (racionalización, diría Freud): para Diana, a su tierna edad de 18 o 19 años, la ancianidad comienza a los 40, así que para ella da lo mismo 42 o 49. Inferí que lo que realmente había pasado era que alguien le había comentado a Diana que el profesor de genética, que parece un pichón de 30, tiene en realidad más de 40. Yo le digo ahora: no Diana, no tengo un retrato como el de Dorian Gray, que envejece por mí. Es que la edad biológica no siempre concuerda con la cronológica: la primera será menor siempre y cuando se tenga una actividad atlética adecuada, dieta balanceada y (lo esencial) un acerbo genético fabulosamente privilegiado. Después de esta exuberante muestra de falta de modestia que bordea la megalomanía (narciso, diría un psiquiatra amigo mío) procedo al tema que me trae (aunque no lo crea, la actitud la aprendí de mi Pastor). Ah, y su usted cree que soy megalómano es porque no ha leído la columna de Paulo Coelho (con respeto y cariño).

Hace unos momentos busqué el significado de “flauta de Pan”, ya que mi hijo es aficionado a los instrumentos de viento y me preguntó qué significa la frase. En lo primero que pensé fue en unos ricos panes alargados que venden en una repostería de la ciudad, pero ante mi ignorancia decidí consultar la internet. Resulta que Pan era un pequeño ser de las profundidades de la tierra de la mitología griega, de donde se tomó la imagen que representaba al Diablo (Satanás, Belcebub, Caligastía, La Bestia o como quiera usted llamarle) ya que poseía cuernos (igual que un amigo mío), y le gustaba tomar mucho licor, tocar la flauta y corretear a las mujeres (igual que otro amigo). El hedónico personaje representaba todo lo opuesto a lo deseable para un cristiano. La flauta de Pan toma de él su nombre. Bien, ya salí de la duda.

Como lo que sigue a continuación es bien serio, le pido a mi amiga Doctora Valladares que me tenga paciencia, ya que dejaré la payasada por un momento. Quiero hablarles algo de mi hermenéutica. Como la complemento con explicaciones científicas racionales la llamo mi “hermenéutica científica”. En alguna ocasión he dicho que Dios no altera las Leyes creadas por Él mismo. Bien, no siempre es esto así. En determinados eventos Dios hace derroche de su poder en los llamados milagros. Algunas veces los médicos somos testigos de curaciones sin explicación, bien documentadas. Otras veces los creyentes somos testigos de sucesos improbables pero que ocurren en nuestro beneficio, o en beneficio de un grupo de personas y en tiempos relativamente cortos. Sea que ese poder esté dosificado utilizando la incertidumbre, o que se manifieste en un evento asombroso, la característica común es que actúa siempre en el aumento de la cohesión de los elementos, sean estos elementos partes constituyentes de nuestro cuerpo, elementos de la sociedad, etc.

He dicho anteriormente que los sistemas complejos constan de elementos, y, más importante aun, de relaciones entre estos elementos, invisibles a simple vista, pero que en conjunto forman un todo con propiedades particulares que hacen que el sistema adquiera las llamadas propiedades emergentes. Un grupo de proteínas actuando conjuntamente para realizar un trabajo (una holoenzima, por ejemplo) necesita que se forme un fuerte vinculo entre cada proteína. Este vínculo lo da la forma espacial (tridimensional) de las moléculas y las fuerzas electrostáticas, de manera que algunas regiones de la proteína son complementarias con regiones de otra proteína (esas regiones, en lenguaje técnico se denominan “dominios de unión a proteínas”). Los complejos de proteínas forman entonces pequeños pero complejos, potentes y eficientes motores moleculares.

Bien, las bacterias se relacionan unas con otras por medio de señales químicas (llamadas quimiotrópicas o quimiotaxicas), o directamente a través de un pelo sexual, transmitiéndose unas a otras fragmentos de ADN importantes para su supervivencia. Las células en los organismos multicelulares se comunican de diversas formas: directamente por medio de moléculas de adherencia o de la unión de receptores y ligandos, o a distancia por medio de substancias hormonales o de impulsos eléctricos. Sin duda, estas complejas relaciones forman un organismo con una individualidad definida, con un conjunto de propiedades y comportamiento que no puede reducirse al estudio de las células por si mismas.

Los individuos (hablaré de los humanos, pero muchas características son compartidas a lo largo de todo el reino animal, pero ese será el tema de otra entrada) se relacionan entre sí por medio de un intrincado y complejo código de interacción social. Ahora bien, la fuerza más potente de relación entre los individuos es el llamado amor. Esa fuerza, que todos conocemos pero que nadie puede definir con exactitud, es la que mantiene a las sociedades unidas como un todo. Indiscutiblemente hay otras fuerzas y relaciones, pero por mucho, el amor es la más potente.

¿Y que hay del mal? ¿Qué hay de las entidades malignas? Bien, tal vez existan en el mundo espiritual, pero este universo necesita poco de ellas. Basta con la omnipresente “Segunda Ley de la Termodinámica” para llevar a los sistemas complejos a la destrucción. ¿Qué es la segunda Ley? Aquella que predice que a usted le tomará toda la tarde arreglar el dormitorio que en solo 5 minutos desordenará su hija de 3 años; o la que hace que una población Japonesa, a la que la que el progreso tomó cientos o miles de años en formar, sea vaporizada en unos cuantos segundos; o la que hace que su cuerpo, una maravilla de ingeniería moldeada por millones de años de evolución, sea atacada por un cáncer. El cáncer en este caso, es una mutación aleatoria que desorganiza en un momento el genoma, que necesito cientos de millones de años en organizarse; o la que hace que en los gobiernos haya corrupción, en las ciudades crimen, en los países guerras, etc. La Segunda Ley es un concepto físico que predice que la energía organizada, aquella que sirve para crear trabajo y aumentar la complejidad, se termina perdiendo en forma de calor uniformemente distribuido, un tipo de energía que ya no sirve para nada. Entonces, a los agentes del lado oscuro les resulta fácil: solo un empujoncito, y ya.

Todos los acontecimientos mencionados son destructivos o disruptivos de los sistemas complejos de los que nosotros formamos parte. Pero ¿para qué guiaría o permitiría Dios la creación de sistemas complejos vivos, capaces de burlar (en apariencia) la segunda ley creciendo en niveles de progresiva complejidad? Bien, pues la respuesta, para mi, parece ser bastante obvia, y la expongo a continuación.

La segunda ley predice la muerte del universo. ¿De que manera? Los físicos dicen que depende de la cantidad de masa en el universo. Si esta es suficiente para frenar su expansión, el universo se extinguirá en un gigantesco Big Crunch, lo cual es opuesto al momento de la creación, o Big Bang. Si la masa es insuficiente, entonces el universo tendrá un final inerte, lleno de agujeros negros y calor, pero en cualquier caso el final es la muerte. Al ser los sistemas complejos capaces de contrarrestar la segunda ley, podremos (espero que nos toque a nosotros), eventualmente, en algún futuro, de tiempo difícil de determinar, al lograr comprender por entero las leyes que rigen el universo, desarrollar la tecnología para superar ese reto, salvando la preciosa creación de Dios (mis profesores me dijeron que pensara en grande ¿no?).

De allí es inmediato que toda intervención divina estará acorde con este plan cósmico, y cada uno de nosotros es parte, aunque muy pequeña, de ese plan perfecto y eterno. Es posible que el experimento del universo se haya realizado muchas veces, que en otras ocasiones no se haya desarrollado la vida por completo. En nuestro universo, aquí, ahora, tenemos la oportunidad de ser parte de ese grandioso plan, de ser puente entre generaciones, predecesores de una superraza humana, longeva, de inteligencia superior, de cualidades físicas inimaginables hoy en día, capaz de poblar otras galaxias y formar sistemas poblacionales intergalácticos con propiedades emergentes que incluirían una inteligencia que domine el universo y sus fuerzas. Dios nos ayuda en esa dirección. Desde luego, estamos limitados tanto física como temporalmente para comprender todo el panorama de eventos, y cuando hablo de limitación física, hablo de espacio como de escala. No podemos apreciar el panorama a escala cuántica ni a escala cósmica; nuestra limitación espacial nos permite analizar únicamente sucesos aislados. Esto nos hace pensar que algunas veces Dios no nos escucha, cuando lo que ocurre es que lo que pedimos no encaja en el rompecabezas que Dios está armando con nuestra ayuda. Esto no será así en niveles de gran complejidad. Los hiperorganismos serán capaces de vislumbrar esquemas a niveles galácticos, e incluso cósmicos, y realizar predicciones y simulaciones de escalas de tiempo enormes.

Para tan grande y titánica tarea (la conquista y salvación del universo), Dios, utilizando la evolución, dirigida por intervenciones breves, nos proveyó de dos herramientas esenciales: El intelecto, y la fe. El intelecto nos garantiza que encontraremos soluciones a cada problema, y la fe mueve la mano de Dios hacia una mayor complejidad. Einstein dijo: “la ciencia sin la religión (yo diría fe), es coja; la religión sin la ciencia, es ciega. Ambas, la religión como la fe, son propiedades emergentes de los sistemas complejos que llamamos “cerebros humanos”.

¿Cuál es nuestro papel entonces en nuestro limitado nivel de complejidad? Las enseñanzas de Jesús (sobre el reino en la tierra) van encaminadas a la comunión y el acercamiento de los seres humanos con Dios, y los unos con los otros. En una iglesia unida, la oración de fe es muy poderosa. Aunque siempre habrá diferencias entre las personas, en la oración congregacional se produce un poderoso vector de fe en la dirección del propósito de Dios. Las escrituras instruyen a los creyentes a ser luz en un mundo de oscuridad. Desde luego, al ser esta verdad revelada no necesita demostración científica; sin embargo este es un modesto intento de darle algún tipo de explicación (ahora sí, humilde ¿verdad?). En próximas entradas describiré mi teoría de los sistemas complejos vivos, y como ya me intimidó la grandeza del universo, me limitaré por el momento a tratar de conquistar al mundo. El universo, luego veremos.
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