Sucesos, Vida de Fe y Cristianismo en Honduras

jueves, 11 de junio de 2009


Creer o no creer, esa es la cuestión

Entonces, acercándose Pedro, díjole: «Señor ¿cuántas veces pecará contra mí mi hermano y le perdonaré? ¿hasta siete veces?»

Dícele Jesús: "No te digo: hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete." Mateo 18:21,22. Biblia Septuaginta.

Hola. Bien, yo por buen camino tratando de conquistar al mundo. Ahora solo dejaré que trabaje por mi la Ley de los rendimientos crecientes, y luego haré que… No, no. Ya les he revelado suficiente. Hoy quiero contarles una pequeña historia. O, ¿será histeria? Más bien, la histeria de mi historia. Jah, este juego de palabras me lo enseñó un amigo. ¿No es genial? Aunque ya no recuerdo si es más bien la historia de mi histeria (ya me enredé). Mejor solo les cuento.

Hace mucho tiempo, cuando yo era pequeño (bueno, no tanto tiempo), me encantaban las ciencias, en especial la física, por el hecho de que describen el mundo con bastante exactitud. Además me gustaba escribir. Gané por varios años el concurso de cuento en mi escuela. En el último año gané el concurso nacional intercolegial de cuento. Recuerdo que en el momento en que me dijeron del concurso, me puse a escribir. Tocaron la campana y la siguiente clase era de química. Debíamos cocinar una cosa para probar algo sobre el calor. Yo me encontraba tan imbuido en la escritura que no levanté la cabeza a pesar de los regaños de la profesora.

Al llegar a la casa, continué escribiendo, hasta que terminé el cuento. Al día siguiente, se lo entregué a la profesora quien al instante lo leyó y me preguntó: “¿Quien le escribió esto?” Yo me sentí humillado, pensando si ella conocía a alguien más que podría escribir algo así, pero como era un muchacho tímido solo alcancé a decir: “yo lo escribí”. Creo que a regañadientes lo envió al concurso, y lógicamente, ganó. Posteriormente fue publicado en una revista del Instituto Hondureño de Cultura Hispánica. Eso me hace pensar en que ya no quiero el Nóbel, que se lo dan a uno bien viejito. Mejor el Pulitzer. Hablando de megalómanos, leí no hace mucho que el Presidente Chávez no quiere debatir con Mario Vargas Llosa porque dice que Vargas Llosa, lo que quiere es “ranquearse”, o sea, subir de clasificación, lo que significa, según el Presidente Chávez, que el escritor quiere hacerse famoso a costa del presidente. ¡Las cosas que oye uno en este mundo! Claro, es parte del humor del Presidente para así no debatir, y aparte salir bien librado.

Sigo con mi histeria. No era la primera vez que ganaba un concurso para mi escuela. Hacía solo un año había ganado un concurso de arte intercolegial ejecutando la guitarra. Verán, en ese tiempo yo no sabía que era ratón genio, y además no lo parecía por lo dolorosamente bien parecido que era (aunque a decir verdad a pesar de mi edad continuo siendo, porque ya les he dicho que el acerbo genético privilegiado… bueno, mejor no divago tanto). Mi timidez no me dejaba hablarle a las muchachas que me gustaban, más bien las muchachas me hablaban a mi. Pero si me gustaba mucho la muchacha, me sonrojaba y tartamudeaba (eso me salió en verso). Además de tímido, creo que tenía un ligero complejo de inferioridad. Y esto que les estoy contando me hace pensar, ¿Cuántas mentes brillantes se perderán en nuestra Honduras? Y eso por la falta de un adecuado sistema de canalización de estos cerebros, que deberían estar siendo preparados para resolver los grandes problemas de la nación (iluso, me dijo alguien. Mejor regrésese a Colombia).

Continúo con mi histeria. Gran parte de mis estudios superiores los pasé “viviendo la vida loca”, confiando en mi genialidad para pasar las clases. La timidez, la logré vencer en gran parte (había muchos peces en el océano, si usted me entiende, jaja). Un porcentaje importante de mi tiempo lo invertía en devorar cuanto libro de divulgación científica o filosofía de la ciencia cayera en mis manos. En contraposición, la religión me parecía tediosa, aburrida, pesada, fastidiosa, molesta, latosa y cargada. Cuando pequeñito ya habiendo hecho la primera comunión, me preguntaba que para qué rayos servía eso, que para qué le va a contar intimidades uno a alguien. Les confieso que no me volví a confesar. Tomaba la hostia, y me sabía toda la rutina o ritual de la misa, pero no entendía ni papa. No le veía sentido.

En cuanto a escribir, me olvidé de eso desde que entré a la universidad. No escribía ni para tomar notas (me dolía la mano, y de hecho, aun me duele). Es hasta recientemente que he escrito algunos artículos para diario Tiempo de mi ciudad, nada de tanta importancia, pero con cariño y debido a la fabulosa tecnología moderna. Ahora estoy aquí, escribiendo en solitario porque me picó el gusanito de escribir. Me llamaron recientemente pseudointelectual y todólogo en un blog que comenté. Yo prefiero “llanero solitario”, “alma bohemia” o simplemente, “romántico incurable”. Estos términos me suenan más bonito.

Al llegar a la adultez ya estaba bien encarrilado en lo que sería mi filosofía de la vida, de la ciencia y la religión. No fue sino hasta recientemente que me di cuenta que el término que mejor me describía era el de “agnóstico”, que es alguien que no niega a Dios simple y sencillamente porque no puede probar que no existe. Obviamente, tampoco puede probar lo contrario, así que prefiere estar en el medio. Pero hay un espectro en cuanto al agnosticismo que va del que cree un poco pero no está seguro, hasta aquel que no cree en nada, pero tal vez, puede ser, si se pudiera remotamente probar. Este último tipo se encuentra cerca de ser ateo, sin serlo del todo. Yo pertenecía a esta categoría.

Después de un tiempo me volví experto en la discusión sobre religión. Me sabía todos los argumentos en contra de la existencia de Dios. Pensaba que la religión era una de las culpables de los grandes males de la humanidad, como las guerras. Recordaba las cruzadas y el tiempo de atraso científico durante el llamado oscurantismo, cuando la Santa Inquisición acabó con la vida de muchas mujeres en Europa y América y atrasó el avance de la ciencia por siglos. Creía firmemente que los hombres que se metían a Pastores era porque el pastorado es un buen negocio, y que en lo que mejor se preparaban era en bajarle el dinerito a la gente.

Ahora, años después ya no tengo un pensamiento tan simplista. Soy servidor en mi Iglesia, y aunque se que en todos los gremios, profesiones o asociaciones hay individuos con intenciones malas o egoístas, ya no juzgo a la ligera. Además me cuido de no emitir juicios contra instituciones, ni manchar sus nombres, cuando las malas acciones son debidas únicamente a unos cuantos individuos. Y es que el error se nota: si pecamos o nos equivocamos, todos se dan cuenta; si hacemos buenas obras, estas pasaran muy probablemente desapercibidas. Es por eso que los periódicos publican una buena noticia por cada diez malas.

Si bien es cierto que algunas denominaciones religiosas han caído históricamente en el fanatismo, y que algunas guerras se han desencadenado con la religión como pretexto, es mucho más lo que esta última ha hecho por el bienestar de las sociedades. Aun en nuestra Honduras, muchos ignoran cómo las iglesias dan apoyo al prójimo en necesidad. Y si algún error se comete las mismas escrituras nos ordenan: “perdonar cada día 7 veces 7”, ya que el error es humano, y el ser humano solo es un contenedor imperfecto del espíritu perfecto de Dios. Misericordia para con los hombres, confianza solo en Dios.

Hoy en día, me cuido incluso de no criticar con demasiada vehemencia aquellas cosas en las que no estoy de acuerdo, ya que como mortal limitado en un punto del espacio-tiempo infinito siempre se me escapará alguna evidencia, algún parámetro. Estamos restringidos a ver solo una parte del panorama. Siempre habrá algo, sobre cualquier asunto, que no vamos a saber, por muy grandes, preparados, genios o potentados que seamos. Los sistemas complejos son muy complejos, y solo nos queda intentar comprender generalidades o detalles específicos, pero el todo se nos escapa. Aunque inventásemos o nos convirtiésemos en el demonio de Maxwell o Laplace, aun tendríamos, en principio, un 50% de indeterminismo, que Dios utilizará para su intervención sin perturbar las Leyes físicas. Aunque encontrásemos o inventásemos la gran teoría unificada, aun quedarán las condiciones más allá de la frontera de nuestro universo físico, que Dios a reservado para sí mismo (claro, estas son conjeturas mías).

¿Ve? Como dice mi amigo Edgardo Molina (el Radiólogo): La lengua no sirve para nada (aunque personalmente pienso que se le pueden asignar ciertos usos interesantes). De ahora en adelante, cuando emita un juicio severo sobre alguien o algo, o cuando tenga una posición absolutamente definida, piense que hay más cosas que usted no sabe sobre el asunto que las que sabe. Piense dos veces. Que tenga un feliz día.


Música para Dios

¿Qué hace de la música un arte tan especial?

Siempre me ha intrigado la manera en la que las notas musicales, que sueltas no tienen ningún significado, al juntarse en diversos ritmos y armonías se arman en una composición coherente, capaz de hacer imaginar historias y evocar situaciones con un importante componente emocional, como si de una trama escrita se tratara. Me gustan particularmente las composiciones clásicas del periodo romántico, las que pueden transportar al oyente a paisajes en los que nunca ha estado, y despertar combinaciones de sentimientos complejos.

Pondré como ejemplo, una melodía de la obra de Mendelsson denominada “Canciones sin Palabras”. La mencionada melodía me hace construir la siguiente situación: Una pareja de enamorados cuyo amor es prohibido, casi imposible. El es probablemente de la realeza, y ella de una hermosura incalculable. Tienen un encuentro en una cabaña o chalet en los fríos paisajes de los Alpes suizos. Un momento, un punto en el infinito del espacio tiempo, prodigándose todas las caricias que nunca más se podrán prodigar, obsequiándose mutuamente los besos de toda una vida, en ese instante; hablando, de tiempo en tiempo, todas las historias que no serán. Brutalmente romántico, y trágico. Esa tragedia que se repite en las vidas cotidianas de muchos mortales anónimos. Lo importante en la historia es ese momento, tocar la gloria y la evocación súbita, de un momento a otro, de lo trágicamente imposible.

Cada tipo de composición musical despierta diferentes emociones y teje diversas historias en nuestra mente. La música del período Barroco me parece, de manera básica, de una hermosura “perfecta”; la del período clásico, juguetona o emprendedora, pero es la música del período romántico la que activa mi imaginación y mis emociones más que ninguna.

Desde luego, como amante de la música también escucho composiciones contemporáneas. Nuestra marimba típica, particularmente, es de una brillantez y alegría contagiosa. Pero algo que yo, personalmente, elevaría a la categoría de pecado capital es que alguien confunda una pieza de Mendelsson con una de Marimba típica, como cuando mi querida cuñada me hablaba por teléfono mientras yo escuchaba una melodía en piano de Mendelsson y me dijo: “Que bonito suena esa marimba”. O la otra vez, en la que mientras manejaba escuchaba una melodía de Chopin que me hace pensar en guerreros fuera de sus hogares, en la batalla, y mi querida y nunca lo suficientemente bien ponderada cuñadita me dijo: “Ya me va a hacer dormir con esa música. ¿No tiene por casualidad un raeggeton?”. Sería más fácil para mí comprender a mi cuñadita si ella fuera de la generación X, de la Y, de la Z o de la generación Google, pero después de hacer algunas averiguaciones me enteré de que no solamente conoció los famosos Long Plays y discos de 45 revoluciones, hechos de vinilo, sino también las consolas y hasta las vitrolas. Según don Rafa y doña Yolanda (mis longevos suegros), la fiesta de 15 años de mi cuñada se la celebraron con una brillante y nueva vitrola marca Victor de última generación con discos de pasta; ese día todos los invitados (incluyendo sus lindas compañeras del María Auxiliadora) bailaron alegremente al ritmo del recien inventado Swing. Bueno, hay de sistemas complejos a sistemas complejos (incluyendo sistemas longevos), y los seres humanos caemos dentro de esa categoría.

Durante mucho tiempo de nuestra era denominada “después de Cristo”, en occidente se utilizó la música como objeto de alabanza y adoración a Dios, la denominada música sacra. Como cristiano protestante que soy, estoy de acuerdo en que la finalidad básica de la música es adorar a nuestro creador, pero no está mal de vez en cuando cantarle a Su creación, especialmente cuando esta es muy bonita, bien proporcionada y de amplias caderas. De cualquier manera, los hombres de ciencia se han maravillado con el efecto de la música sobre la mente humana; con esa interacción que trae como resultado un conjunto de complejas reacciones químicas que despiertan una combinación de sentimientos. Como el estudio de la ondulación producida por la música, al igual que de las notas musicales y sus características por si mismas no pueden anticipar ni explicar este efecto, una composición musical y su interacción con el que escucha puede ser considerado un sistema (no vivo ni tan complejo, por supuesto), interesante por las propiedades emergentes. Aunque lo mismo se puede decir de una composición literaria, es la música la reina cuando de aflorar una gama de sentimientos en el receptor se trata. Todavía nadie entiende que presiones evolutivas intervinieron para desarrollar el sentido musical en el humano. Tan así es que la revista Nature dedicó (el año antepasado) una serie de sus famosos ensayos a la música y el por qué de su existencia y sus efectos.

Sabemos de otras especies en las que una parte de su comportamiento se relaciona con la música, como las aves. Los delfines pueden crear una imagen compuesta a partir de las ondas de ultrasonido reflejadas en los objetos, pero no sabemos el efecto emotivo que despierta una serie compuesta de sonidos en sus mentes. Es interesante el hecho de que, para el ser humano, el sentido de la vista tiene prelación sobre el sentido del oído. Las cualidades de la realidad aprehendidas por medio de la vista son, por mucho, superiores en número y calidad a las aprehendidas por el oído, y sin embargo, ni la contemplación del más sublime de los retratos o lienzos puede equipararse a escuchar una pieza musical que toca nuestras fibras más íntimas. El nombre de la obra de Mendelsson que mencioné al principio lo dice todo: “Canciones sin palabras”. Música que habla, a nuestra mente conciente, nuestro tallo cerebral y aun a nuestro cuerpo, esto último representado por la danza.

¿Será que los seres humanos fuimos creados básicamente para alabar, adorar y exaltar a Dios por medio de la música? ¿Será que los seres vivos en general poseen cierta sensibilidad para la música? Es probable. Recordemos que las escrituras nos dicen: “todo lo que respira, alabe a Dios”. Como me ha sido posible comprobar, la alabanza y adoración a Dios abre los cielos, nos acerca al mundo espiritual y abona el camino para la oración de Fe.

Que tenga buen día.

miércoles, 10 de junio de 2009


El factor clave contra la cultura de la pobreza

Las generaciones humanas que habitan actualmente la tierra podrían ser testigos de una transición entre el Homo sapiens sapiens y el Homo evolutis: ser humano con capacidades enormes producto de las tecnologías genéticas y cibernéticas.

Me encuentro releyendo un libro de Marvin Barahona sobre la Historia de la identidad nacional. En uno de los capítulos describe la cultura de la pobreza en la población hondureña, producto de la falta de identidad originada por el mestizaje en tiempos de la colonia. Según Marvin Barahona y en pocas palabras, el mestizo no era ni indoamericano ni español (ni de aquí ni de allá) por lo que desarrolló un estilo de vida desordenado, sin tomar en cuenta líneas de autoridad y en donde la fe tenía poca cabida; en donde sobrevivían los más fuertes y los más vivos, los que tuvieran mayor habilidad para timar al prójimo. No dice que así fuera en todas las regiones del país, pero esta era más bien la norma, el origen de un tipo de cultura.

Ahora bien, en los estudios genéticos utilizando marcadores del ADN para rastrear tanto linajes masculinos (cromosoma Y) como femeninos (ADN mitocondrial) realizados a todo lo largo de Iberoamérica, desde México hasta Argentina y Chile han revelado, con variaciones locales, que nuestras madres fundadoras son en esencia de origen amerindio, y nuestros padres fundadores, españoles. En Honduras, la conquista y la colonia significaron una brutal disrupción de la vida indígena (la cual se encontraba cultural y genéticamente adaptada a los territorios de las Américas) mediante los procesos representados por las reducciones indígenas y el mestizaje. El indígena fue descrito por diversos cronistas españoles como haragán, apático e indiferente. Pero, ¿Cómo podía ser de otra forma si sus territorios y su forma de vida le fueron arrancados sin misericordia?

Hay que reconocer a la iglesia católica su contribución en el sentido de que, de no haber sido por la posibilidad que ofrecía para evangelizar a los indígenas estos, con mucha probabilidad, hubiesen sido exterminados completamente por los conquistadores. En contraste, en la mayor parte de Norteamérica colonizada por los británicos, las culturas indoamericanas locales fueron arrasadas casi por completo, lo que hizo que las poblaciones de colonos de los territorios que actualmente conforman Estados Unidos y Canadá fueran réplicas de las poblaciones Europeas. Al ser estas culturas milenarias y prósperas, al habitar los territorios ricos de América y al haber exterminado la población indígena, no tenían más que prosperar. En Latinoamérica, en cambio, los nuevos habitantes fueron los hijos de las indígenas humilladas, ultrajadas y utilizadas como incubadoras de los señores españoles. Díganme ustedes: ¿Qué actitud ante la vida heredarían estas mujeres a sus hijos? En Honduras la herencia fue, y no cabe duda, la cultura de la pobreza.

Si usted no cree que sea del todo cierto lo que digo, sintonice algún noticiero de las emisoras nacionales (HRN o Radio América). La frase que se escucha con más frecuencias en las llamadas del público es “nosotros los pobres”, como si la pobreza fuera una condición necesaria ligada a su humanidad, y no una situación temporal, franqueable y superable. Esta posición de inferioridad innata, implícita en el ser, nos ha convertido en los hermanos pobres del gigante del norte. Sus satélites, nos llaman.

Pero desde un punto de vista científico no existe en la realidad tal inferioridad, y eso lo demuestran día con día ilustres latinoamericanos que triunfan en los distintos campos del arte, la literatura, la ciencia, los deportes etc. De hecho, las poblaciones mezcladas presentan en su ADN un aumento de la llamada heterocigocidad, la cual es una medida de la variabilidad y hace a las poblaciones mezcladas más fuertes, resistentes y más adaptables a diferentes ambientes. Pero el enorme poder publicitario de los que tienen el dominio de los medios en el mundo nos ha hecho creer que somos seres atrasados, que nos merecemos vivir en la pobreza porque esa es nuestra naturaleza. Desde luego que esas cosas no se dicen, pero las imágenes y las actitudes hablan más que las palabras.

La cultura de la pobreza no es nada más que el vestigio de la disrupción ocasionado por la mezcla racial, pero dichos vestigios deben tender a desaparecer con las generaciones, como las ondas originadas en un estanque por alguna perturbación, que se van apaciguando. A mi entender, a valido la pena cada centímetro de sufrimiento, cada humillación de los latinoamericanos, con el solo hecho de haber podido salvar una diversidad genética tan valiosa. Estoy seguro que al profundizar en el estudio de la variabilidad genética de la humanidad (el denominado varioma humano, cuya primera aproximación se vislumbra en el proyecto “mil genomas”) nos encontraremos con sorpresas interesantes, como variantes genéticas puntuales, adaptativas a los diferentes ambientes, al analizar los genomas de culturas antiguas, como las indoamericanas. Pero la riqueza nos es únicamente genética. La variabilidad lingüística es enorme. Solo en el tronco lingüístico macrochibcha encontramos una variabilidad formidable de fonemas, expresada en los diferentes dialectos que aun se hablan en Centro y Sur América.

¿Qué hacer para bregar con la cultura de la pobreza? La respuesta inequívoca es mediante la educación. Este es el punto nuclear de nuestro futuro como nación; el factor que nos enrutará hacia un futuro cada vez más promisorio. No es que sea pesimista, pero les indicaré lo que sucederá si nos mostramos apáticos ante una mejora en la educación: Los países más ricos, que cuentan con recursos intelectuales y físicos podrán, en un futuro no muy lejano, realizar lo que se llama “mejoramiento humano”. Es decir, se manipularán variantes genéticas relacionadas con una mejor memoria y capacidad de abstracción, mejores condiciones físicas, mayor longevidad, mejor apariencia física etc. En la actualidad se llevan a cabo debates sobre la conveniencia de utilizar la genética para realizar mejoramiento humano, pero la experiencia nos dice que si esa es la tendencia, no se detendrá por más debates que se realicen. Las características que no puedan ser mejoradas mediante manipulación genética lo serán mediante la tecnología denominada “Interfaz Humano Máquina”, con la que podremos ver seres humanos con capacidades físicas, mentales y sensoriales increíbles. Estas tecnologías serán desarrolladas y aplicadas en aquellos grupos humanos que tengan el conocimiento y los recursos, con lo que es posible que la brecha entre ricos y pobres se vuelva abismal e insalvable. Surgirá entonces una nueva forma de discriminación: la de los humanos mejorados hacia los no mejorados. Es más, ahora esta discriminación estará basada en una superioridad real, y no una superioridad supuesta, como la que hoy incentivan algunos grupos xenofóbicos (es obvio que hay diferencias genéticas entre poblaciones, pero en la actualidad estas diferencias no son de tanto peso como para justificar la conducta xenofóbica).

Este simple hecho, nos manda a que “no nos durmamos”, a que salgamos de nuestro letargo, de ese estado de semiconciencia en el que vivimos los hondureños, distraídos por problemas tan banales como la cuarta urna, o si la selección irá al mundial (aunque se podría plantear un “asidero” para salir de la cultura de la pobreza a partir de nuestro amor al futbol. Luego les diré como). No es que estos asuntos carezcan de importancia, pero no es tanta como para que dediquemos todos nuestro recursos intelectuales y nuestro tiempo en ellos.

Para que se pueda llevar a cabo una genuina mejora en la educación, tanto de niños como de adultos, debemos comprometernos todos y olvidar por un momento nuestros intereses inmediatos. Al final, nuestra conducta repercutirá sobre nuestro bienestar y el de nuestros hijos de maneras inesperadas. Lo anterior no es solamente bíblico (cosechar lo que se siembra) sino que está implícito en la teoría general de sistemas, la que nos dice que los elementos de un sistema son interdependientes. Los llamados a promover un movimiento genuino de mejora en la educación son los intelectuales Hondureños en todos los campos. Aunque representaría una labor titánica, se podrían utilizar las nuevas tecnologías basadas en la red para difundir la información entre los intelectuales, y diseñar conjuntamente estrategias para influir sobre las personas indicadas, diseñar planes de educación compatibles con nuestro medio, idear maneras de integrarnos a grupos internacionales de desarrollo humano en los diferentes campos del saber, etc. etc. La semilla está sembrada. Si usted lee esta entrada, piense en como puede usted contribuir para desarrollarla. La pregunta ya no es si es o no es conveniente, o si es o no es éticamente correcta la manipulación genética para el ser humano. La pregunta es, ¿En qué fracción de humanidad estarán nuestros nietos? ¿En la mejorada o en la rezagada?

La consigna es gigantesca, pero el tiempo apremia. Unámonos en esa dirección.

martes, 9 de junio de 2009


De las técnicas de venta de servicios o, “que me duele la nuca”

Edwin Francisco Herrera Paz
Los nombres de los personajes en esta entrada se cambiaron para proteger a los involucrados. Se utilizó el apellido “Perdomo” porque es uno de los más frecuentes entre los Médicos sampedranos (todos los médicos de apellido Perdomo provienen de una pequeña comunidad en Santa Bárbara y están emparentados entre sí), de tal manera que nadie sabrá de quien se trata. Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia. Es decir, todo lo que les voy a contar es mentira, por si acaso alguien por allí me quiera demandar.

Hace unos días llegué a mi clínica y encontré a José (superintendente, recepcionista, mayordomo y contador) platicando con el Dr. Perdomo en una reunión, al parecer, de emergencia. Cuando les pregunté de qué se trataba, el Dr. Perdomo, con cara de preocupación me planteó que la situación andaba muy mal, que debido a la recesión agravada por el desempleo ocasionado por el aumento del mínimo, los pacientes ya no se quieren hospitalizar. Y esto sin mencionar el terremoto, la cuarta urna, el reciente aumento a los precios de los carburantes, la manera como se intenta convencer a las masas de que si votan por la cuarta se repartirán Honduras, con la previsible revuelta popular, etc., etc., etc., Me dijo que él, con la ayuda de José y en un momento de inspiración ya había encontrado la solución.

Verá, -me dijo- “mientras yo espero al paciente en el consultorio con una sonrisa (aunque me cueste), Tere, doña Abe o la enfermera que esté de turno, esperará detrás de la puerta con un garrote o leño diseñado para el fin que compete, aunque un bate estaría bien. Al entrar el paciente, Tere le asestaría un certero y fuerte golpe en la nuca que lo dejaría inconciente, y de ese modo se tendría que ingresar por lipotimia (desmayo). La idea es simplemente brillante, ¿No es cierto?”

Ante tal planteamiento me preocupó un poco la tergiversación de conceptos y el error en la transmisión de información que pueden llevar al desastre. Le expliqué al Dr. Perdomo, con sumo tacto, que no me parecía del todo la idea de “darle en la nuca” al paciente, y procedí a explicar los motivos. En primer lugar, siempre es posible que el garrote se desvíe, por error humano, unos cuantos milímetros y en lugar de impactar en la nuca impacte en la cabeza, ocasionando un traumatismo encefalocraneano de consecuencias desastrosas. En segundo lugar, es muy difícil mantener la mentira sin ser descubierta por mucho tiempo. ¿Cómo se puede explicar tantos ingresos por desmayo? A menos que nos inventáramos alguna epidemia de desmayos, y digamos entonces que dicha epidemia pone en peligro inminente la vida, sería muy difícil ofrecer una explicación creíble. Además, siempre es posible que alguien vea a Tere propinándole el golpe al paciente, y en ese caso podría terminar en la prisión para mujeres de Támara.

A pesar de mis explicaciones no sentí que el Dr. Perdomo estuviera muy convencido. Me dijo que todo el mundo sabe que es una práctica frecuente de muchos médicos, y de profesionales de otros gremios, como los mecánicos y los abogados, “darle en la nuca” al cliente. Yo, siempre con mucho tacto para evitar herir susceptibilidades, le dije que el término es simplemente alegórico y no literal. Que en lenguaje coloquial catracho (hondureño) significa sacarle el máximo provecho a un paciente o cliente, como por ejemplo sugiriéndole una cirugía de extirpación renal al cliente que llega buscando consulta por una simple infección urinaria. El cliente, que teme por su vida, se opera y todos quedan contentos: el paciente salvó su vida; el cirujano pagó la cuota del préstamo para su casa en alguna lujosa colonia; la clínica podrá pagar los onerosos recibos de energía eléctrica; y el Gobierno, con el dinero del pago del recibo de energía superinflado podrá continuar con sus descarados despilfarros (y a todo esto: ¿Dónde está el riñón extirpado, que aparte de estar separado de su amado cuerpo, es totalmente funcional?). Otro ejemplo es el del técnico en enfriamiento automotriz, que le dice al cliente que debe cambiar el evaporador, el compresor, el condensador y otros “ores”, que al final no le cambia nada al carro y vende las piezas nuevas.

De las formas que tienen los abogados de “dar en la nuca” no tengo nada que decir, ya que son tantas, y tan crípticas y enredadas en términos jurídicos que nadie las entiende. La técnica que utiliza el constructor de la casa en la lujosa colonia es interesante. Hace un presupuesto, pero debido a gastos inesperados le quedó corto recién iniciadas las labores de construcción. Al final de la construcción el cliente paga hasta 3 y 4 veces lo estipulado inicialmente, lo que hace que el cliente, a su vez, busque darle en la nuca a sus clientes, y así ad infinitum.

En fin, la filosofía de dar en la nuca se basa en que, “bueno, ya que llegó un cliente, hay que sacarle el jugo. Tal vez no nos llegue otro”. Además, hay que pagar los costos, como gastos de operaciones, gastos fijos etc. Esto, aunque parezca mentira, mantiene rodando la rueda de la economía de consumo sobre el camino, que más que camino es falacia: el valor futuro del dinero, o los intereses mejor dicho, que garantizan una vida de lujo para el prestamista y para muchas generaciones de sus descendientes. Bueno, inestabilidades de los sistemas complejos. Debemos encontrar mejores soluciones a ese conjunto de ecuaciones diferenciales.

Finalmente, le expliqué al doctor que si no fuera porque darle en la nuca al paciente es anti ético, aunque la Ley no lo prohíba tácita sino implícitamente, la solución sería la ideal, pero que más nos vale que vayamos buscando otras maneras de mercadear nuestros servicios.

jueves, 4 de junio de 2009


Los del cielo y los del suelo o, nómbreme usted un terremoto


¿No que todos nos merecemos un nombre?

Recientemente, mi amigo y hermano en Cristo, Márvin, me hizo una pregunta que sacudió los cimientos en los que está construida mi percepción de las cosas en su más profundo significado. La pregunta de mi hermano Márvin fue la siguiente: ¿Por qué los huracanes tienen nombre y los terremotos no?
Pocas veces me he quedado callado ante una pregunta de tal naturaleza, pero debo confesar que esta vez no solo quedé mudo, sino perplejo, boquiabierto, anonadado, embobado, atontado y estupefacto. No frecuentemente manifiesta un ser humano a lo largo de su vida terrenal, un destello de genialidad de tal magnitud en su esencia más pura, que a mi parecer merece ser llamado “momento de inspiración sublime”, como el de Márvin ese día. Desde entonces he invertido horas reflexionando en esa pregunta, y pienso que ya tengo la respuesta, que expondré a continuación.
La personalidad de los climatólogos es usualmente extrovertida y alegre, dados a las fiestas, a la actividad farandulera y al espectáculo. Quizá por eso estudiaron meteorología: desde niños “pasaban en las nubes”. Esto ha hecho que se hayan inventado toda una nomenclatura para las actividades o fenómenos atmosféricos (o meteoros) llamados huracanes, de manera que estos no pasen desapercibidos en los libros de historia. Los geólogos, en cambio, son introvertidos y pasan gran parte de su vida en los más diversos y variados tipos de huecos, agujeros y hoyos, como cavernas, cuevas, volcanes etc., con poco contacto social.
Por otro lado, los climatólogos están convencidos de que su actividad los coloca más cerca de Dios, por pertenecer sus estudios a las alturas. Mientras, los geólogos trabajan cerca del inframundo, que se ha relacionado con todo tipo de criaturas malévolas, mezquinas, castigadoras y de aspecto grotesco, con pesuñas, dientes afilados, y cuernos ( estos últimos también los lucen algunos humanos varones).
Si usted no me cree, piénselo: ¿Qué noticiero serio que se jacte de serlo no tiene un climatólogo entre sus filas pronosticando el clima (aunque no peguen mucho)? Además, el climatólogo del noticiero es generalmente el de mejor look del programa, especialmente si el ejemplar es del sexo femenino, lo que hace que la sección sea interesante aunque no peguen una. Ahora, a ver, ¿Cuántos geólogos salen en los noticieros, anunciando, por ejemplo, el nivel freático para hoy? Adivinó: ninguno. Los climatólogos se hacen notar, por eso le ponen nombre a sus huracanes.
Yo digo: ¡Geólogos del mundo, uníos, haceros notar y ponedle nombre a vuestros terremotos! (siempre quise usar acento ibérico). Para comenzar, sugiero que al reciente terremoto de Honduras se le ponga el nombre de “Terremoto Márvin”, en honor a mi amigo por su genial idea.

miércoles, 3 de junio de 2009


Mi estilo DivDis

La Doctora Valladares dice que mi estilo es similar al de Gabriel García Márquez, pero no es así. ¿Se han fijado como el muy querido Gabo narra dos o más historias en una? Esto se basa en intercalar un párrafo de una historia, con un párrafo de la otra, una de la una, otra de la otra, una de la una y así hasta el fin, en el que ambas historias convergen. Mi estilo más bien es el llamado “divagacionista disvariacionista (o estilo DivDis), que se basa en divagaciones disvariantes continuas en el curso de la narración, o hablando más técnicamente, escribo la primera tontería que se me viene a la mente. Es como un árbol: la narración es el tronco, las divagaciones son las ramas y los desvaríos, las hojas. Yo más bien pienso que mi escritura es como una mezcla equilibrada entre Ernesto Samper Pizano, Karl Sagan, Isaac Asimov y Max Lucado, todo en uno.

Les cuento que aquí en Honduras el Gobierno no me quiere apoyar con mis investigaciones, a pesar de que estas están destinadas a mejorar las condiciones de salud de la población Garífuna. Les apuesto que si fuera futbolista sí me apoyarían. Por eso estoy jugando los domingos. “Nunca se sabe”, como dice un famoso ex entrenador de la selección hondureña de futbol, cuya combinación de apellidos sería perfecta si no fuera porque se los pusieron al revés (me refiero por supuesto a don José de la Paz Herrera).

Por fin preguntaron por mí en el gimnasio (como si mi ausencia no se notara). Mi esposa le dijo a doña Vilma que me habían operado de apendicitis. Doña Vilma le dijo que “!como no le iba a dar apéndice, si con ese peso que levanta… parece animal. Es un bruto. Eso es lo que es!!!” Mi esposa, que es médico (o ¿médica?) le explicó que no era hernia, que su semental no podía tener eso porque su fascia abdominal es más fuerte que el acero, pero más elástica, como la de Batman o la de Superman pero en la realidad, y que eso se debe a una genética privilegiada (algo así le tuvo que haber dicho, yo la conozco). Ante tal explicación doña Vilma no se sintió satisfecha e insistió en que ella sabía que algún día yo resultaría con apéndice. No se diga más.

Hoy no me siento muy bien, ya saben, anímicamente, ya que no les he podido contribuir con algo constructivo, pero es que:
De tanto descansar
Ya no quiero ni pensar,
Y de tanto divague y desvarío
Yo me río
De tanto que me río solo, en mi casa me creen loco, o tocado, mejor dicho,
O que me ha picado algún bicho
Que la anestesia,
Me cambió algo en la cabecia (cabeza no rima)
Y con esta me despido
Y termino mi corrido.
P.D. Ni se les ocurra comentar esta entrada.

martes, 2 de junio de 2009


El Apelativo Prohibido

¿En que se parecen un comunista, un narcotraficante, un terrorista islámico y la cuarta urna?

Los distinguidos miembros de mi fans club (alguno debe haber. ¡AJa!, lo agarré) se preguntarán donde he estado. Bueno, a veces durmiendo, a veces en la calle. Trabajo light, pero he quedado algo atolondrado después de la cirugía por lo que no me he inspirado, se me han ido las musas, usted entiende. Mi herida quirúrgica, bien: solo me duele al toser, estornudar o reír, razón por la cual me he transformado en una persona seria en extremo. Luego les explico mi teoría sobre las Leyes Generales que rigen a los sistemas complejos. Me estoy acostumbrando a la buena vida. Ya ni siquiera quiero pensar. Solo quiero preguntarles una cosa que me ha estado intrigando últimamente. Si alguien sabe la respuesta, por favor me la hace saber.

¿Se han fijado que los Estados Unidos siempre están peleando por alguna causa? Fíjense (o fíjesen, en Colombia) bien: cuando yo era pequeñito (no hace mucho. Bueno, en tiempo cósmico) el tema era la guerra fría. La noticias internacionales no dejaban de incluir algún chisme sobre las rencillas entre el Presidente de turno de los Estados Unidos y el Primer Ministro de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (¿O era Soviéticas Socialistas? No recuerdo. Quien recuerde ese dato merece ser considerado un digno ejemplar del siglo pasado), o URSS.

Al terminar la guerra fría, la lucha se desplazó contra el narcotráfico. Así como antes decir “comunista” se consideraba la más grande ofensa del mundo, algo que había que esconder porque al cliente lo podía interceptar un agente de la CIA, después de la guerra fría decir “narcotraficante” era decir proscrito, condenado por la sociedad. Se inició la persecución contra todo lo que oliera, se sintiera, pareciera, se oyera, o supiera a narcotraficante, especialmente colombiano. Ya decir “comunista” era como decir “el muchacho de la esquina”, alguien sin ninguna importancia aparte de la de existir (incluido Fidel). Pero decir Narco…. Esas sí eran palabras mayores. La publicidad negativa y el hecho de relacionarse a Colombia con el narcotráfico hizo que más de un colombiano decente pasara humillaciones en algún aeropuerto del mundo, en donde se le exploraban las vergüenzas más recónditas en búsqueda de vestigios del polvo blanco.

Eso cambió después del 911 (léase nain uan uan, para más caché). A partir de entonces el apelativo prohibido se transformó en: “El Terrorista Islámico”. Después de eso los Narcos pudieron estar relajados. Es mas, ahora esta profesión se ha vuelto tan popular que las canciones de moda en muchos sitios son los “Narcocorridos”. La atención se a puesto tanto en el terrorismo internacional, y se ha ligado tanto el terrorismo con el Islam, que muchos árabes hondureños venidos hace tiempo de las lejanas tierras de oriente medio (y quienes en su mayoría son cristianos) han refinado su acento castellano. Por ejemplo, algunos antes del 911 decían “club Arrabe, Jabibi”, con un claro acento mesopotámico. Ahora, dicen club árabe con acento perfecto, y omiten el jabibi (por si acaso alguna interceptación telefónica). Creo que este fenómeno se extiende al mundo entero, por lo que las lenguas arábigas, poéticas por excelencia, están sufriendo un duro revés (vean como antes la gente quería aprender árabe. Ahora, chino mandarín). Hoy en día, los que son explorados en sus más intrincados recovecos anatómicos en busca de algun arma biológica o química, son los sospechosos de ser terroristas islámicos.

Como yo se de la complejidad de los sistemas complejos, y la sociedad cae dentro de esta categoría, me intriga de verdad la causa para esta eterna persecución a algún tipo de organización, agrupación o gremio por parte de los Estados Unidos. Lo extraño es que siempre es una sola organización. Todos los recursos se destinan a eso. Es probable que de lo complejo que es el sistema norteamericano, yo solo aprecie solo una pequeña parte de la realidad. Si alguien tiene la respuesta a este dilema, ¿me la podría decir, por favor? Estaré pendiente de las respuestas. Mientras tanto, estoy ansioso por saber cual será el nuevo (redoble de tambores): “Apelativo Prohibido”. ¿Será “Chavista”? O quizá, ¿”Melista”? Espero que no, porque entonces los revisados en los aeropuertos en búsqueda de “la cuarta de Mel” en los lugares anatómicos más escondidos, seremos los hondureños. Tenga buen día.
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